Historia de la Iglesia Mormona en La Plata - Homenaje a Roy Mazzuchi (1931-2002)
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HOMENAJE A ROY MAZZUCHI (1931-2002)

Roy, Florencia, Daniel y Alicia Mazzuchi
El 27 de junio falleció nuestro amigo Roy Mazzuchi. Será recordado por todos nosotros por su don de gentes, su integridad y su infatigable curiosidad intelectual. Me gustaría invitar a todos los que han tenido el privilegio de asociarse con Roy a que me envíen mensajes breves (o no tan breves), anécdotas que quieran compartir, recuerdos, fotos, etc. Por favor, envíeme estas contribuciones por email y voy a agregarlas a esta página de homenaje.

Hugo N. Olaiz, 27 de junio de 2002

Entrevista con Roy Mazzuchi


RECUERDAN A ROY...
Gloria Casco

Lidia Firpo

Dora Lencina

Hernán Lux-Wurm

Bocha Olaiz

Robert Olaiz

Jorge Párraga

Ignacio César Olmos


Pic-nic del 6 de enero en Punta Lara, aproximadamente 1945. Roy aparece arrodillado a la izquierda.
Gloria Casco:

Conozco a Roy desde siempre, porque era un poco más grande que yo, y en la Iglesia él era sinónimo de Genealogía. Roy bromeaba siempre al respecto. Cuando lo veíamos pararse en el púlpito, él invariablemente preguntaba --¿Adivinen de qué voy a hablar?--. Siempre tenía una broma y algunas de sus frases (no por serias) serán históricas.

Este sentido de la informalidad creo que fue en parte uno de los secretos que hicieron que tuviera amigos de diferentes características religiosas, intelectuales y sociales. Cuando en alguna reunión me preguntaban por él, difícilmente preguntaban por “el Sr. Mazzuchi”, sino que sólo decían, “¿Cómo está Roy?” Cuando notifiqué a alguno de ellos sobre el fallecimiento de Roy, ellos me decían que habían gozado de su amistad desde hace más de 40 años. Roy tenía colegas de carácter poco fácil, y sin embargo ellos sabían que en Roy había más que un colega leal: Había un amigo, que a veces no compartía sus apreciaciones en algunos temas, pero que era profundamente respetuoso del trabajo de los demás, sin importar cuán extenso fuera.

Roy era un Maestro. Quería que todos gozaran del conocimiento tanto secular como religioso. Compartía lo que tenía, y aún ha escrito a grandes genealogistas que conocía para pedir información para mí. Me ha presentado a sus colegas sin importarle que yo estaba intentando dar los primeros pasos en ese círculo tan particular de personas que andan “buscando sus raíces.” Pude ser testigo de los comentarios irónicos (¡siempre sus bromas!) sobre los que se tenían por “rancia prosapia”. A pesar de ser hijo de inmigrantes del siglo XIX, Roy conocía mucho de la genealogía (especialmente Rioplatense) y varios asuntillos familiares a los que los patricios son poco afectos.

Su mensaje era siempre el mismo “Si yo llegué hasta aquí, tu también puedes.”

Carnavalito, Buenos Aires, aprox. 1953. Roy es el primero desde la derecha, con poncho oscuro.
Tenía mucha fe, pero comprendía claramente que los milagros --en el caso de la Historia Familiar, especialmente-- los generamos nosotros luego de mucho trabajo de investigación. Contaba los milagros que había visto, pero luego de haber hecho su mayor esfuerzo, y esa es otra de sus enseñanzas: trabajar y tener constancia en ello. Cuando empezaron a producirse esos milagros en mi propia investigación, supe lo que quería enseñarnos.

Al comenzar el Centro de Historia Familiar de La Plata, se acercaron muchas personas que ahora son nuestros amigos. Con tanta gente interesada en la Genealogía se fundó el Instituto Genealógico de la Provincia de Buenos Aires, y nuevamente tuvimos la oportunidad de nuevas experiencias, especialmente al organizar Jornadas de Genealogía aquí en La Plata. Hicimos trabajos de investigación para presentar en las mismas y pudimos comprobar por nosotros mismos lo enriquecedor que es presentar trabajos públicamente y recibir elogios o críticas que siempre hacen crecer. Lo importante que es demostrar con los hechos (con los trabajos) que realmente estamos interesados en la investigación y en compartirla. En consecuencia, otros compartirán sus trabajos con nosotros.

Recuerdo sus palabras casi textuales: “No es lo mismo hablar con una persona y decirle: ‘Me dijeron que en un trabajo suyo...’ que decirle: ‘Cuando lo escuché presentar su trabajo...’ Esa persona verá que realmente estás interesado y compartirá sus investigaciones”.

Y así fue. Roy me animó a trabajar para publicar mi primer trabajo. Conjuntamente con otra novel en esas lides (Lele Firpo), publicamos las transcripciones del Primer Libro de Matrimonios de Ranchos (Gral. Paz, Buenos Aires). Ese primer trabajo me enseñó a ser humilde. El sistema de trabajo consistía en que cada uno leía la transcripción del anterior, hacía las correcciones que creía convenientes, y transcribía nuevas actas que eran corregidas por el siguiente. Roy sabía que no somos infalibles: Lo que importa es la verdad--no quién la tiene. Cuando publicamos el trabajo, se comunicó conmigo gente desconocida que leyó el trabajo y quería saber más. ¡Roy Tenía razón!

A la derecha de esta foto aparecen George Taylor y la esposa, abuelos maternos de Roy.
Con Roy estábamos preparando las Terceras Jornadas Platenses de Genealogía para noviembre del 2003. Teníamos el proyecto de transcribir las actas de la Parroquia de Rauch (que no están microfilmadas), y yo iba a hacer el trabajo de campo y pasarlas a máquina. Roy no estaba bien de salud, pero seguía proyectando.

Sabemos que cuando nos proponemos hacer algo que es justo , el Señor nos da los medios para lograrlo y nos manda personas que actúan como verdaderos Ángeles de la Guarda para ayudarnos a cumplir nuestros propósitos.

Sé que la investigación genealógica, como paso previo a la obra vicaria, es fundamental y debemos hacerla con responsabilidad para presentar “libros dignos de toda aceptación”. Así lo entendió Roy desde su juventud, y fue el mensaje que trasmitió toda su vida. Quienes compartimos con el tantos momentos sabemos las puertas que abrió y que ahora debemos mantener abiertas.

El mejor homenaje que podemos hacer a personas como Roy Mazzuchi es hacer que sigan adelante sus proyectos y el sabía que esto era siempre posible con fe, pero especialmente con trabajo.

Agradezco al Padre Celestial por haber podido compartir tan hermosos momentos con el como el nacimiento de Danielito y la amistad de su esposa Alicia.

Gloria Corte Casco


Lidia Firpo:

Tuve el privilegio de conocer a un noble amigo. Sabio, respetuoso y humilde. Sé que apenas defino lo que Roy era como persona.

Siempre lo consideré con verdadero respeto y con un sincero cariño. No comparto la fe de sus más allegados amigos, de modo que sólo puedo conservar su recuerdo en mi mente, pero sé que perdurará.

Lidia Firpo


Cumpleaños de Dora Lencina, noviembre de 1947. Roy es el primero desde la izquierda, en la primera fila.
Dora Lencina:

Con Roy pertenecemos a una misma generación. Nos conocimos siendo chicos, yendo a la Primaria en la capilla de 67 y 22 junto con los Salvioli, Pache, Gaite y otros chicos que no llegaron a bautizarse.

Fuimos más amigos en la adolescencia integrando el grupo o "la barrita" con los Salvioli (Rolf y Hugo), Mónica y Mey Bonicatto, Delia Gaite, María Esther (Negrita) y Elsa (Ñata) Pache, Juancito Cantoni y otros jóvenes que sólo llegaron a ser amigos y que no se bautizaron en la Iglesia, participando todos de las actividades en la capilla de 63 entre 18 y 19. Allí pasamos gran parte de la adolescencia. Compartimos una linda e ingenua amistad, llegando hasta a escribirnos por correo viviendo a escasas tres cuadras de distancia y compartiendo las actividades de la Capilla, especialmente la Mutual que era la organización que agrupaba a los jóvenes “desde los 18 hasta los 99 años”, según se señalaba y era el slogan de aquélla época.

En nuestras misivas nos contábamos los “chimentos” del momento, por ejemplo cuando Mónica y Hugo Salvioli se pusieron de novio y otras noticias propias del momento y de la edad.

Roy pertenecía al grupo más intelectual porque era más estudioso, con unos padres exigentes en ese aspecto. Sin embargo se daba tiempo para frecuentar la “barrita” y participar de todas las actividades programadas por las organizaciones o planificadas por el grupo que formábamos los jóvenes amigos. Por aquélla época comenzó a salir con Alicia Hutchins, poniéndose de novios y luego llegándose a casar y formar una familia con esa excelente joven.

Intelectual, no se estancó en lo que ya sabía, sino que buscó otros campos para explayarse y llegó a ser una personalidad destacada especialmente en el orden genealógico.

Roy, gran amigo de siempre, afortunadamente conservamos una gran amistad a través de los años. Los que lo conocimos bien llegamos a disfrutar de su buena disposición y excelente humor en todo tiempo.

Dora Lencina. La Plata, junio de 2002


Hernán Carlos Lux-Wurm:

Conocí a mi antiguo amigo D. Roy Mazzuchi en 1961, en la primera reunión de genealogía argentina y americana celebrada en el ciudad de San Juan. Yo tenía escasos veinte años (!) y Roy era un joven recién casado con Alicia, los que concurrieron a dicha reunión, la primera de ese tipo que se desarrollaba en nuestra Patria, interesados en difundir la tarea de microfilmar los archivos argentinos de interés genealógico que realizaba la Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días.

Como es bien sabido Mazzuchi tuvo grandes desinteligencias en dicha reunión, al exponer la misión de microfilmación aludida; muchos concurrentes no comprendían entonces la magnífica tarea emprendida ni su evidente provecho para toda investigación genealógica.

Fue entonces que un grupo disidente de genealogistas católicos argentinos, apoyados por nuestro inolvidable amigo Monseñor Ernesto Segura, obispo “in pártibus” de Carpi y Auxiliar de Buenos Aires, decidió colaborar activamente con la tarea de microfilmación ayudando en la prosecución de dicha fundamental labor, tomando a su cargo establecer las imprescindibles relaciones con los distintos responsables de los repositorios eclesiásticos católicos.

Recuerdo que para debutar con dicha tarea, a mí me tocó en suerte, una fría mañana de junio de 1962, acompañar a los representantes de la Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días (Sr. [Emilio] Vergelli y Srta. Zulei) en la microfilmación de la antigua parroquia porteña de San Nicolás de Bari, que pocos años antes había sido sumamente mutilada durante el miserable ataque de 1955 a las añejas Iglesias Católicas de Buenos Aires. Dicha bárbara “hazaña” hacía particularmente difícil la microfilmación de dicho archivo parroquial, pero fueron terminadas con éxito, dicha inédita tarea y una posterior filmación complementaria.

Roy Mazzuchi
Sentimos entonces con Monseñor Segura y Roy Mazzuchi que la obra emprendida estaba realmente en marcha, y que, gracias a Dios Nuestro Señor, no estábamos equivocados. Desde entonces nuestra amistad con Roy fue muy firme, calurosa y desinteresada.

Con el tiempo, y luego de un notable cambio dentro de la investigación genealógica en la Argentina (en el que todos colaboramos con entusiasmo), ambos ingresamos como miembros de número en el Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas.

Como Roy vivía en la Ciudad de La Plata y yo en San Isidro, nos veíamos muy poco, pero siempre nos comunicábamos por teléfono, profusas cartas que guardo y por fin, por medio de ese medio maravilloso que es Internet. Por fin, nos encontrábamos casi todos los segundos lunes de cada mes en las reuniones de dicho Instituto.

Roy era un amigo encantador, muy atento, solícito y cariñoso; jamás tuvimos el menor roce confesional, aunque a veces insinuábamos con mucha gracia y respeto, nuestras diferencias doctrinales. Guardo como un tesoro, un volumen de los primeros estudios genealógicos de Roy Mazzuchi sobre la familia de su apellido, que desmienten su pretendido afán iconoclasta al incluir allí con detalle las referencias heráldicas de su itálico linaje.

La noticia de su muerte fue una verdadera conmoción entre sus muchos amigos católicos relacionados con la genealogía; era muy querido y valorado por todos, y nos parecía imposible no volver a verlo con su simpatía y generosidad contagiosas.

Dios Nuestro Señor quiera tenerlo en su Gloria. Fue un buen cristiano, un excelente apoyo constante para el desarrollo de la genealogía en la Argentina y un amigo cabal.

Hernán Carlos LUX-WURM
Beccar, Pcia.de Buenos Aires, Julio 3 de 2002.


Conferencia misional sobre el Libro de Mormón, Coliseo Podestá, 16 de diciembre de 1948. Roy es el cuarto contando desde la izquierda.
Bocha Olaiz:

Roy fue muy amigo de mi papá (Máximo Corte). Aunque era mucho más joven que mi padre, siempre iba a mi casa en Los Hornos y tenían con papá largas charlas.

Cuando Roy era misionero se bautizaron en la Iglesia los hermanos Hutchins. En mis cartas le contaba a Roy acerca de Alicia, una chica nueva que había entrado a la Iglesia; que éramos amigas, y le mencionaba las cosas que hacíamos juntas. También a Alicia le hablaba acerca de Roy, el muchacho que estaba en la misión.

Parece que a Roy se le había despertado el interés en conocer a esa chica nueva. Al poco tiempo de regresar de la misión se arreglaron y una vez me dijeron que mis comentarios habían ayudado al acercamiento mutuo. Eso me hizo muy feliz.


Robert Olaiz:

Con Roy nos conocimos cuando con mis padres y hermanos (Héctor y Mariluz) vivíamos en Tandil y Roy era el élder Mazzuchi. Nos reencontramos cuando volvimos a vivir en La Plata. Compartimos muchas experiencias juntos. Trabajamos en la Misión Buenos Aires Sur y en el Sumo Consejo de la Estaca La Plata. Viajamos varias veces como oficiales de la Misión.

Siempre recuerdo cuando fuimos en avión a una Conferencia de Distrito en Bariloche con el Presidente Juan Carlos Ávila y el hermano Jorge Catrón. Juan Carlos y yo nos alojábamos en una habitación de hotel y Roy y Jorge en otra. Ya estábamos en pijama para acostarnos, cuando Roy vino a nuestra pieza a conversar. Cuando volvió a su habitación casi de inmediato se apareció en la nuestra Jorge Catrón. Nos dijo (muerto de risa) que venía a ver a la "pantera rosa". Es que yo tenía un pijama con pintitas rosas que Bocha me había hecho con unos retazos de tela.

Roy Mazzuchi
Roy tenía una moto y yo una motoneta. Con Roy y Alicia, Bocha y yo hicimos varios paseos en moto. Una vez fuimos a Magdalena y buscamos un lugar apartado para hacer pic-nic. Como veíamos pasar muchos coche y detenerse cerca, nos corrimos un poco para ver adonde iban. ¡Estábamos a escasos metros de la entrada al cementerio de Magdalena! No cabe duda que a Roy siempre le atrajeron los muertos. Bocha también es muy afecta a visitar los camposantos.

En otra ocasión fuimos en moto a Buenos Aires. A poco de cruzar el Riachuelo (no recuerdo por qué puente) entramos a un camino y el sol se oscureció de repente. Eran nubes, pero no de las comunes, eran nubes de millones de moscas que chocaban contra nosotros y nos rodeaban por todas partes. De más está decir que aceleramos y cruzamos lo más pronto que pudimos el basural que había en Buenos Aires antes que se creara el cinturón ecológico.

En mi último viaje a La Plata, le pedí a Roy si con algún hermano de su estaca podía hacerle llegar una carta al Hno. Édgar Reátegui. Poco después Roy me mandó un e-mail diciéndome que había ido personalmente a la Rama La Plata 3 a dejar la carta para Édgar. De todos los servicios que me brindó Roy éste, el último, es el valoro mucho más, porque ahora me doy cuenta lo que le habrá costado hacerlo, estando tan enfermo, como me enteré después que lo estaba.

Roy nos ayudó mucho en el Instituto de Religión La Plata como instructor. Los cursos que él daba tenían que ver con la genealogía y la obra vicaria, en lo cual fue un experto y entusiasta maestro y promotor.

Anduvimos juntos muchas veces, en bicicleta, en moto, en coche, en avión. Tuvimos largas y productivas charlas. Nos visitamos en nuestros hogares. Estuvimos juntos en las mismas reuniones y clases, en paseos y actividades de la Iglesia.

Estoy seguro que al trasponer el velo Roy ha sido recibido por muchos miles de sus familiares por quiénes tanto hizo. Buscó sus nombres por todas partes, escribiendo miles de cartas a todo el mundo y viajando a muchas ciudades de la Argentina. Hizo por ellos la obra vicaria, enviando sus nombres a la Sociedad Genealógica de Salt Lake City cuando no teníamos un Templo cerca, o personalmente cuando se edificó el de Buenos Aires. Roy siempre fue para mí sinónimo de Genealogía.

Acá lloramos la ausencia de un amigo. Allá disfrutará de la afectuosa y agradecida asociación con quienes por tantos años sólo conoció por sus nombres y compartirá con ellos de la paz que reina entre los justos.


Jorge Párraga:

Desde que se formó la estaca de La Plata-Villa Elvira Roy ha trabajado en forma constante en el fortalecimiento de la obra. Durante estos cinco años trabajó como miembro del Sumo Consejo de la Estaca y como consejero en el Obispado del Barrio de Los Hornos, del Obispo Jorge Mordasini, y en el último año como Consejero del Obispo Miguel Ángel Giménez.

El Obispo Giménez, quien tiene pocos años de miembro de la iglesia, ha disfrutado mucho de su consejo, su ayuda, su amistad y de hacer la orientación familiar juntos.

En dos ocasiones dio conferencias especiales sobre las evidencias arqueológicas del Libro de Mormón.

Todos los hermanos de la Estaca lo aprecian mucho. Se ha hecho querer tanto por los hermanos viejos como por los miembros nuevos.

Roy tenía este don: cualquiera se sentía cómodo estando con él. Nadie se sentía menoscabado por su sabiduría.

Quien más, quien menos, todos recuerdan haber compartido con él alguna historia personal sobre la genealogía. No hacía distinciones de ningún tipo. Y era un caballero.

Siempre podíamos contar con él. Siempre respetaba las decisiones, consejos ó asignaciones de sus líderes, aunque se trataba de hermanos que nos manifestábamos con menos años y experiencia que él. No le gustaban la cháchara, la palabrería, los títulos ni los reconocimientos. Le gustaba el hacer más que el hablar.

De no haber mediado su afección inesperada, este domingo 30 de Junio lo hubiera encontrado discursando en la pequeña rama de La Plata 3 en la Reunión Sacramental de Historia Familiar. Ese era su compromiso permanente de todos los quintos domingos, a pesar de ya no trabajar en el Sumo Consejo.

Cosas que Roy decía:

"La más leve tinta es la mejor memoria"
"Todos somos primos".

Te saludaba diciendo:

"¡Hermano, sindudamente, es una hemorragia de placer saludarlo!"

ó decía...

"Es un placer el que has tenido de saludarme"

a lo que uno solía contestar...

"al contrario, el placer fué tuyo".

Mis pequeños granos de arena.
1 Julio 2002
Jorge Párraga


Ignacio César Olmos

Conocí a Roy Mazzuchi y lamento muchísimo su desaparición. Nos veíamos siempre en los congresos de genealogía en Córdoba y en Buenos Aires. Desde aquí envío mis condolencias, aunque tarde, pero lo recuerdo con mucho cariño. Veo que en la página está saludándolo Hernán Lux, a quien hace rato que no veo. Realmente fue muy grato tener amigos como Roy. Soy genealogista de número del Centro de Estudios Genealógicos de Córdoba, y miembro correspondiente por Córdoba del Instituto de Buenos Aires.

Un saludo afectuoso a la familia,

Ignacio César Olmos
La Falda, Córdoba