Historia de la Iglesia Mormona en La Plata - Roy Mazzuchi
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ROY MAZZUCHI

Homenaje a Roy Mazzuchi (1931-2002)

Fotos de la Familia Mazzuchi

Roy Mazzuchi Entrevista realizada por Hugo Olaiz el 15 de diciembre de 1993 en Los Hornos. Revisada por el autor.


Casa de calle 62
Casa de calle 62 entre 13 y 14
La primera reunión

La Iglesia se estableció en La Plata entre octubre y noviembre de 1937. En la calle 62, Nº 938/940 (entre 13 y 14), se hizo la primera reunión, compuesta por seis personas: cuatro misioneros, el Presidente de la Misión [W. Ernest Young] y un joven. Ese joven era Rodolfo Saltalamacchia, que vio un cartel que decía: "Conozca el origen del indio americano." Al ver el cartel, Rodolfo se entusiasmó y entró. El 25 de mayo de 1938 Rodolfo se bautizó y se convirtió en el primer miembro de la Iglesia en La Plata. En ese entonces nos bautizábamos en Boca Cerrada, al final del camino a Punta Lara, donde termina el Partido de La Plata y empieza el Partido de Berazategui. Nos bautizábamos en el río, y después de cada bautismo se hacía una fiesta con chocolate, masas, tortas y demás, porque un bautismo era un acontecimiento fuera de todo lo común.


Casa de 67 y 22
Casa de 67 y 22
La casa de 67 y 22

Alrededor de 1939 la Iglesia se mudó a la calle 67 y 22. Esa casa todavía está. Queda en la esquina de la manzana de 66, 67, 21 y 22. Es una casa pintada de amarillo. Enfrente vivían los Salvioli, que tenían un almacén. A una media cuadra vivían los Pache. A una cuadra y media (sobre calle 67) vivían mis abuelos, y a dos cuadras y media vivíamos nosotros. Y los Lencina vivían en 18, entre 65 y 66, de la mano de los números impares.


Casa de calle 18
Casa de calle 18 entre 63 y 64
La casa de calle 18

Después de estar ahí, la Iglesia se mudó a la calle 18 entre 63 y 64, en la vereda de los números impares. Después esa casa fue alquilada por la Cooperativa Tacuarí, que no sé si existe todavía; pero la casa existe, aunque cambió el frente: antes era de ladrillo sin revoque y ahora está revocada. Queda a mitad de la cuadra.


Casa de calle 63
Casa de calle 63 entre 18 y 19
La casa de calle 63

Luego fuimos a la calle 63, entre 18 y 19, que era donde estaba Pássaro con su lechería. Adelante teníamos la capilla. Eso duró hasta aproximadamente 1951, porque en esa época nos mudamos a un edificio en la calle 53 entre 10 y 11. En octubre de 1951 se compró la casa de 53, que era el Conservatorio Verdi. Antes de ser un conservatorio de música, la casa había sido una mansión de los vice-gobernadores. Era una casa señorial impresionante, con escalera de mármol. Y años más tarde, mientras se estaba construyendo la capilla, se alquiló una casa en la calle 15 entre 45 y 46, casi esquina 46, en la vereda de los números pares.


Casa de La Loma
Casa de La Loma
La Rama de La Loma

Alrededor de 1948 se inauguró la Rama de La Loma, que estaba en la calle 41, entre 17 y 18, en la vereda de los números pares, casi esquina 17. Nosotros hacíamos la reunión en 63 temprano, y después nos íbamos caminando en barra (Bocha, Dora, Raquel, Mónica, Mey, etc.) hasta 41. Hacíamos esas 22 cuadras para estar en las reuniones de La Loma. Y después nos veníamos caminando otra vez. De manera que cumplíamos con dos asignaciones.


Casa de Tolosa
Casa de Tolosa
La Rama de Tolosa

También tuvimos una rama en Tolosa. La Rama de Tolosa se abrió en el año 1963 y quedaba en la calle 32, entre 2 y 3. La casa está, de afuera, tal como estaba en esa época. Es decir que las casas, menos el Conservatorio Verdi, se conservan en este momento tal como eran. Lo único que la de 18 cambió, porque revocaron la fachada. De las casas, menos dos están todas iguales. Y la casa de la Rama de La Loma todavía existe tal cual. Al frente da un negocio, con las vidrieras, donde era el salón de reuniones, y la Rama ocupaba toda la planta baja.


La Rama de Los Hornos

La Rama de La Loma duró aproximadamente tres o cuatro años. La Rama de Tolosa, dos o tres años. Y el 23 de marzo de 1973 se abrió la Rama de Los Hornos, de manera que en Los Hornos ya tenemos 20 años. Se compró una casa y luego la voltearon para hacer la capilla actual.


La conversión de mi familia

Yo nací en 1931 y empecé a ir a la Iglesia en 1938, cuando los misioneros recién llegaban a 67 y 22. Alquilaron el local muy cerca de la casa de mis abuelos, que eran ingleses, y a una cuadra y media vivíamos nosotros. Mi mamá era inglesa también, había nacido en 1900 y venido a Argentina en 1908.

En ese tiempo estaba los Élderes Nelson, McBride, Reed, Radcliff, Thomas, etc. Más que obra misional, ellos estaban tratando de hacer lo que hoy llamaríamos relaciones públicas. Al agarrar a unos ingleses tan cerquita, estaban todo el día en casa. Los misioneros iban por lo menos dos o tres veces por semana, o más. En casa había un piano, y casi todos sabían tocarlo. De manera que se ponían a tocar el piano, charlaban en inglés, etc. Fueron haciendo sociabilidad e, indirectamente, nos fueron predicando el evangelio.


"Mí no entender castellano"

Los misioneros le enseñaban el evangelio a mis abuelos en inglés. Pero ellos hablaban inglés americano, mientras que mis abuelos eran británicos. Una vez vinieron, y durante la charla le hicieron una pregunta en inglés a mi abuela. Mi abuela los miró extrañada y les dijo: "Mí no entender castellano". En el año 1941 se bautizaron mis abuelos y mi mamá, en la vieja capilla de Liniers. Y cuando los Young venían a La Plata, dormían en la casa de mis abuelos.


Los bancos de 62

En la primera casa donde hubo reuniones, en la calle 62, los bancos los habían hecho los misioneros. Eran unas tablas incomodísimas, puestas con el respaldo en 90 grados. Y varios de esos bancos fueron a parar a la casa de calle 67 y 22. Después nos fuimos modernizando, poniendo algo mejor, pero sentarse en aquellos bancos era una prueba de fe y un verdadero sacrificio.


La Primaria de 67 y 22

Primaria de 67 y 22
Primera primaria de la Rama La Plata, año 1937. Casa de 67 y 22. El Elder Morris Nelson aparece aquí con vecinitos del barrio. En cuclillas, a la derecha, aparece Hugo N. Salvioli. Foto tomada por el Elder Richard J. McBride.
En 67 y 22 teníamos la Primaria. Los misioneros habían comprado un par guantes de boxeo. Teníamos la reunión, el canto, etc., y después nos hacían boxear. O si no íbamos a la Plaza Sarmiento (19 y 66) y allí jugábamos a la pelota. En la primera Primaria a la que yo asistí se hizo un molde con el perfil de la cabeza de un caballo. Lo dibujamos y lo recortamos. También habían traído unas cañas, que cortamos por la mitad. Pusimos la cabezas de caballo en las cañas y con eso salimos "al trote por Las Pampas."

En ese barrio había una sarta de atorrantes que también asistían a la Primaria. Eran muy sucios, y llevaban sobrenombres tales como "El Mono". Como en la casa no tenían principios de higiene, los misioneros los agarraban, los metían en el baño y los desmugraban. Si se quedaban sin toallas los secaban con papel de diario, así que a veces salían más sucios de lo que habían entrado.


Algunos de los primeros miembros

Éramos 20 miembros. Había un espíritu de compañerismo que tal vez la burocracia de la Iglesia nos haya hecho perder en cierta medida. Era un grupo muy homogéneo, muy lindo, no había rencillas, envidias ni arrogancia. Se hacían fiestas sociales bastante seguido. Juegos con prendas, actividades, invitaciones, etc. En la primera época, los misioneros lo hacían todo (el primer Presidente local de la Rama de La Plata fue Samuel Borén, en 1943/44). Muchos de los que asistían en aquella época quedaron en el camino y no quisieron saber nada con la Iglesia. Con muchos seguimos siendo amigos. Y muchos ya han fallecido.

La segunda miembro fue la Hermana Aniceta Castro. Después Matilde Gaite, Rolf Salvioli, los Villarruel y los Pache. Alejo Villarruel y la esposa iban a las reuniones, y la mamá de Alejo iba a la Sociedad de Socorro también. Iba Rodríguez, Pilar Villarruel, hermana de Alejo que después se casó con Raimundo Rodríguez. En 1941 se bautizaron mis abuelos y mi mamá. En 1943 se bautizaron Tato, Pancho, Amelia, Raquel, Dora, etc.

La familia Pache estaba compuesta por Negrita (María Ester), Ñata (Elsa) y Ricardo. Este último nunca se bautizó, pero venía asiduamente. También asistían las Primas Salas. Las Primas Salas le alquilaban la casa a mis abuelos, en calle 67 entre 20 y 21, a una cuadra y media del lugar de reuniones. Ellas vivían al lado de la casa de mis abuelos.


La limpieza de la casa

Los misioneros en ese entonces vivían en la casa. Cuando yo fui misionero todavía vivíamos en las casas. Nosotros nos hacíamos la comida, y hacíamos la limpieza también. Y cuando empezó a haber un mayor grupo de sacerdotes, las parejas de maestros orientadores o, como se llamaban en esa época, maestros visitantes, recibían la asignación por mes de limpiar la casa, una pareja cada mes. Cuando recibí el Sacerdocio Aarónico y me llamaron como maestro visitante me tocó limpiar la casa con Oscar Lavista, con Juan Carlos Párraga, con Paco Rodríguez, con Agustín Sosa. Yo era el chiquito, pero trabajábamos como locos.

Entonces los sábados a la tarde íbamos a hacer esa tarea, para que el domingo todo estuviera en condiciones para las reuniones. Íbamos y dejábamos la casa impecable desde la calle hasta el fondo. Limpiábamos los vidrios, los pisos, rasqueteábamos, baldeábamos, enjabonábamos, y encerábamos arrodillados sobre el piso. Una vez por mes le pasábamos viruta al piso para quitar la cera vieja. Y sin embargo no lo veíamos como una carga, sino que estábamos esperando el sábado porque lo hacíamos con gusto. Para nosotros era una diversión.


Las reuniones

El día martes por la tarde se hacía la Primaria, la Sociedad de Socorro y la Mutual. El domingo por la mañana, desde las 8 y media hasta la 9 y media hacíamos el Sacerdocio, y de 10 a 11 y media la Escuela Dominical. A la tarde, de 6 a 7 y media (o de 5 a 6 y media), la Reunión Sacramental. Y una vez por mes teníamos reuniones de oficiales, que se hacía antes de la Reunión Sacramental. Asistían todos los oficiales, es decir, todos los que teníamos cargos. Allí se nos daban directivas y se coordinaban las tareas para todo el mes.

La Sociedad de Socorro se hacía los martes, por la tarde temprano. La Primaria, de 5 a 6. Y la Mutual se hacía por la noche. Paco Rodríguez era uno de los que recitaba bien. Y tenía cuentos muy buenos, sobre todo el de un gangoso. En la Mutual Paco repartía panfletos o invitaciones, y mientras los repartía él contaba el cuento del gangoso. Era muy chistoso.

Recorrido de Nochebuena
Recorrido de Nochebuena, probablemente en 1951. Foto tomada frente a la casa de calle 63. Sentados: Horacio Lencina, misionero, Juancito Cantoni, Hugo Salvioli, Mónica Bonicatto, persona no identificada. Parados: Persona no identificada, Álex Bonicatto, Elena Palmieri, Olga Cemino, Polo de Ángelis, Dora Lencina. Foto gentileza de Juancito Cantoni, identificación por Dora Lencina. Ver el informe del coro de diciembre de 1951.
El coro

Los ensayos de coro se realizaban después de las reuniones del domingo. Lo formábamos unas 15 ó 20 personas. El coro de La Plata era famoso, pero algunos de los que nos escuchaban ni siquiera sabían que éramos de la Iglesia. Todos los 24 de diciembre a la noche conseguíamos un camión, subíamos el armonio, y nos íbamos cantando para visitar a todos los miembros y conocidos. Y toda la gente del barrio salía y nos esperaba con mucho entusiasmo ese 24 a la noche porque sabía que el coro iba a pasar. Entonces cantábamos las canciones de navidad del himnario.

Era un acontecimiento para todo el barrio. Nos esperaban con gaseosas, torta, etc. y nos invitaban, pero nosotros teníamos que seguir. No bajábamos porque si no nos alcanzaba el tiempo. Desde el camión íbamos cantando los himnos clásicos de navidad. Así hacíamos un recorrido por las casas de todos los miembros. Esta actividad se realizó desde la década del '40 hasta aproximadamente 1954. Era una linda experiencia, yo tengo muy lindo recuerdos de eso. Algunas veces nos dirigía Oscar Lavista, otra veces Polo de Ángelis, y otras veces los misioneros, según quién era el director del coro en ese entonces. Al Élder Schofield le decían Tirirí, porque siempre iba tarareando.


La primera Sociedad de Socorro de La Plata, año 1940. Foto tomada en el zaguán de la casa de calle 18 Nº 1529/31 (63 y 64). Paradas: Las dos primas Salas, Amelia Lencina de Corte, Pocha Falchi de Montes y Raquel Lencina. Sentadas: Daisy Taylor de Mazzuchi, Dionisia [Aniceta?] Castro y María Salvioli. Esta primera Sociedad de Socorro de La Plata se organizó el 19 de marzo de 1940. Ver el relato del Elder Clark S. Knowlton.
La Primera Sociedad de Socorro

La segunda miembro que hubo en La Plata fue Aniceta Castro. Cuando yo la conocí ya era una hermana bastante mayor. Vivía en 68 y 15, y todavía la casa de ella está allí. Venía muchas veces con un hijo, de aproximadamente unos 25 años. En la Sociedad de Socorro estaban Aniceta Castro, mi Abuela Taylor, [mi mamá] Daisy Taylor de Mazzuchi, Amelia L. de Corte, María de Salvioli, y las primas Salas. También iban a veces las hermanas y la mamá de [Juan Carlos] Párraga. De manera que eran seis o siete hermanas, que para esa época era un buen número. La primera Presidenta de la Sociedad de Socorro en La Plata fue Aniceta Castro. Las consejeras eran María Salvioli y mi mamá. Al otro año la Presidente fue María de Salvioli y las consejeras fueron mi mamá y Aniceta Castro. Y al otro año mi mamá fue Presidenta. Y después estuvo como diez años de Presidenta de la Sociedad de Socorro.


Loterías y bazares

En es entonces la Sociedad de Socorro se reunía los martes. Después de la lección se ponían a hacer manualidades (tejidos, costuras, etc.) y a fin de años todos esas cosas se vendían en un bazar. También hacían concursos con premios y juegos de azar, una especie de lotería. Por ejemplo, se ponía una cantidad fija de porotos en una botella. Todos apostaban 5 centavos y tenían que adivinar cuántos había. El premio podía ser un pañuelo. Es ese entonces el Presidente de la Misión permitía tales juegos. Así se recaudaban fondos para que el año siguiente, además de prestar los socorros, ropas, etc., a la gente, también tuvieran dinero para poder comprar las cosas que necesitaran en el siguiente bazar de la Sociedad de Socorro. Y al ser mi mamá miembro de la Sociedad de Socorro por tantos años, a mí me toco hacer muchísimas de esas cosas. Me sabía todo el manejo, lo único que me falta era asistir. Yo estaba en todos los preparativos.


La Misión a principios de la década del '50

Cuando yo era misionero en 1950-1951, me tocó trabajar en el Distrito de Tres Arroyos. Estaba compuesto de: Mar del Plata: Una hermana que tenía un bar lácteo y a quien íbamos a visitar. Olavarría: Una hermana enferma. Tandil: 2 hermanos y 2 hermanas. Tres Arroyos: 39 miembros. Bahía Blanca: Unos 90. Coronel Suárez: 8. Ese era el Distrito de Tres Arroyos. De punta a punta eran 1.000 kilómetros. Hoy hay varias estacas y misiones en el mismo territorio. Los misioneros hacíamos base en Tres Arroyos. Con mi compañero íbamos casi todos los domingos a visitar una de esas unidades: Visitábamos las hermanas en Olavarría o Mar del Plata para darles la santa cena, etc. Lo hacíamos como si fuésemos a visitar una rama, y la verdad es que íbamos a visitar a una sola persona.

Los viajes eran horribles, en micros muy incómodos o con trenes que requerían hacer largos rodeos. Por ejemplo, para ir de Tres Arroyos a Coronel Suárez, teníamos que hacer transbordo en Bahía Blanca. Lo mismo para volver. Salíamos el sábado a la madrugada y llegábamos de regreso el lunes o el martes. También me toco trabajar en Rosario, que estaba compuesto de Rosario, Venado Tuerto y Santa Fe. En Rosario había tres ramas: Saladillo, Echezortu y Alberdi (Arroyito). Y también había que ir a Santa Fe.


Persecución contra la Iglesia

Santa Fe había sido clausurada por el gobierno. Y durante mi misión el Presidente Harold Brown estuvo detenido unos pocos días. Harold Brown había sido embajador estadounidense en Uruguay. Argentina y Uruguay habían roto relaciones diplomáticas, y Argentina también estaba disconforme con Estados Unidos. Cualquier individuo norteamericano que hubiera estado en Uruguay era considerado un enemigo de Argentina. Consideraron a Harold Brown un agente de la cia y lo arrestaron en averiguación de antecedentes. En realidad no era norteamericano, sino que era de Chihuahua, una de las colonias mormonas en México. Estuvo tres o cuatro días preso, y aunque no pudieron sacar nada en concreto, fue una época de bastante persecución contra la Iglesia. Esto fue alrededor de 1950 ó 19511.


Los equipos de básketbol

Equipo de básquetbol
Equipo de básquetbol de la Rama de La Plata, aprox. 1949. Pancho Lencina, Rolf Salvioli, Juan Carlos Párraga, Oscar Lavista, misionero, Samuel Borén, Elder [Loras B. Tangren?].
Los Pache vivían en 67, 22 y 23, y a veces venían a las reuniones. Algunos se bautizaron. Con los Almada, Pache, etc., formábamos equipos de básketbol. En la casa de Pássaro, en calle 63, teníamos el terreno fiscal. Era un terreno largo, Pássaro vivía al fondo, pero como era lechero tenía una entrada para los carros.

Detrás de la casa de los Pássaro había un terreno fiscal, donde nosotros armamos los tableros. Era un terreno de tierra, lleno de pozos, pero más o menos lo fuimos alisando y demarcando. La cancha que hicimos entraba dentro de las medidas reglamentarias mínimas. Los aros estaban bien colocados, pero uno era más alto que el otro. Teníamos hinchadas que venían a alentar a los jugadores. Entre los jugadores estaban Juan Carlos Párraga, Alejo Villarruel, Pedro Rodríguez, Tato, Horacio y Pancho Lencina, Samuel Borén, el viejito Agustín Sosa, yo mismo, Almada, Juancito Ureta (que era amigo de Horacio y Pancho), Mito Corte y otros.

Los nombres de los equipos eran: Pato Dónald, Paturuzú, Don Fulgencio, y Ratón Mickey. Oscar Lavista trabajaba en la tienda "El Capricho" y había comparado, en una ganga, camisetas para los equipos. Había cinco camisetas azules para Ratón Mickey, verdes para Pato Dónald, moradas para Don Fulgencio y rojas para Paturuzú. Horacio Lencina hacía, con hectógrafo, una revistita con los comentarios de los partidos, las tablas de posiciones, etc. El diario se llamaba Pivot (aludiendo al movimiento en el básket), y tenía un éxito tremendo: se vendía como el pan caliente. Y todo eso lo hacíamos entre cuatro locos, porque estábamos desesperados por hacer cosas.

El equipo de la Plata tenía bastante fama. Venían de otras ramas (Quilmes, Sáenz Peña, Caseros, Buenos Aires) a jugar con nosotros. Y nosotros íbamos a jugar con ellos. Todos los años, en octubre, se realizaba la convención de Jóvenes, con concursos de teatro, baile, y campeonatos deportivos. Había equipos de Rosario, Córdoba, Tres Arroyos, Rosario, Quilmes, etc. Allí se hacía el campeonato de básketbol, y La Plata una vez salió campeón de la Misión. Y pensar que todo eso se ha perdido.


La capilla de Liniers

La capilla de Liniers quedaba en la calle Tonelero y Gordillo. Ese edificio todavía existe: es una fábrica de zapatos. En su tiempo fue el primer edificio que tuvo la Iglesia en República Argentina. Tenía pileta bautismal.


Las convenciones de la Misión

En marzo o abril (para Semana Santa) y para el 12 de octubre se hacían en Liniers las conferencias o las convenciones de jóvenes donde se juntaba toda la Misión. Venían de Mendoza, de Córdoba, de Santa Fe, de Rosario, de Río Cuarto, de Bahía Blanca, etc. Más o menos en el año 50 había unas 20 ramas en la República Argentina. No había más. Y era todo el país una Misión. Incluso había un Rama en Chile, en Futaleufú, cerca de Trebelín. Los misioneros cruzaban la frontera a caballo. Era la única rama que había en Chile y pertenecía a nuestra Misión.

Uno ansiaba la llegada de esas convenciones porque teníamos conocidos en toda la Misión. Toda la Misión eran unos 200 miembros, y éramos todos conocidos. Cuando llegaban abril y octubre era una alegría enorme, porque nos encontrábamos con los de Mendoza, Córdoba, Río Cuarto, Villa María, Rosario, San Nicolás, etc. Y nos conocíamos todos.


El Mensajero Deseret

Otra gran ayuda era el Mensajero Deseret. Todos les meses salía y traía "Acontecimientos" o "Notas". Salía información por unidad, por ejemplo: "La Plata - Fulano y Fulana se casaron en tal fecha," o "El Hermanito Mengano fue ordenado diácono." Así nos enterábamos de todo lo que sucedía en la Misión. Por ejemplo, en abril del '45, en noticias de La Plata salió una nota que decía que "un nuevo corderito entró en las aguas del bautismo, el Hermanito Roy Mazzuchi."

El Mensajero Deseret empezó a salir en 1937, hasta abril de 1955. Y en mayo del 1955 aparece la revista Liahona, hasta ahora. El Mensajero Deseret era el órgano de la Misión Argentina y la Liahona era el órgano de la Misión Mexicana.


Mi bautismo

Yo empecé a ir a la Iglesia en el año 38 ó 39, y me bauticé en enero del '45. Se hacía el pic-nic del 6 de enero, se aprovechaba para bautizar, y era posible que hasta el año siguiente no se bautizara nadie. Y ese año me bauticé yo solo, allí en el Río de la Plata. Me bautizaron el 5 de enero, el día del pic-nic, y el 6 de enero me confirmaron.


La Escuela Dominical

El primer llamamiento que yo tuve fue consejero de la Escuela Dominical. Quito Mancini era el otro consejero y Hugo Salvioli el Superintendente. Cuando Quito Mancini fue al servicio militar, yo pasé como primer consejero y Bocha Corte como segunda consejera. En el año 1948 yo pasé como Superintendente de la Escuela Dominical y Bocha era mi consejera. Lo curioso era que teníamos más de 50 de asistencia en las reuniones, pero los miembros no pasaban de 25. La asistencia era increíble. El hecho de que tuviéramos tanta gente en las reuniones y en las actividades era la prueba de que las cosas se hacían bien, porque de caso contrario la gente no habría venido.

Era mucho trabajo, porque había que preparar programas especiales para el Día de la Madre y para todas las fechas especiales. En esa época la Escuela Dominical era casi como una reunión sacramental. Teníamos el primer himno, la oración, la joya sacramental, el himno sacramental, la santa cena, la recitación de versículos, los discursos de dos minutos y medio y la separación de clases. Después de las clases volvíamos a juntarnos, teníamos el himno y la oración final.

No teníamos manuales de lecciones, y los manuales que había contenían unas traducciones horrorosas, hechas por los norteamericanos. A veces venían mimeografiadas de México. Esos manuales contenían los principios, pero estaban mal explicados. De manera que nosotros teníamos que volcar esas lecciones a nuestro lenguaje, buscar las referencias en las escrituras, y tratar de darles forma. Así fuimos progresando como maestros y discursantes.

Los que preparaban la santa cena en la mañana también tenían que prepararla en la tarde. Por la mañana llegábamos al sacerdocio a las 8:30, y después poníamos a hervir los vasitos de la santa cena. Por la tarde teníamos que llegar media hora antes de la reunión sacramental, hervir los vasitos, dejarlos secar, llenarlos de agua, y preparar la mesa de la santa cena para la reunión sacramental.


Equipo de básquetbol
"Los Mormones", equipo de Primera División de la Federación Argentina de Básquetbol, 1939. Parados: Pte. Frederick S. Williams (director técnico), Riley Goodfellow, Rolf L. Larson, Dale Bergson, Dwight Dana y Juan Borén. Arrodillados: Ben Allen, J. Donal Earl, Ivan Hatch, Samuel Borén y Max Willis.
Básketbol en Liniers

En Liniers, en la calle Montiel, la Iglesia tenía un club. Era el Club "Los Mormones". Los misioneros habían formado un equipo de básketbol que era bastante bueno y participaba de los campeonatos que se realizaban en sábado. Y como ganaban siempre, pasaron los campeonatos al domingo y no pudimos ir más. El Élder Dean Larsen era muy buen jugador de básket. Jugó en la Selección Argentina, preparó a muchos jugadores nacionales y le dio mucho impulso al básket nacional. Y la copa que se jugaba entre las ramas de la Iglesia era la copa que él había donado.

A menudo teníamos que ir al Club en Liniers. Tomábamos el tren hasta Constitución, allí tomábamos el subterráneo hasta Plaza Once, y entonces el otro tren hasta Liniers. Cruzábamos las pizzerías frente a la estación de Liniers, comíamos pizza a lo loco, y después íbamos a jugar al básket en el Club.


"¡Se debe haber trabado!"

En una ocasión íbamos al Club "Los Mormones" con Alejo Villarruel y un grupo de jóvenes. Estábamos ingresando a la estación del subte, y de pronto lo vemos a Alejo Villarruel que lo estaba pasando por encima del molinete, de los fundillos. Entonces tuvo que vérselas con el inspector.

--¡Señor! ¿Usted, qué está haciendo? ¿No puso los diez centavos?

--¡Sí, yo los puse! ¡El molinete se debe haber trabado!

Al final, lo dejaron pasar. Entonces Alejo nos confesó: "¡Menos mal que no le dije que en vez de una moneda de diez, puse dos de cinco!"


En Temperley, sin un peso

En una ocasión, viniendo de Liniers, decidimos tomar el tren Vía Temperley. En Temperley teníamos que hacer la combinación para La Plata, y había una multitud de gente. Yo era un chico de unos 16 años y perdí al grupo. Mi boleto lo tenía uno de los grandes, probablemente Horacio o Pancho Lencina. Así que cuando la multitud se disipó me di cuenta de que estaba perdido, sin un peso y sin la menor idea de cómo llegar a La Plata. Alguien allí me aconsejó que fuera a la Estación Avellaneda. Subí al tren y cuando llegó el boletero le expliqué lo que me había pasado. El boletero me permitió seguir sin pagar el boleto. En Avellaneda me bajé y tomé el tren a La Plata, donde tuve que volver a explicar mi historia al otro guarda. No tenía ni diez centavos para tomar el tranvía, así que cuando llegué a La Plata tuve que caminar desde 1 y 44 hasta 67, 19 y 20. Llegué a mi casa como a las cuatro de la mañana. Los Lencina, que vivían a dos cuadras de mi casa, no habían sido capaces de ir a avisarle a mi familia lo que había pasado. Mis padres estaban que volaban.


Revelación de

los Últimos Días
Revelación de los Últimos Días, edición de 1933.
"Traducido en México"

En el año 1947-1948, las escrituras que teníamos eran muy pocas. Por ejemplo, Doctrina y Convenios no existía. La Perla de Gran Precio la conocíamos por referencia solamente. Había una selección de pasajes de Doctrina y Convenios, un librito de tapas azules llamado Revelación de los Últimos Días. Era una selección de secciones de Doctrina y Convenios. Pero era de lectura corrida, sin la indicación de versículos ni nada.


Estudio de las escrituras

Con el interés que teníamos de aprender las escrituras, una vez por semana, los jueves o viernes, nos reuníamos en la casa de algún miembro a leer el Libro de Mormón. Leíamos uno o dos capítulos, y entre todos (unos diez o doce) comentábamos y tratábamos de interpretar lo que esos versículos decían. Había uno que dirigía. Íbamos en rueda, cada uno leía un versículo, y entonces comentábamos lo que leíamos. Así aprendimos bastante.


La falta de materiales

Los manuales no existían. Nosotros teníamos Mutual todos los martes, pero no existían manuales. Teníamos un himno, una oración, se repetía el lema de la Mutual, se daba una pequeña lección, y entonces había una presentación. Un cuadro vivo, un sketch, una obrita, o algo similar. Y nosotros teníamos que armar todo eso sin manuales.

De materiales de la Iglesia, no teníamos nada, o casi nada. Teníamos el Libro de Mormón, la Revelación de los Últimos Días, y la fe de que íbamos a salir adelante de cualquier atolladero. Yo tenía la ventaja de que sabía algo de inglés, lo leía bastante, y lo oía todo el tiempo en casa de mis abuelos. En mi casa todos los meses recibíamos el Improvement Era, la revista de la Iglesia en esa época. Mis abuelos recibían el Buenos Aires Herald. Yo leía en inglés y hacía algunas traducciones. Y cuando tenía dudas, recurría a mi mamá.


Doctrina y Convenios

Con mi mamá tradujimos el libro de Doctrina y Convenios, en el año 1947-1948. Lo tenía traducido versículo por versículo, en hojas de papel de carta. Cuando salí de misionero todavía no habíamos terminado de traducirlo, y mi mamá me mandaba las partes que faltaban, sección tras sección, por correo. Así me completó el "libro". Y yo tenía la Doctrina y Convenios en inglés, entonces podía buscar temas en el índice temático y después leer la referencia en la traducción manuscrita. Así es que durante la misión yo disponía de mucha información que los miembros desconocían. Yo citaba Doctrina y Convenios y los miembros me miraban perplejos, porque era la primera vez que oían esa referencia. La aparición de Doctrina y Convenios y La Perla de Gran Precio fue un acontecimiento.


Los discursos en la Iglesia

Yo di muy pocos discursos. Habré dado un promedio de cuatro por año. Porque había un grupo que siempre hablaba, y los que no "sabíamos hablar" no enganchábamos nunca. Y esos cuatro discursos anuales, eran los de la Escuela Dominical, de dos minutos y medio. El primer discurso que di en la reunión sacramental fue en al año 1949, cuando ya tenía cuatro años de miembro de la Iglesia. Y el segundo fue en el año 1950. Fue el discurso de despedida de la Rama, porque me iba de misionero. Y el tercer discurso que di fue al domingo siguiente, en Tandil, mi primer área como misionero.


Experiencias misionales

En Tandil había cuatro miembros: dos hermanos y dos hermanas. Pero como los hermanos eran diáconos, los misioneros teníamos que desde dirigir la reunión hasta bendecir la Santa Cena. Así fue como aprendí a dar discursos. Y como había estudiado en Bellas Artes, ya sabía de Didáctica y Pedagogía.

En Tandil había Sociedad de Socorro, y yo tenía que asumir muchas responsabilidades porque las hermanas locales no sabían cómo hacerlo. Yo les hacía los informes y les daba instrucciones de acuerdo a lo que había aprendido de mi mamá en La Plata. Así que era algo así como un "presidente espiritual" de la Sociedad de Socorro. Y en Tres Arroyos, que había unos treinta miembros, me tocó ser Presidente de la Mutual. Organizábamos actividades, armábamos los bailes del Distrito, etc.

Cuando salí de misionero, tampoco teníamos lecciones. Cada uno tenía que rebuscárselas a su manera. Teníamos unos versículos sobre la fe, unos versículos sobre el bautismo, otros sobre el Libro de Mormón, las revelaciones, los profetas, el sacerdocio. Y eso era todo, con eso íbamos a la buena de Dios, a la inspiración que uno le pudiera venir en ese momento, para hablar con los investigadores. Íbamos y golpeábamos las puertas para repartir folletos. ¿Qué le podíamos dar? El folleto. Y cada puerta era un signo de interrogación tan grande como la puerta, porque no subíamos lo que nos íbamos a encontrar del otro lado. En Rosario me tocó un compañero que no sabía hablar una palabra en castellano, y salíamos a golpear puertas. Golpeo una puerta, y una voz infantil del otro lado me dice:


--¿Quién es?

--¡El Lobo Feroz!

Entonces la puerta se abre, y sale una señora, muerta de risa, con una nenita.

Cuando fui de misionero, me tocaron dos compañeros que recién habían bajado del barco. Como yo sabía castellano y un poco de inglés, esos nuevitos generalmente me los encajaban a mí. En ese entonces no existía el Centro de Capacitación Misional, y los misioneros que llegaban no sabían absolutamente nada de castellano. Los argentinos salíamos por dos años de misión, y los norteamericanos por dos años y medio: Medio año para aprender el idioma y dos años para predicar. A mí me tocaron dos de esos compañeros y yo tuve que enseñarles castellano. A mí me hacían un favor, porque yo practicaba inglés con ellos. Y ellos aprendían el castellano.

Uno de ellos me decía: "Levantémonos a las cinco, en vez de las seis." Entonces me despertaba una hora antes y practicábamos el castellano. El Élder Grishlow quería que le enseñara a andar en bicicleta. Era un erudito del Antiguo Testamento y de la Historia de la Iglesia, pero no sabía andar en bicicleta. Con él nos levantábamos a las cinco de la mañana, en pleno invierno, para practicar castellano y para que él aprendiera a andar en bicicleta. Yo tenía que agarrarlo del cuello para que no se cayera, hasta que aprendió.


Las obras de teatro

El Carnavalito, parte del programa de variedades de la Conferencia de la Misión Argentina. Buenos Aires, aprox. 1953. Parados: Oscar Lavista, Hugo Salvioli, Juancito Cantoni, Robert Olaiz, Rolf Salvioli, Horacio Lencina, Rodolfo Lombrado "El Mercedario" y Roy Mazzuchi. Sentadas: Raquel Lencina, Chichita Corte, Dora Lencina, Negrita Pache, Negrita Girat, Angélica Stefanisi, Nora Rodríguez y Mónica Bonicatto.
Cada vez que había un espectáculo y se necesitaba un escenario, teníamos que armar un tablado de madera. A veces hacíamos obritas de teatro, zarzuelas, etc. El Dúo de los Paraguas, el Pericón, el Carnavalito, y una infinidad de obras de teatro. Las obras de teatro las preparábamos con mucho esmero, particularmente el vestuario. Una vez hicimos La joya de Cornelia. Se trataba de un grupo de damas romanas que se jactaban sobre cuál tenía las mejores joyas. Y cuando le preguntaron a Cornelia, ella llamó a sus dos hijos, los presentó y dijo que esas eran las dos joyas más valiosas que tenía. Uno de los hijos era Ricardo Pache y el otro era yo. Llevábamos puesto un vestuario sensacional. A mamá le gustaba coser, tenía revistas con ilustraciones y sacó ideas para confeccionarnos la vestimenta.


La unión hace la fuerza

La Plata se destacaba por presentar espectáculos de calidad. En marzo del 1952 fuimos a Buenos Aires y presentamos el Carnavalito. Éramos como treinta parejas. También habíamos hecho un coro, bajo la dirección de Ronald Stone, que era director de una banda de jazz y en esa época estaba de misionero. Hicimos una presentación en el Teatro Cervantes. La Plata pisó fuerte en todo lo que hacía, siempre se destacó: El coro, las presentaciones, el equipo de baile, el equipo de teatro, etc. Si nos agarraban individualmente, uno a uno, no valíamos nada, pero en el grupo éramos fuerte.


Actividades de la Mutual

A menudo hacíamos actividades después de las reuniones sacramentales. Por ejemplo, nos íbamos caminado desde la iglesia hasta el bosque. Allí estaba el Teatro Martín Fierro, que era un anexo del Teatro Argentino. Nos subíamos a la gruta y desde allí veíamos la representación de óperas, zarzuelas, etc. Y después nos volvíamos caminando, en barra. Para nosotros, diez centavos era un montón de dinero, de manera que caminábamos. Y al volver íbamos dejando a las chicas en sus casa.


Ciclones y caídas

Alrededor de 1948 vino un ciclón a La Plata. Era un martes a la noche, y la zona afectada fue precisamente la zona sur, donde quedaba la Iglesia y donde vivían la mayoría de los miembros. Volaron las chapas, se cayeron paredes, se inundaron las calles y se cortó la luz. Fue tremendo, nosotros estábamos en la Mutual. Cuando pasó la tormenta, salimos en grupos para escoltar a las chicas. A Juancito Cantoni y a mí nos tocó acompañar a Elva Buret, que era una amiga de la Iglesia. La llevábamos desde 63, 18 y 19 hasta 58, 18 y 19. Íbamos caminado por una calle inundada, y de repente ¡zás! desapareció. Se había caído a un pozo. Ella era muy gorda, y queríamos ayudarla a levantarse. Pero Juancito Cantoni era muy chiquito, y aunque yo era fortachón en esa época, los dos estábamos tan tentados de risa que Elva volvía a caérsenos. La Gorda Buret se enojó con nosotros y creo que después de eso no vino más.


Intercambio con otras ramas

Una de las cosas lindas de ese tiempo es que hacíamos intercambio. Nos tocaba ir a Ramos Mejía, Ciudadela, Haedo, Floresta, etc. Y de allá venían a La Plata. Por ejemplo, a mí me tocó ir con Máximo Corte, con Rolf y Hugo Salvioli, con Juan Cantoni. Había un intercambio, nos conocíamos todos, éramos unos 200 en toda la Misión.


Las primeras actividades

En ese entonces no había casi inactivos. Éramos un grupo. Íbamos cuatro o cinco a la casa de uno, a la casa de otro... Éramos una familia, y nos conocíamos todos y sabíamos los pelos y señales de cada uno. Sabíamos los problemas, nos confiábamos las cosas, y éramos una amigos en el amplio sentido de la palabra.

Las visitas de maestros visitantes eran de un 100 por cien. Cuando faltaba alguno a alguna reunión, al otro día estábamos ahí. Íbamos todos a la casa a ver qué había pasado, y hacíamos una reunión allí.

También íbamos al lugar donde los Pássaro guardaban los carros, sacábamos los carros, adornábamos el lugar con guirnaldas, y allí hacíamos los bailes de Carnaval. O salíamos a caminar, etc. Siempre nos juntábamos para hacer distintas actividades.


Un regreso a lo antiguo

La falta de materiales nos ayudó mucho, porque nos las tuvimos que rebuscar, aprender el evangelio de las fuentes mismas en las escrituras, y foguearnos como maestros. Yo estoy agradecido de haber vivido en esa época, donde no había tanto papelerío, tanto manual, y tanta burocracia.

Cuando jugábamos al básketbol éramos cuatro pelagatos, pero teníamos hinchada y nos divertíamos como locos. La cancha era un pocerío,... ¡qué no hubiéramos dado nosotros por tener las canchas de básket que hay ahora en las capillas! Por eso me causa cierta bronca o lástima o fastidio, ver las comodidades que hay ahora, y que no se usan.

Yo estoy agradecido de haber estado en esa época que no teníamos nada, porque eso nos enseñó a ser ingeniosos y creativos. En la Mutual teníamos que estar pensando que íbamos a hacer esa semana, la semana próxima, y la semana siguiente a la próxima, y todo sin manuales.

Y parecería que en la actualidad, después de tantos años, otra vez están achicando los manuales. Volvemos a lo antiguo, a lo que hacíamos cincuenta años atrás. Yo estoy contento de haber vivido esa época, porque a pesar de que teníamos tantas carencias, salíamos adelante y hacíamos las cosas.



1. El arresto de Harold Brown ocurrió el 9 de septiembre de 1949. Estuvo detenido desde las 9 de la mañana hasta las 7 de la tarde, en la Central de Policía de Buenos Aires en Moreno 1550. Fue puesto en libertad con la intervención de la Embajada Estadounidense. Ver Historia de la Misión Argentina, p. 386, 9 Sep. 1949. (Volver)