Historia de la Iglesia Mormona en La Plata - Oscar Lavista
Volver a Biografías

OSCAR LAVISTA
preparado por Dora Lencina en junio del 2002, con algunos agregados por Hugo N. Olaiz

Oscar Lavista José Oscar Lavista era alegre, extrovertido, amigable, y tuvo muchos amigos en La Plata y en ramas de Buenos Aires, entre ellos Samuel Borén, Hugo Salvioli, Héctor Pereyra (de Liniers, hoy en los Estados Unidos), los Meijome, etc.

Oscar se bautizó en 1939 y hacia mediados de septiembre de 1940, a los 24 años, comenzó a trabajar como encargado de la Cooperativa Deseret que Frederick S. Williams estableció en Cossio 6901, a dos cuadras de la capilla de Liniers. Oscar empujaba el carrito hasta Sáenz Peña haciendo entregas. El 17 de julio de 1942, a la edad de 26 años, Oscar fue apartado como misioneros de tiempo completo--el primer misionero que salió de La Plata.

Oscar era multifacético: Fue decorador y vidrierista en algunos negocios del centro de La Plata (el vidrierista es la persona que prepara y adorna las vidrieras de los negocios). Tenía buena voz, era cultor de la buena música, y le gustaba ir al Teatro Argentino de La Plata a ver un buen espectáculo de ballet o a escuchar un concierto.

Aunque no sabía música, Oscar cantó y dirigió coros en la Rama de La Plata. Además, integró conjuntos musicales: Junto con Polo de Ángelis, el Élder Stoddard, y yo, formamos el Cuarteto Indoamérica, actuando en Radio Provincia y en algunos teatros, y en el Salón Dorado de la Municipalidad.

Equipo de básquetbol
Equipo de básquetbol de la Rama de La Plata, aprox. 1949. Pancho Lencina, Rolf Salvioli, Juan Carlos Párraga, Oscar Lavista, misionero, Samuel Borén, Elder [Loras B. Tangren?].
Oscar integró en el inicio de la Rama el equipo de básquetbol local, que además lo formaba Samuel Borén, Juan Carlos Párraga, Horacio y Pancho Lencina y un misionero norteamericano. El equipo de básquetbol se presentaba durante las conferencias semestrales de la Misión, en un evento deportivo que se realizaba el día sábado por la tarde en el “El Club,” un lugar especialmente dedicado al deporte, y que quedaba a pocas cuadras de la capilla de Liniers.

En 1951, cuando la Iglesia estaban buscando una casa para adquirir, Oscar Lavista le avisó a los líderes locales de una casa que estaba en venta en calle 53, entre 10 y 11. La casa fue el primer local adquirido por la Iglesia en La Plata (ver Una casa nueva).

Oscar era una artista para los cuadros vivos, que eran famosos e infaltables en las fiestas de La Plata y de las conferencias semestrales de Liniers. Infaltable también era el telón de fondo, según el tema del cuadro vivo, pintado por Tato Lencina. El viaje hasta Liniers era como una mudanza. Llevábamos telas, pinchadas con alfileres, con las cuales Oscar vestía a las chicas participantes del cuadro vivo. Las telas eran de Oscar, que comparaba retazos en liquidaciones y luego armaba vestidos, o lo que quería representar, sobre la persona. Iluminaba con reflectores, utilizando sobre la lámpara común papeles transparentes de distintos colores, porque no había lamparitas de colores, o no se podían comprar. De esa manera, daba el efecto y cambio de iluminación que quería lograr. Todo el cuadro demandaría 2 ó 3 minutos, pero cuando cerraba el telón como final, recibía una ovación del público, era magnífico. En una ocasión Polo de Ángelis y yo cantamos el bolero “Angelitos negros”, y esa vez nos llevamos la copa que se daba al número y a la rama triunfadora. Varias veces La Plata se trajo la copa. No había competidores, nadie quería competir con La Plata (ver comentarios adicionales sobre los cuadros vivos por Dora Lencina y Rolf Salvioli.

Oscar provenía de una familia de Berisso, amigo de un amigo de la Iglesia, Nicolás D’Alessandro, en la época de la capilla de 67 y 22. Oscar tuvo problemas con la familia y lo echaron de la casa, por eso vivía solo y se acercó más a los amigos, y luego al Club Belisario Roldán. Fue uno de los primeros bautismos en La Plata, más o menos en la misma época que los Salvioli. Era muy amigo de los Salvioli, y pronto se sintió bien junto a la gente de la Iglesia porque andaba solo en la vida. En la iglesia encontró la familia y los amigos que había perdido. Nunca más se juntó con su familia de sangre y casi siempre vivió solo.

Unos años antes de morir Oscar adquirió un casita en Punta Lara. Dicen que estaba muy buen puesta, muy alegre, con muchas flores y plantas como a él le gustaba. Oscar traía flores y plantas de su casa para adornar la capilla en eventos especiales. Era el decorador oficial en esas ocasiones, con espléndidos arreglos, que también hacía para conferencias regionales, reuniones especiales de la Misión o del área. En tales ocasiones iba al Mercado Central, o a viveros que él conocía, para comprar grandes cantidades. A menudo con Robert Olaiz se iban a la madrugada para hacer las compras y llevar las flores al Luna Park o adonde fuera la actividad.

Alegre, de fácil risa, pero también broncón en algunas ocasiones. Más valía que no se enojara, porque en ese aspecto era bravo y decía lo inimaginable. Pero también sabía pedir disculpas si era necesario. Le gustaba reírse o hacer mención de su nariz prominente, y no le preocupaban las bromas en ese aspecto. También le agradaba vestir muy bien, tenía muy buena ropa y muy buen gusto para usarla--tal vez ello fue la causa por la que lo asaltaron varias veces en los alrededores de su casa.

Un tiempo estuvo alejado de la Iglesia, pero con los años volvió, invitado por Mónica y Hugo Salvioli a la inauguración de la capilla de calle 53 (hoy el Barrio 2). Alentado por sus amigos más cercanos (entre los que tuve el gusto de encontrarme), regresó. Todos lo alentamos para ello, lo recibimos con mucha alegría, quedándose ya muy feliz y activándose con todo entusiasmo.

En sus últimos años, y ya viviendo en su casita de Punta Lara, se veía muy enfermo de los bronquios y el corazón. El que más cerca estuvo de él fue Freddy Aguilera, su maestro orientador, y quien lo asistió mucho y muy bien hasta sus últimos momentos de vida. Para esta época Oscar vivía con unos jóvenes amigos bailarines del Teatro Argentino, pero su salud iba decayendo.

Un día se levantó y llevó flores de su casa para adornar la capilla del Barrio 1 para una conferencia especial. Entrando al jardín se sintió descompuesto y ahí mismo quedó muerto. Oscar quería que todo lo que tenía fuera donado a la Iglesia. Oscar fue un amigo excelente a quien yo aprecié y respeté mucho.