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Volver a Biografías POR HUGO OLAIZ
quien toca esto, toca a un hombre.
pero las que no se oyen, más dulces todavía.
A fines de la década de 1930 un grupo de jóvenes, miembros y amigos de la Iglesia, fundaron en La Plata un club que llamaron La Asociación Cultural y Biblioteca Belisario Roldán. Era un grupo de jóvenes activos y animosos, en su mayoría de la clase trabajadora, sin gran preparación intelectual ni títulos universitarios, pero con ansias de canalizar sus inquietudes intelectuales, artísticas y sociales. Tras la disolución de la Asociación, un buen número de esos jóvenes continuaron aglutinados en la Mutual de la Iglesia Mormona. Mi abuelo Máximo Corte, que había sido motor intelectual y creativo del grupo original, se integró a la Iglesia en una perfecta relación de simbiosis. Máximo encontró en la Iglesia no sólo un sistema filosófico cautivante sino también un ámbito donde encausar su creatividad. La Iglesia encontró en Máximo no sólo un genio de las relaciones públicas sino además un poeta de verdad, capaz celebrar con su pluma el mensaje del evangelio restaurado. Aunque tardara años en bautizarse, Máximo fue el hallazgo más feliz de los misioneros, porque de su círculo de familiares y amigos provienen muchos de los primeros miembros y líderes de la Iglesia en La Plata.
Máximo Corte fue un autodidacta, pues nunca recibió una educación formal que pasara de la escuela primaria. Obviamente es difícil evaluar hoy la variedad las lecturas que pudo haber realizado durante su breve vida, pero Máximo tenía lo que yo llamaría curiosidad intelectual: leía cuanto caía en sus manos y era un conversador culto y animoso. Máximo Corte conocía los principios básicos de la versificación, especialmente el uso de romances, octetos octosílabos, sonetos endecasílabos y acrósticos. Algunos de sus poemas despliegan mucha ingeniosidad, especialmente algunos acrósticos cuyos comienzos son verdaderos meta-poemas, es decir, poemas cuyo referente es el mismo poema, al mejor estilo de Lope de Vega (“Un soneto me manda hacer Violante”)2.
La obra literaria de Máximo Corte delata tres área de conocimiento: (1) mitología, (2) historia argentina, y (3) historia y doctrina del mormonismo. El uso que Máximo hace de la mitología es enteramente convencional. En sus poemas aparecen Febo, las musas, ninfas, Venus, Pegaso, Neptuno, el éter del universo y las flautas de Pan. Los poemas de corte patriótico delatan un buen conocimiento de historia argentina, de personas, de batallas y de lugares. Cuando habla de Belgrano, por ejemplo, (“A mi bandera”, 106-108) no se limita a mencionar a Rosario, sino que también incluye a Salta, Ayohuma y Yatasto. De hecho, Máximo hace en ese poema una larga enumeración de caudillos políticos y militares: San Martín, Güemes, Lavalle, Urquiza, Sarmiento, Las Heras, Paz, Dorrego, Pedernera, Conesa, Aráoz, Puyrredón, Montes de Oca, Mitre, Brown y Bouchard. De esta lista, hay dos cosas que llaman la atención: primero, la preeminencia de lo que Mitre llamaría “los héroes de la organización nacional”: Urquiza, Sarmiento, y el mismo Mitre. Segundo, la coexistencia de figuras que irónicamente, en vida, hallaron la convivencia política muy difícil (especialmente en el caso Dorrego, Puyrredón y Lavalle). En el “Romance del 25 de mayo” (137-142) también aparece una larga lista de patriotas y chisperos. Finalmente, el conocimiento de la historia de la Iglesia. Es notable que Máximo supiera tanto acerca del mormonismo, especialmente en una época en que la Iglesia no publicaba casi nada en español. La explicación es que Máximo devoraba el Mensajero Deseret, el órgano oficial de la Misión Argentina. Allí aprendía historias y relatos que, a menudo, procedía a versificar. Fue así como Máximo celebró a José Smith (“José Smith”, 144, “De Moisés a José Smith, 73-76), Brigham Young (acróstico “Éxodo: Illinois - febrero de 1846”, 123), la gesta de los pioneros (“Los peregrinos”, 39-42, “El poder de la fe”, 168-170) y la restauración de la Iglesia en Sudamérica (“Mañana de Navidad”).
Una buena parte de la obra dramática de Máximo Corte se ha extraviado para siempre. Tal vez debido a la naturaleza misma de las obras, ya que Máximo escribía a menudo lo que podría llamarse “teatro de ocasión”. Sus obras de teatro se entienden mejor en el contexto de un universo de recitaciones, diálogos en prosa o en verso, y “sketches” que él mismo dirigía y que representaba junto con los miembros y amigos de la Iglesia. Ejemplos de poemas dialogados son “¿Quién soy?” (p. 35-37), “El hombre que supo dar” (76-83), “Romance para mi perro”, y “Romance del 25 de mayo” (137-142). Algunos de los poemas de Máximo fueron concebidos con el propósito de ser representados. Un buen ejemplo es una especie de poema dialogado que se titula “La dama y la niña” (13-15) y que le dedicó a Rosa Pecollo, directora general de la Primaria de la Misión Argentina. El carácter dramático (es decir, de acción y de diálogo) hace que ese poema sea apropiado no sólo para recitar en alguna reunión de la Iglesia sino también como diálogo para ser memorizado y representado. Y el tono juguetón e inocente del poema encaja muy bien con la forma poética elegida: el octosílabo, que es una forma rápida, ideal para un juego dramático o narrativo.
¿A dónde vas, niña bella, tan alegre y tan de prisa? Llevas en tus labios risas y en tus ojos dos estrellas.
Cabellos ensortijados,
Toda tu gentil figura
Niña:
Allí a jugar aprendemos
Todo vamos aseados
Allí a respetar enseñan
Al caído se presta ayuda,
Allí se escucha una voz
De prisa voy, con razón,
¡Señora, mandad conmigo
Allí es más clara la luz,
Dama: Muchas de las obritas de ocasión o “sketches” escritos por Máximo Corte fueron intrínsecamente efímeros: los concibió para ser representados en una reunión de la mutual u otro programa de la Iglesia. Algunas eran simplemente situaciones dramáticas algo improvisadas, que tal vez nunca hayan sido plasmadas en el papel. Pero Máximo también fue el autor de obras más elaboradas que tuvieron un éxito rotundo y que fueron representadas muchas veces. En esta parte del ensayo me voy a concentrar en tres de sus obras más celebradas: Paturuzú en busca del cielo, La opereta de Tiburcio y Caterine, y Día de visita.
Lamentablemente, el texto de esta obra se ha extraviado. Sin embargo la obra tuvo un importancia singular, porque fue una de las primeras obras de Máximo Corte y la primera obra que la Rama de La Plata llevó a un concurso de variedades en Liniers. Eso ocurría en 1938. La obra tuvo un éxito rotundo, el jurado quedó encantado, y La Plata ganó la copa del concurso. Un artículo en El Mensajero Deseret describió el acontecimiento en estos términos: Paturuzú ha muerto y Upa, su hermanito menor, murió de tristeza y San Pedro les dijo que si no habían dado algo (sic) de los mormones y su evangelio, en los cielos no hay lugar. ¡Un momento! Esto no es noticia sino el tema que ganó la copa donada por el Presidente Williams al primer concurso de variedades de la Asociación de Mejoramiento Mutuo de los Jóvenes y ahora encontramos granado sobre la superficie de la copa: “Ganado por la Rama de La Plata” (Noviembre de 1938: 19).Tato Lencina todavía hoy recuerda vagamente haber participado de la obra. En una ocasión que lo entrevisté me mostró una foto tal vez tomada en esa ocasión. Tato no podía recordar el argumento, que yo creí irremediablemente perdido. Pero por gentileza de Jorge Párraga, llegó recientemente a mis manos una copia de una entrevista que Jorge había realizado con su padre, Juan Carlos Párraga, en mayo de 19893. La entrevista es muy reveladora, porque no sólo describe el argumento de la obra, sino la manera también la manera amable e improvisada en que Máximo dirigía las obras. También incluye una descripción de lo que ocurrió cuando representaron la obra en Liniers. Cabe señalar que en esos días Máximo no era todavía miembro de la iglesia, pero sus contribuciones literarias ya eran muy apreciadas: Juancito Ureta me mencionó que estaban preparando una obra o algo así. Y le dije: “Bueno, vamos a visitarlos, vamos a ver cómo es eso”. Efectivamente, estaban preparando una obra para presentar en un torneo de variedades en Buenos Aires [en la capilla de Liniers]. En ese tiempo se reunían en la calle 67 y 22, en una pequeña casa de familia. Yo llegué ahí con Juancito y nos encontramos con cuatro o cinco muchachos que estaban ensayando. Entre ellos, una persona muy simpática que se llamaba Mito, Máximo Corte. Mito nos preguntó si queríamos participar, y nosotros le dijimos que no, porque no sabíamos de qué se trataba. Mito nos explicó: “Estamos haciendo una obrita cómica para este fin”, etc. La opereta de Tiburcio y Caterine es una de las obras más elaboradas de Máximo, no por la originalidad del argumento, sino por la creatividad en la musicalización. Todo el texto es cantado con melodías famosas de los años cuarenta, desde La verbena de la paloma hasta Panzoncito. Pero las nuevas letras que acompañan las melodías son muy ingeniosas porque constituyen una especie de remedo, caricaturización o parodia de la letra original. La Opereta de Tiburcio y Caterine se representó exitosamente por décadas. En 1958 apareció en el Manual de Actividades de la AMM para todas las ramas de la Misión Argentina. Cuando yo era chico, también la vi representada un par de veces. En la ocasión que mejor recuerdo, Robert Olaiz hacía el papel del padre, Dora Lencina el de la madre, Amelia C. de Olaiz el de Caterine, Mariluz Dolder el de la criada, y Polo de Ángelis el del Conde Charabón. Pero obviamente el reparto experimentó muchos cambios a través de los años. El argumento es extremadamente simple, y por cierto nada original: Los padres de una familia acomodada intentan casar a su hija Caterine con un anciano adinerado (el Conde Charabón), pero la bella Caterine está enamorada de un joven (Tiburcio). En el cuadro final de esta brevísima obrita, Caterine huye con Tiburcio; los padres, el Conde y el criado (o la criada) lloran desconsoladamente la huida de Caterine. A través de los años hubo quienes introdujeron pequeños cambios en la letra y en la música, que aparecen actualizados según el gusto popular de la época. La versión publicada en 1958 sugiere un final en el que la madre canta, con la música de Ave María, “se ha fugado la nena” y todos cierran a coro con un “Amén”. Pero en la versión que yo recuerdo haber visto, todos los personajes cantan “se ha fugado la nena” con la música de la marcha fúnebre de Chopin, mientras marchan en el escenario en una solemne procesión. En otra innovación también reciente, la entrada del conde se enriqueció con el siguiente acierto:
y el frío del mar (shá-la-lá-la-lá-la) aquí me trajeron… (sucun-dún, sucun-dún) Dora Lencina y Polo de Ángelis hicieron, por años, los papeles de la madre de Caterine y del Conde Charabón. Dora Lencina recuerda que, ante la fuga de Caterine, Polo de Ángelis solía caer desmayado tan cómicamente en el escenario, que le provocaba a Dora un incontrolable ataque de risa. En una ocasión tan incontrolable fue el ataque, que terminó en un episodio de incontinencia. Cuando Dora se lo contó a Polo el ataque de risa fue mutuo y, en esa ocasión, Dora no pudo salir a saludar al final de la obra. Detrás de la aparente liviandad del argumento, yo veo en la opereta una intención de crítica social. El argumento encaja en una añejísima tradición que tiene, entre otros exponentes, a Shakespeare (Anne y Fenton en Las alegres comadres de Windsor, 1602), Molière (El burgués gentilhombre, 1670) y Leandro Fernández Moratín (El sí de las niñas, 1806). El amor de la pareja es más poderoso que las convenciones sociales de la época o los intereses económicos de los personajes. En mi opinión los nombres Tiburcio y Caterine, que son largos y anticuados, evocan los nombres de los protagonistas de La tragicomedia de Calixto y Melibea (La celestina), que Máximo Corte tal vez conociera, y que también termina con un lamento trágico. Pero no hay aquí un lamento serio sino una parodia de lamento serio. Como Shakespeare en Sueño de una noche de verano, Máximo se burla de los finales trágicos y melodramáticos, que datan desde los contemporáneos de Shakespeare hasta las radionovelas y telenovelas del siglo 20. Aquí el desenlace es feliz porque la intención es humorística y los amantes logran huir.
De todas las obras teatrales de Máximo, Día de Visita en indudablemente la más destacada. Yo creía que el manuscrito se había perdido para siempre. Las hermanas Gaite recordaban el argumento vagamente, bajo el título de “Las chismosas”. Amelia C. de Olaiz me había descrito una vez, vagamente, el argumento. Pero en junio de 1996, Julia Cortés de Peluso tuvo la gentileza de entregarle a mi madre una versión a máquina firmada por el mismo Máximo. Esta versión está fechada, en el reverso de una de las hojas, en diciembre de 1940. En los mismos días que Julia le entregaba a mamá la versión a máquina, Dora Lencina me proporcionaba dos copias manuscritas, una en tinta, completa, y otra en lápiz, incompleta. La versión completa está en letra de Raquel Lencina y fechada el 14 de noviembre de 1938. De manera que la obra no estaba perdida, sino simplemente olvidada. En el concurso de teatro de la Conferencia de la Juventud de la Estaca de La Plata (CONJU), el invierno de 1996, los jóvenes de Ensenada eligieron Día de visita para su representación, resucitando así la obra después de medio siglo de olvido. En la década del 40 Día de visita se representó varias veces, dentro y fuera de la Iglesia, siempre con un rotundo éxito. Casi todos los personajes de la obra tienen nombres largos y muy pintorescos:
Micaela Robustiana Pedernera del Campillo Chico, V[iu]da de Contreras Isabel Malaespina de Fachatosta, Condesa de la Malatía Noemí Escalona Fontuela del Rey, Marquesa del Filón María Teresa Ancho, Vizcondesa de la Mojarra En “Después del recibo,” Fray Mocho comenta precisamente un día de visita. Una criolla se queja de que sus anfitrionas, que son nouveux riches, ya no la reciben como antes; después de irse de vacaciones a Europa, se han vuelto despreciativas: “Dios me livr’ y guarde de volver a semejante visita… Se fueron baulés, ché, y han vuelto petacas…. No sabiendo qué decirles después de los saludos, me acordé de las gringuitas de Don Pepín, que aura andan tan alcotanas y que yo había conocido roñosas, comiendo los desprecios del mercao… ¡y no me contestaron palabra, ché! Aquello no era una vista sino un baño helao, y me salí ligerito, no fuera que me agarran a escobazos.” En Día de visita, la primera impresión es que se trata simplemente de una comedia llena de situaciones cómicas; no es sino más tarde que nos damos cuenta de que Máximo está haciendo, por el humor, una crítica agudísima de las costumbres de la época. El argumento gira en torno a Dora, una mujer con aires de gran señora que un miércoles recibe a cuatro amigas a tomar el té. El miércoles es su “día de visita”, o “día de recibo”, en que las señoras se juntan tomar té y a charlar. Dora, la anfitriona, tiene solamente tres tazas de té, préstamo de una amiga o vecina (“la de Finyini”). Sin embargo, Dora se esfuerza denodadamente por aparentar opulencia y elegancia. Dora detesta a Robustiana, una de sus invitadas, pero por mantener las apariencias, la recibe con grandes halagos. Además Dora está furiosa porque “la de Finyini” no le prestó más que tres tazas. El fragmento que sigue es doblemente revelador: Por un lado, muestra con qué desprecio trata Dora a quien se supone que es su “amiga”; por el otro, delata que, no obstante su miseria, Dora tiene aires de gran señora: Dora y Micaela (la criada) idean un plan para solucionar el problema de las tazas: Micaela acepta y completa el plan: Las cuatro visitas son unas chismosas incorregibles que se detestan y permanentemente se “apuñalan” por la espalda. Las situaciones cómicas se suceden una tras otra mientras vemos a este grupo de mujeres llegar a los extremos más ridículos con tal de fingir. La vecina que toca el timbre, es siempre precisamente la vecina que están criticando. Todas las presentes se alteran cuando Micaela anuncia la visita, pero Dora les pide paciencia. Les dice “¡Chicas, disimulemos!” y todas reciben a la vecina con si estuvieran exaltadas de alegría. La vecinas no son las únicas que critican: Micaela también hace cómicas intervenciones, hablando directamente al público (en “apartes”) y criticando los defectos y la falsedad de todas las presentes. La situación humorística final ocurre cuando Dora y las visitas escuchan el ruido de lozas rotas. Todo parece estar saliendo según el plan. Micaela entra alarmadísima: Así es cómo, en un instante, Micaela descubre el secreto que tan celosamente estaban tratando de guardar. Dora tiene un desmayo, en su delirio revela el plan de poner sal inglesa en el té de Robustiana, y todas las vecinas se marchan ofendidísimas. Al final, Dora y Micaela intentan culparse de lo ocurrido: Ahí está la tesis de la obra: el gran defecto de la anfitriona es el de tratar de ser lo que no es. Máximo está haciendo, por el humor, una crítica muy aguda de las costumbres, atacando los dos grandes defecto que él mismo veía en la Iglesia y que tanto detestaba: la hipocresía y el chisme. Ora vez, el vínculo con Molière se hace evidente. Al igual que Molière en el siglo 17, Máximo decide atacar los vicios de la sociedad por el lado del humor: Castigat ridendo mores6. Yo dudo que Máximo hubiese leído Las preciosas ridículas de Molière (1659), pero la anfitriona Dora es, precisamente, una preciosa ridícula. Funciona igual que Magdelon y Cathos, las dos provincianas despreciativas y fanfarronas de Molière. Y, al igual que Magdelon y Cathos, Dora hace el ridículo delante de todo el mundo “por querer ser lo que no es”. Pero todavía más revolucionario es el procedimiento por el cual Máximo concluye la obra, con estas líneas: (Telón) El final es rápido, inesperado, lleno de humor. La escena tal vez fuera similar al final de Paturuzú en busca del cielo. Nos recuerda por cierto el final de un ensayo humorístico de 1943, “Composición. Tema: La vaca”, que termina con un repentino juego de palabras: “De sus cuernos o astas [la vaca] hace distinto adornos, veladores, pájaros y mates, llamados mates de asta, y… hasta luego, me marcho antes que rompan el mate” (5). Pero en el juego de culpas de Día de visita, el autor mismo aparece en la obra para asumir responsabilidad por lo ocurrido, para culparse y dis-culparse (como lo hacían los dramaturgos del renacimiento inglés o del siglo de oro español). Ese procedimiento de incluir al autor dentro de la obra, es un acierto genial.
Muchos de los poemas de Máximo también se han extraviado para siempre, por el simple motivo de que fueron concebidos como “poemas de ocasión”, especialmente con motivos de despedidas de misioneros u otras funciones de la Iglesia. Algunos de los “poemas de ocasión”, sin embargo, han sobrevivido. Por ejemplo, “Feliz viaje” (34) fue dedicado a W. Ernest Young poco antes de que volviera a Estados Unidos en septiembre de 1938; “Saludo” (69-70) es un estilo que el élder Fenn cantó el 12 de junio de 1939 en Liniers; “Orar cantando” (108-109) fue dedicado a Jerome Bonny y el Coro General de la Misión el 17 y el 18 de noviembre de 1945. El 6 de diciembre de 1946 escribió “Para la hermana Eleonora, en el día de su casamiento” (162). “José Smith” (144), “La caridad nunca falla” (166) y “Romance del 25 de mayo” (137-142) fueron compuestos en los aniversarios de los acontecimientos que celebran (27 de junio de 1946, 17 de marzo de 1947, y mayo de 1946, respectivamente). Máximo Corte trabajaba como guarda o inspector en la línea de tranvías “La Inglesa”. De acuerdo con Tato Lencina, Máximo a menudo subía al tranvía, tomaba la planilla, y comenzaba a escribir. La gente se sorprendía de que pasara largo rato “escribiendo en la planilla,” pero al final el misterio se develaba. Máximo extendía un pedazo de papel y se lo entregaba a algún pasajero o pasajera: le había dedicado un poema. Esta pequeña anécdota ilustra porqué digo que mucha de su poesía era efímera. Hacia el final de su vida, sin embargo, Máximo comenzó a copiar y compilar sus poemas en cuadernos, y así es como se conservó buena parte de su obra. No es posible analizar un poema sin romper el hechizo poético. Esta vez voy a correr el riesgo de hacerlo porque la importancia de la obra reside, para mí, tanto en su valor poético como en su valor autobiográfico. La poesía de Máximo Corte es importante porque nos dice quién era Máximo. Toda la literatura es, en ese sentido, autobiográfica, porque refleja las percepciones, la imaginación y las obsesiones del autor.
Así como Heinrich Schliemann pudo localizar a la Troya histórica basándose en la poesía de Homero, también sería posible ubicar a Máximo a partir de su poesía e intentar describir al hombre detrás del poeta. Máximo era poeta por necesidad; la poesía era su forma de expresión y de evasión. El poeta Su vida es fantasía; su mente es una hoguera. Ve mas allá del mundo; por eso es que sus versos no son cosas reales; son sueños, son quimeras (“El poeta”, 18). La poesía de Máximo en general y sus poemas románticos en particular, revelan a un hombre muy emocional y muy apasionado. Ejemplos son “Para ti” (42-43), “Ofrenda” (47-48), y “Para ella” (177-178). De los poemas de amor dedicados a mi abuela Amelia L. de Corte, se destaca especialmente “El ánfora inmortal” (175), un acróstico que data del 31 de mayo de 1947: Modeló con finura en espuma de mar, Esmaltándola luego con el fulgor eterno Luminoso de Venus, Diosa del bien amar. Incólume ha quedado a través de los tiempos, Admirada de todos por ser obra perfecta; La imantaron los rayos, la pulieron los vientos, Dijo de ella en alados renglones el poeta. En esta ánfora un alma ha quedado cautiva; Cautiva, sí, lo mismo que se quedó la mía, Obediente al encanto de tu gracia ideal. Refundiré mi dicha, mi afán, mi alegría, Todo cuanto sea bello, que contenga armonía, En ánfora gemela de existencia inmortal. Muchos de los poemas de Máximo revelan a un hombre contemplativo y reflexivo. Máximo se levanta en la madrugada, observa el silencio de un amanecer, y plasma el instante en un poema: en el lejano Oriente; al despertar el sol con distintos matices las colinas decora, decorado que es obra de un divino pintor (“Aurora” 160-161). Varios de los poemas de Máximo son reflexiones más bien oscuras, en la que expresa su angustia frente a la guerra. Por ejemplo, en “Única fuente de bondad”, escrito durante la segunda guerra mundial (febrero de 1941), declara que destruye todo lo que él mismo hizo como destroza el viento y el granizo del dorado trigal, el fértil grano (22). La misma ironía describe en “Escuchad mi oración” (84-93), que fue escrito en febrero de 1939, es decir, ente el final de la guerra civil española y el comienzo de la segunda guerra mundial. “Más cerca de Dios” (149), escrito en agosto de 1946, también es una oscura descripción de los horrores de la guerra. Pero todos estos poemas, por más pesimistas que sean, siempre terminan en una plegaria, en una nota religiosa: florezca y fructifique el fraternal amor; para que el mundo pueda recuperar la calma, ¡Para que el hombre pueda estar cerca de Dios! (149) Máximo sufrió mucho cuando murió su madre, y varios de sus poemas reflejan esta insistencia con el tema de la madre, que es uno de sus favoritos: “Madre” (20-21), “A las madres” (135), “Una palabra, un mundo” (167), y “La imagen de la madre” (171). Y quizás de todos los poemas de Máximo, ninguno contenga tantos datos autobiográficos como “Profecía” (146), escrito el 29 de julio de 1946: un jardín pequeñito; ver las plantas que brotan; sentir esa alegría que sienten los que han puesto en cáliz de amargura de néctar una gota.
Con mi esposa y mis hijas tres retoños plantamos;
¡Crecerán! Y a la sombra de sus espesas copas,
Máximo tenía un talento natural para componer romances. De hecho, mis dos poemas favoritos de Máximo son precisamente romances: “Romance para mi perro” y “Romance del 25 de mayo” (137-142). El primer poema que me propongo analizar es “Romance para mi perro”, que data del 18 de mayo de 1949. Obviamente el poema tiene varios elementos autobiográficos, pues los Corte tenían, efectivamente un perro (llamado Terri Sterling Corte) que Máximo estimaba mucho y entrenaba. Terri era una abreviatura de “Terrible” y Sterling era en honor al élder Sterling Yeaman, que hacía la misión en La Plata por aquellos días. El poema es además autobiográfico porque Máximo menciona a sus esposa, a sus dos hijas, y su vocación de poeta:
Amigo de todo tiempo,
Guardián de todas las horas,
Con mis ladridos, yo digo, El poema es, en toda su ingenuidad, uno de mis poemas favoritos de Máximo. Encaja muy bien una línea de la poesía de Máximo que se dedica a celebrar, de un modo simple y humilde, las pequeñas bellezas de la vida. El tono es reposado e íntimo, lleno de sencillez y candor. La primera mitad del poema (primera estrofa) es más convencional y asume la voz del poeta hablándole al perro. Pero la segunda mitad (segunda y tercera estrofas) es mucho más ingeniosa, pues en ella el poeta se mete en la psique canina y asume la voz del perro. El poema es muy sencillo pero muy efectivo, y el homenaje al perro parece genuino y sincero. Otro ejemplo de homenaje lo constituye el poema “A mi amigo el herrero” (97-99), que data del 26 de agosto de 1945.
alumbra el torso sudoroso. Parece un hombre hecho de bronce aquel herrero musculoso.
Una sonrisa hay en sus labios,
El fuelle sopla. De las brasas
Trabaja alegre, buen herrero,
Herrero, haz pausa en tu faena,
Deja el mandil por su instante,
¡Que se detenga! Y le preguntas
Veréis entonces qué felices
Construye horquillas y azadones
Que sea fanal, en esta tierra, donde forja la vida a su gusto o idea. Es como un alquimista; es un mago que allana el sendero do marcha. Es un artista, y crea. En tres de sus poemas, las imágenes del herrero y de la siembra aparecen juntas. En los “Versos dedicados a las damas de la Sociedad de Socorro”, dos estrofas contiguas declaran: que aviva con anhelo los carbones do calienta los hierros, que azadones luego serán. Bello trabajo honroso.
Bendito el labrador voluntarioso, al carretero, al poeta, al comerciante, al doctor, gentes nobles y plebeyas. Rebozos, ponchos y capas, mantas, chambergos, galeras (138-139). La siembra y la cosecha es otra de las imágenes favoritas de Máximo, y también funciona como símbolo de progreso, de paz y prosperidad. En “Evocación” (148) celebra la rueda del molino, que muele el maíz y el trigo y así produce el pan. En “Profecía” (146) habla de manera autobiográfica acerca de la satisfacción que siente al hacer su propio huerto, casi como Fray Luis de León en “Vida retirada”, y también profetiza que los árboles plantados crecerán. En “Los peregrinos” (39-42) y en “El poder de la fe” (168-170), celebra la primera siembra que los pioneros mormones realizaron en Utah, casi como Isaías profetizando del desierto que florecerá como la rosa (Isaías 35:1). Y en cuatro instancias (“Versos dedicados a las damas de la Sociedad de Socorro”, 71-72, “A mi amigo el herrero”, 97-99, “Romance del 25 de mayo,” 137-141, y “El poder de la fe”, 168-170) la imagen del herrero y la imagen de las siembra van juntas. En “El poder de la fe”, por ejemplo, se abrieron surcos con su reja hiriente. ¡El desierto en jardín queda trocado, el milagro de la Fe quedó patente! (170)
Máximo ya había contrastado los dos productos de herrero (armas de guerra versus herramientas de agricultura) en “Escuchad mi oración” (84-93), un poema muy patético sobre el tema de la guerra. Máximo escribió ese poema en 1939, es decir, el año en que termina la guerra civil española y comienza la segunda guerra mundial. La primera parte del poema es muy desgarradora, pues nos presenta una lista de miserias de la humanidad. Entre ellas: para sacar de ella los grandes y ricos filones que servirán luego contra ellos mismos porque el hombre, del hierro, fabrica cañones (86: vii). pero no hacen con ellos cañones que vomitan muerte; fundirán herramientas y arados que sirvan para abrir en los campos los surcos donde echar con afán la simiente (89: xiv). . . . No hallaréis allí campos desiertos quemados del fuego, mas veréis los dorados trigales que brindan riquezas; son la gloria, el afán de los pueblos tranquilos, porque de ellos saldrá el blanco pan que tendrá nuestra mesa (90: xiv). En “Tierra de paz” (131) también se analiza la gran ironía del herrero, que fabrica a la vez instrumentos de progreso y de destrucción: de arado, está forjando paz y nobleza. Más te agradece el mundo una hoces curvadas que la pulida hoja de toledana espada. Pero en el “Romance del 25 de mayo”, las dos actividades del herrero son nobles, porque las guerras de la independencia son una causa justa. El herrero es así una figura doblemente heroica, porque crea no sólo los sables de la guerra (para pelear por una causa noble), sino también los azadones, símbolo de la paz y la prosperidad: que sobre el yunque golpea el hierro, de donde salen sables para la pelea. Mas también forja la paz en azadones y rejas de arados, con que el labriego labrará la buena tierra, donde sembrar rubio trigo para que el mundo pan tenga (138). Máximo Corte es el autor de muchos poemas que celebran temas cristianos en general (como el nacimiento y los milagros de Cristo) y mormones en particular (José Smith, los pioneros, etc.). “Al hombre ateo” (147) parece inspirado en Alma 30:44. El poema “Verdad” claramente evoca la sección 88 de Doctrina y Convenios. “Haz que brille tu lámpara” (158) es una recreación de la parábola de las diez vírgenes (Mateo 25:1-13). En “Esencia de vida” (150-152) reflexiona sobre las realidades espirituales que la ciencia no alcanza a descubrir. Máximo también dedicó mucho tiempo y esfuerzo a una versión en verso de Primer y Segundo Nefi. También hay muchos poemas que Máximo escribió para ocasiones especiales en la Iglesia: la despedida de algún misionero, la celebración del día de la madre, Navidad, etc. Su poesía religiosa y reflexiva crea un ambiente íntimo y sincero, un ambiente de meditación filosófica y de búsqueda metafísica. Pero en mi opinión los mejores poemas de Máximo no son los poemas de tema filosófico o religioso, sino los de inspiración patriótica. Allí es donde residía su genio poético, allí es donde su pluma corría con mayor elevación. Sus poemas en honor de Brigham Young o los pioneros tal vez pasen al olvido, pero sus poemas patrióticos son inmortales. En su cuaderno de poemas aparecen varios poemas de tema patriótico: “Al Santo de la Espada” (95-96), “La lanza” (103-105), “A mi bandera” (106-108), “Romance del 25 de Mayo” (137-142) y un acróstico, “Manuel Belgrano” (180). La historia argentina era uno de los intereses de Máximo. Estaba bien informado sobre el tema, y tenía una lista de “héroes y villanos” de la historia argentina. De acuerdo con Amelia C. de Olaiz, Ahora bien, en sus poemas patrióticos Máximo evita la polémica y se dedica a celebrara a sus héroes: San Martín, Belgrano, Vieytes y los nueve miembros de la Primera Junta de gobierno.
“La lanza” describe el un proceso de crecimiento, de maduración política y de fogueo militar, por el que la caña poco a poco se va transformando, pasando de picana a lanza. La lanza es presentada primero como una caña y una picana, es decir, instrumento de paz. Al igual que el producto del herrero (azadones y sables), a veces los instrumentos de paz deben alterarse y ser usados para la guerra. Pero lo que Máximo destaca sobre todo, el es hecho de que la lanza es el arma popular por excelencia, es el instrumento de guerra del pueblo. Una guerra no la gana un acto heroico de un sable corvo (i.e., San Martín), sino que es el producto de la unión de todo el pueblo. hoy te encuentro, vieja caña; luego que tantas hazañas hiciste por tu nación. Te miro con emoción y me duele que el olvido se haya ensañado contigo; por eso, que esta versada va para ti dedicada como un homenaje amigo.
Primero fuiste picana
Sólo en manos de los guapos
Tras cada lanza un paisano
No fue el corvo legendario En 1945 Máximo compone “Al Santo de la Espada” (95-96). Se trata de un soneto endecasílabo: allí do fuiste tú fue la victoria. Grabaste muchas páginas de gloria con la hoja corva de tu fuerte acero.
Padre fuiste de bravos granaderos
Templaste tu valor en Tierra Ibera,
El cóndor rey, absorto, vio tu paso
A continuación voy a comentar el “Romance del 25 de Mayo” (137-142), posiblemente el más leído y recordado de todos los poemas de Máximo Corte. Está fechado el 8 de mayo de 1946, pero aparentemente el día antes había escrito un soneto patriótico (“La mágica campana”, 136) que funciona como un anteproyecto del romance. Mi opinión es que este poema constituye la composición más genial de Máximo. Se trata de un romance, es decir, una serie indefinida de versos octosílabos con rima en los versos pares. En castellano el romance es una de las formas más antiguas de hacer poesía (data del medioevo) y el octosílabo es una de las formas métricas que más naturalmente encajan con la estructura de la lengua española. Además el romance es casi siempre de carácter narrativo, porque tiene un argumento que narra un cuento o una historia, como en este caso: no pueden jugar afuera; en la espaciosa cocina la abuelita cabecea sentada frente a la lumbre, Los pequeños la rodean y luego de acariciarle la plateada cabellera, le dice el más pequeñito: “¿Nos cuentas un cuento, abuela?”
“Escuchad, que esto no es cuento,
Allí está el hercúleo herrero
Mirad cerrando los ojos,
Cornelio Saavedra apoya
La lluvia cae incesante;
¿Quiénes son esos dos hombres
Dicen que ya fue Rodríguez
Ha renunciado el Virrey;
Vosotros, niños, tal vez,
Cuando terminó de hablar
Gloria y paz, tierra Argentina. La historia del 25 de mayo aparece enmarcada en un relato mayor: una abuelita contándole un “cuento” a sus nietos. La lluvia es un hilo conductor, porque provoca la evocación de la fecha patria y más adelante estimula el relato. El poema es un collage de acción dramática y una joya de perfecta sencillez. Pero el verdadero genio del poema radica en la modulación del tono y de las emociones: el poema comienza con un tono doméstico y reposado, que poco a poco se vuelve más reflexivo. Hacia el final del poema se produce el hechizo de la emoción, substanciado en el llanto de la abuelita. Y finalmente, en los dos últimos versos, el poema alcanza un tono casi exaltado. El poema es menos ingenuo de lo que parece, porque la empatía entre abuelita-nietos sugiere la empatía entre la voz poética y el lector del poema. El poema funciona como un rito, como una ceremonia religiosa en la que ocurre algo mágico. Así visto, el poema es casi una sesión de espiritismo (“Flota en el aire un misterio”) o de psicoanálisis (“Mirad cerrando los ojos, los ojos del alma sean”). Los espíritus convocados (los nietos, los patriotas, todos los argentinos) asisten a la “ceremonia” y así confirman que “esto no es un cuento, sino historia verdadera.” Si en una cocina, junto a un fuego, una abuela es capaz de convocar “sombras extrañas” o “espíritus del más allá”, el poeta, que también es un alquimista, un médium o un herrero7, será capaz de crear el mismo hechizo al relatar la misma historia. En este esquema de cosas los espíritus de los patriotas invocados, los espíritus de la Abuelita y de los nietos, y los espíritus del poeta y del lector, vibran todos empáticamente. El poema es un relato, pero un relato dialogado, porque la Abuelita dialoga con los nietos y, al contar la historia de mayo, dialoga consigo misma y cita las palabras de otros, ya sean interlocutores imaginarios, testigos presenciales de los hechos, o los protagonistas del relato. Esta técnica del diálogo le da al poema una gran vivacidad, y anima la acción dramática con imágenes y episodios que se suceden como un collage: la muchedumbre en la plaza, los representantes de todas las clases sociales y laborales, los patriotas (intelectuales y militares) de la independencia, las invasiones inglesas, French y Berutti, la renuncia del virrey Cisneros y la organización de la Primera Junta. El poema nunca aburre porque la “cámara” nunca está quieta, las imágenes se suceden animosa e incesantemente. La primera lista de patriotas usa un lenguaje religioso, y los presenta casi en la categoría de profetas que predican la fe en un futuro dichoso. Máximo indica que French y Berutti también predican un futuro glorioso, mediante el simbolismo de las escarapelas. Según las palabras de la abuelita, la gesta de mayo es una historia épica que tiene un valor arquetípico. Los héroes de mayo adquieren la categoría de ejemplos y modelos que debemos recordar “en la lucha”. En los dos últimos versos, el poema alcanza su punto culminante y se convierte en una plegaria. No solamente en una plegaria por Argentina, sino en una plegaria que incluye a todas las naciones americanas que lucharon por la independencia.
Como todo gran poeta, Máximo reflexionó sobre el significado de la actividad poética y llegó a comprender sus límites. Comprendió que la poesía no es la verdad, sino solamente el portavoz de la verdad. La última entrada en el libro “oficial” de poesía incluye un soneto que data de junio de 1949, un año y cinco meses antes de morir. Es un poema titulado “Verdad” (186) en el que Máximo iguala la verdad al “motor primero” del pensamiento aristotélico, y sobre todo a “la luz de la verdad” de la sección 88 de Doctrina y Convenios: a los planetas que en el mundo giran, es la verdad el germen de la vida la muerte de hombre en la materia. En la segunda cuarteta, Máximo usa una imagen que evoca a Génesis cuando Jacob compara a la casa de José con una rama fructífera junto a la fuente (Génesis 49:22). La verdad triunfará sobre el error, porque el amor es más poderoso que la maldad: que ha de cubrir los muros de falsía, taladrando, tenaz, la entraña fría de la maldad en corazón de piedra.
Es la verdad la luminosa huella Pero es el último terceto el que esconde el mensaje más importante: Quiero gritar mi admiración por ella, pero hay algo, y no sé, que ahoga mi grito. En la puja entre la poesía y la verdad, es la verdad la que sale triunfante. La poesía es solamente la mensajera de la verdad. La anuncia, pero reconoce que no puede igualarla, y a veces, ni siquiera puede describirla debidamente. Por eso es que Máximo, como todo gran poeta, siente un gran respeto por el silencio, que es más solemne y más elevado que la poesía. El poeta llega al límite de la experiencia religiosa y se confronta con lo inefable. Entonces debe callarse, porque no hay palabras que describan la experiencia correctamente. “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9). Por eso es que la verdad “ahoga [su] grito” (186). El silencio, último límite de la poesía, prepara a Máximo Corte para la experiencia mística. Es el silencio que Máximo siente a la mañana temprano (“Aurora”, 160) y por la tarde, cuando dice que “el silencio es meditación, es eternidad” (“El silencio”, 172-173):
Se deshace la tarde en gotas de silencio,
…
El silencio las horas dilata gota a gota, Es el silencio que Máximo siente a la hora del ángelus (“Ángelus”, 165): el sol lo baña con su postrera luz; suena el ronco esquilón. Voz de ángelus que es voz de paz, de amor y de misterio. Es el silencio que Máximo siente en los momentos de transición, y que dramatizan el contraste entre luz y oscuridad (“Amanecer”, 134): entre la noche y el día! Entre la muerte y la vida, lo futuro y lo vivido. ¡Qué sensación he sentido al contemplar esa hora en que combate la aurora contra la noche tenaz! Que la luz es la verdad a quien la luz atesora. Hubo un momento, en la conciencia poética de Máximo, en el que se dio cuenta de que no es la poesía la que salva, sino más bien el silencio. El silencio está más cerca de la experiencia religiosa que la palabra. Por eso en “Elogio del silencio” 8 (174) Máximo dice: al ser lo llena de sosiego y calma. Todo el dulzor de un celestial concierto alza un altar de amor dentro del alma. Ya no es la voz del poeta la que habla, sino un coro celestial el que canta. Como Fray Luis de León (“Vida retirada”, “A Francisco Salinas”), Máximo entendió que la música es más elevada que la poesía, pero como muchos poetas contemporáneos también comprendió que el silencio es más elevado que la música: Tonos y escalas de oro y de cristal. ¡Oh! Si oyes el silencio, ya eres salva; No es el silencio muerte. Es inmortal (174). Por eso es que, al final del “Romance del 25 de mayo” todos guardan un solemne silencio. Lo que están experimentado es más poderoso que lo que las palabras pueden expresar: callaron nietos y abuela; refleja sombras extrañas el fuego en la chimenea, como si fueran espíritus que del más allá volvieran (142).
Máximo Corte vivió y murió bajo el hechizo de la poesía. Un par de días antes de morir, Máximo pidió a la familia que le llevaran al hospital su cuaderno de poesía. Pasó sus últimos días rodeado de familiares, amigos y médicos, leyendo y escuchando una vez más sus poemas. El Mensajero Deseret de enero de 1951 de dedicó la siguiente nota: En la ciudad de La Plata, cerró el día 6 de noviembre [de 1950] sus ojos al mundo el poeta Máximo Corte. No importa que Máximo Corte fuera un obrero tranviario de la ciudad platense, esa era su profesión material, porque en la verdadera vocación, en su médula espiritual era un poeta; pero, más todavía: un poeta comprendiendo la gloriosa filosofía de la restauración en estos días decisivos y amargos.La nota concluye con un poema que Máximo había escrito en 1948, “cuando una grave enfermedad lo hizo pensar en la muerte” 9, y que muy apropiadamente se titula “¿Dónde de está, oh muerte, tu aguijón?” Así es como la poesía lo siguió hechizando, aún después de su propia muerte. Las contribuciones literarias de Máximo Corte a la Iglesia son de un valor incalculable. Constituyeron una especie de Edad de Oro en la Rama de la Plata, una época de creatividad e imaginación, de poesía y de teatro, que ejerció su influencia en el Mensajero Deseret y en toda la Misión Argentina. Era una época de pocos recursos económicos, en la que no existía la televisión ni los manuales de la Iglesia; era un época en la que había que ser creativo. Obviamente Máximo sirvió de inspiración para amigos y otros miembros de la Rama que también incursionaron en la literatura, especialmente algunos de los Lencina: Raquel Lencina se dedicó a escribir poesía, especialmente de corte regionalista, indigenista y gauchesco. En la década del ‘60 Horacio Lencina escribió El Danny, un periódico lleno de humor y caricaturas. En las décadas del ‘70 y del ‘80 Gloria Corte de Casco editó un proyecto similar al El Danny, titulado El Chisme. Tato Lencina, que fue íntimo amigo de Máximo, también escribió algún poema, y sobre todo compuso ilustraciones basándose en ideas de Máximo. Máximo Corte fue el elemento catalizador de ese “caldo de cultivo” en la Rama de La Plata, época fecunda y creativa de las artes y las letras. “Mi testimonio” Marzo de 1944, pp. 12, 29 “Fe, esperanza y caridad” Mayo de 1944, p. 39 “Para vosotras” Marzo de 1945, p. 16 “Yo doy la vida” Noviembre de 1945, p. 20 “La dama y la niña” Noviembre de 1944, pp. 18-19 “A las madres” Mayo de 1946, p. 154 “Eternidad” Junio de 1946, p. 218 “La Fe” Septiembre de 1946, p. 342 “La inteligencia” Septiembre de 1946, p. 342 “Hermanos Misioneros” Diciembre de 1947, p. 444 “El agua viva” Diciembre de 1947, p. 467 “Mantén viva tu lámpara” Octubre de 1948, p. 399 “En nombre de Jesús” Octubre de 1948, p. 399 “Romance de nochebuena” Diciembre de 1948, p. 158 “Brigham Young” Julio de 1946, p. 156 “Al hombre ateo” Agosto de 1946, p. 298 “Un milagro de fe” Julio de 1947, p. 280 “De Moisés a José Smith” Abril de 1946, p. 114 “A la juventud” Noviembre de 1947, p. 402 “La caridad nunca falla” Marzo de 1948, p. 82 “Sociedad de Socorro” Marzo de 1947, p. 82 “Tierra de paz” Abril de 1947, p. 122 “Jesús en Getsemaní” Diciembre de 1948, p. 464 “¿Donde está, oh muerte, tu aguijón?” Enero de 1951, pp. 24-25 “Haciendo números” Marzo de 1947, pp. 92, 105 “La verdad frente a la tradición” Septiembre de 1948, pp. 346-347 “José Smith” Junio de 1947, p. 202 “Setiembre 1823” Noviembre de 1948, p. 402 “El Libro de Mormón - Capítulo 1” Noviembre de 1947, p. 418 “El Libro de Mormón- Capítulo 2” Diciembre de 1947, p. 458 “El Libro de Mormón - Capítulo 3°” Enero de 1948, p. 18 “El Libro de Mormón - Capítulo 4°” Febrero de 1948, p. 56 “El Libro de Mormón - Capítulos 5 & 6” Abril de 1948, p. 136 “El Libro de Mormón - Capítulo 7” Junio de 1948, p. 216 “El Libro de Mormón - Capítulo 8” Julio de 1948, p. 256 “El Libro de Mormón - Capítulos 9 y 10” Agosto de 1948, p. 299 1. Estoy profundamente agradecido a las siguientes personas que me ayudaron a componer este ensayo: Dora Lencina, Bocha Corte de Olaiz, Jorge Párraga, Tato Lencina, y Gloria Corte de Casco. (Volver) 2. Un acróstico es una forma poética en la que las iniciales de cada verso forman una palabra o frase (a menudo, un nombre) que puede leerse de forma vertical. (Volver) 3. Jorge Párraga ha tenido la gentileza de facilitarme una copia de esta parte de la entrevista y de un borrador de transcripción realizada por él. Yo aquí condenso mi propia transcripción, aunque a veces he utilizado la de Jorge como punto de referencia. Me he tomado la libertad de reordenar frases, agregar e interpretar palabras, etc. (Volver) 4. Tato Lencina tiene registrado el acontecimiento en su álbum, con una foto tomada el día que ganaron la copa. El papel de Diablo probablemente era representado por Rodolfo Saltalamacchia. Saltalamacchia dice que ganaron una copa y menciona a Blanca de Falchi, que es una de las personas que aparecen en la foto de Tato Lencina. (Volver) 5. Estos datos sobre Fray Mocho como la posible fuente de Día de visita se lo debo a Gloria Casco. (Volver) 6. Divisa de la comedia que se podría tarducir como “Riendo, enmienda las costumbres.” (Volver) 7. “En tu gran ilusión, poeta alquimista,/ mezcla perseverancia, paz y ruego” (p. 171). “El poeta es una fragua de poderosa llama/ donde forja la vida a su gusto ó idea./ Es como un alquimista; es un amigo que allana/ el sendero do marcha. Es un artista, y crea” (p. 20). (Volver) 8. Me pregunto si el título de este poema no estará inspirado por el poema del Federico García Lorca “Elegía del silencio” escrito en julio de 1920. (Volver) 9. Véase Mensajero Deseret, enero de 1951, páginas 24-25. (Volver)
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