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Comedia en dos actos basada en en versión libérrima y adaptación de con algunas líneas e ideas birladas de la versión española de En memoria de mi bisabuela
"Pa’ cualquier enfermedá, bastan yuyos y oraciones" Salt Lake City, agosto de 1998
PERSONAJES Eleuterio, peoncito de estancia
ESCENA Patio de estancia. En segundo plano, una mesa pequeña y dos bancos o sofás, uno a la derecha y otro a la izquierda. Sobre la mesa, un trozo de masa, un palo de amasar y una bandeja con tortas fritas. También en escena, tal vez a un costado, una guitarra, un espejo y dos espadas, preferentemente de plástico. En la boca del escenario, una escalerita para facilitar el acceso de Los Tres Peoncitos, que entrarán a escena desde la platea. Eleuterio es el mayor de los Tres Peoncitos, y los otros dos peones lo tratan de usted. Sería conveniente que el actor que haga el papel de Nicanor sepa tocar la guitarra. Robustiana es una mujer de edad indefinida, pero definitivamente muy fea. Tal vez lleve trenzas y le falte uno o dos dientes. Siempre lleva puesto un viejo delantal de cocinera. Robustiana y Los Tres Peoncitos hablan con el acento propio de la gente de campo, y la ortografía del texto intenta reflejar algunos de estos rasgos. Los dos matrimonios, en cambio, hablan un castellano culto. El primer acto dura aproximadamente 20 minutos. El segundo acto, unos 10 minutos.
ACTO PRIMERO Escena 1 Se abre el Telón. Los Tres Peoncitos entran no desde las bambalinas sino desde el fondo de la sala, marchando o zapateando al compás del bombo que toca uno de los tres (preferentemente, Mamerto). Los tres llevan la cara cubierta con un pañuelo, como si fueran a una reunión secreta. Suben al escenario y hacen una curiosa coreografía de zapateo, siempre al compás del bombo. Tal vez uno de los peoncitos le dé un pisotón a otro, en un cómico accidente. Finalmente, tras una pausa muy dramática, proceden a identificarse con una especie de contraseña: Eleuterio, casi en tono militar: ¡Ave María Purísima! Nicanor y Mamerto, al unísono: ¡Sin pecao concebida! Eleuterio: ¿Alguien los vio venir? Nicanor y Mamerto, al unísono: ¡Naides! Eleuterio: ¿Juran guardar secreto? Nicanor y Mamerto, al unísono: ¡Juramos! Los Tres Peoncitos se quitan los pañuelos e inician el ensayo. Eleuterio: Muy bien, peonada. Acá están los papeles de la obra. Les entrega los papeles. Mamerto: ¡Una obra de tiatro! Nicanor: ¿Y todo esto es idea de la Patrona? Eleuterio: Es todo idea de Ña Tita; y me hizo jurarle sobre El Martín Fierro que no le vamos a contar nada a naides. Mamerto: ¿Ni siquiera al Patrón? Eleuterio: ¡Especialmente el Patrón! Nicanor: ¿Se han vuelto a peliar? Eleuterio: Hace un rato estaban desayunando en el comedor. ¡Y de pronto empezaron a volar platos y tazas que era un contento! Mamerto: Siempre la mesma historia. Y desde que el Patroncito se casó y se jue a vivir a la capital, se pelean entuavía más. Nicanor, leyendo: "La muy dolorosa historia de Tisbe y Píramo, tragedia de amor." ¿Y cuál es mi papel? Eleuterio: Vos vas a hacer de Píramo Nicanor, en actitud pensante: Píramo, Píramo… ¿quién es Píramo? Eleuterio: Píramo es un amante que se mata de amor. Nicanor: ¡Ah! ¡Papel de llorar! ¡Que los espectadores se preparen, porque los voy a hacer llorar el arroyo del Gato! ¡La laguna Chís-chís! ¡La bahía de Samborombón! Mamerto: ¿Y yo? Eleuterio: Vos vas a hacer de Tisbe. Mamerto: ¿Quién es Tisbe? ¿Algún caballero andante? Eleuterio: Tisbe es la novia de Píramo. Mamerto, quejándose: ¡¿Papel de mujer?! ¡Por favor, Don Eleuterio! ¡Que me está saliendo la barba! Eleuterio: La barba es lo de menos. Vas actuar con peluca y con la voz aflautada. Nicanor: ¿Con peluca? ¡Yo quiero hacer de Tisbe! ¡De Tisbe y de Píramo también! Hace los dos papeles, alterando las posiciones rápidamente y exagerando la voz recia y el falsete: "¡Tisbe adorada! ¡Tisbe! ¡Tisbe!" "¡Oh, Píramo, amor mío!" "¿Tú, mi Tisbe querida?" "¡Yo, mi Píramo amado!" "¿Tisbe?" "¡Yo, yo!" Eleuterio: Nada de cambios. Los papeles ya los decidió la Patrona. Mamerto: ¿Y usté, Don Eleuterio, qué papel tiene? Eleuterio: Yo voy a hacer de león. Nicanor: ¿Un león? ¡Yo quiero hacer de león! Voy a rugir como un león… (rugido fiero) o como una vizcacha… (rugido suave) o como un lobizón (aullido de lobo) o como un teru-teru (rugido dulce). Eleuterio: ¡Basta, basta y basta! (Le da un golpe en la cabeza con uno de los palillos del tambor o con algún otro objeto.) Nicanor va a hacer de Píramo, Mamerto va a hacer de Tisbe, yo voy a hacer de león. Y la obra la presentamos esta mesma noche. Mamerto: ¿Esta mesma noche? ¿Pero por qué tan pronto? Eleuterio: Es que hoy el Patroncito y Ña Helena llegan a la estancia de visita. Mamerto: ¡Uy! ¡Con el ambiente que hay en la casa, va a haber más patadas que en una tarde de doma! Eleuterio: Además, esta noche es noche de luna llena. Nicanor recita muy dramático, con la intención de asustar a Mamerto: Es noche de luna llena; no se escucha ni un gorrión; Salen las almas en pena cuando aúlla el lobizón. Mamerto: ¡Don Eleuterio! ¡Dígale al Nicanor que se calle, que me da miedo! Robustiana entra por detrás, sin hacer ruido. Lleva una olla y un cucharón y va hasta la mesa. Nicanor: ¡Vamos, Mamerto, si son cuentos de fogón! ¿Quién cree en el lobizón? ¿Quién cree en la luz mala y en las almas en pena? Robustiana apoya la olla sobre la mesa y se oye un tintineo. Mamerto: ¿No escucharon como un ruido? Los Tres Peoncitos se acercan el uno al otro y se quedan mudos de miedo. Desde atrás, Robustiana golpea el cucharón contra la olla con fuerza y ganas, haciendo un ruido infernal. Los Tres Peoncitos salen disparados, gritando, saltan del escenario a la platea y se pierden entre el público. Robustiana se ríe y se pone a amasar sobre la mesa. Entra Doña Tita. Escena 2 Robustiana: ¿Mate dulce o mate amargo, Ña Tita? Doña Tita: Nada de mate, Robustiana. Acabo de tener otra pelea con Don Manuel y ando con el estómago revuelto. Robustiana: ¡Otra pelea! ¿Qué van pensar el Patroncito y Ña Helena cuando lleguen de visita? Doña Tita: Que piensen lo que quieran. En cuanto se vuelvan a la capital, yo inicio los trámites de divorcio. Robustiana: Pero Ña Tita, ¿qué va a ser nosotros si usted y el Patrón se divorcian? ¿Qué va a ser de la estancia? Doña Tita: La estancia ya no es más lo era en el pasado. ¿Se acuerda del viejo sulky? Cuando éramos recién casados, Don Manuel me llevaba todas las tardes a pasear en sulky. ¡Los besos que me daba! ¡Las cosas románticas que me decía mientras íbamos por el campo! Robustiana: Pero Ña Tita, no sea tan pesimista. Donde hubo juego, cenizas quedan… Doña Tita: A las cenizas se las lleva el viento. Y ya hace más de veinte años que el sulky está en el rincón más oscuro de galpón, cubierto de herrumbre y de polvo. Voz de Demetrio: ¿Hay alguien en la casa? Doña Tita: ¡Ahí llegan! Sale Robustiana con la olla y el cucharón. Entran Demetrio y Helena. Doña Tita, abrazando al hijo y a la nuera: ¡Demetrio! ¡Helena! Demetrio: ¡Mamá! Helena: ¡Doña Tita! Doña Tita: ¿Tuvieron buen viaje? Helena: Regular. ¿Puede creer, Doña Tita, que Demetrio volvió a equivocarse de camino? Demetrio, en tono de pelea: No me habría equivocado, si vos no me hubieras dicho que doblara a la derecha después del puente. Helena, en pie de guerra: ¡Yo no dije "derecha"! ¡Yo dije "derecho"! Demetrio: ¿Y podrás creer, mamá, que con el calor que hacía Helena no quería que bajara las ventanillas? Helena: Si no hubieras bajado las ventanillas, el polvo y el viento no me habría dejado toda la ropa como si fuera la víctima de un naufragio. Voz de Don Manuel: ¿Demetrio? ¿Helena? Doña Tita, sarcástica: Hablando de naufragios, ahí viene tu padre. Tarde, como siempre. En fin, ya charlaremos luego. (Sale.) Entra Don Manuel. Demetrio, abrazando a Don Manuel: ¡Papá! Helena, abrazando a Don Manuel: ¡Don Manuel! Don Manuel: ¿Tuvieron un buen viaje? Helena, muy seria: Mire, Don Manuel, mejor de ese tema no hablemos. Don Manuel, llamando: ¡Robustiana! Entra Robustiana. Don Manuel: ¿Ya tiene listo el mate? Robustiana: El agua se está caldiando, Patrón Demetrio, enojado: ¡El agua y el ambiente en esta casa! Robustiana: ¿Lo preparo dulce o lo preparo amargo? Helena, seria: Amargo, Robustiana, que el mate dulce engorda. Demetrio, otra vez en pie de guerra: Prepárelo dulce, Robustiana. ¡Que para amarga, con la esposa que tengo me alcanza y me sobra! Don Manuel, irónico: ¡Ah! ¡Las delicias de la vida conyugal! La historia está condenada a repetirse. Prepare dos mates, Robustiana; uno dulce y uno amargo. Robustiana: Como usté mande, Patrón. Sale. Don Manuel: Demetrio, Helena: ahora que estamos a solas, tenemos que hablar de Tita. ¡Últimamente anda más loca que una cabra! Hace dos semanas se le dio por pedirme y rogarme que la lleve a pasear en sulky, como si yo no tuviera cosas más importantes que hacer en esta casa. Al final, como yo me negaba a obedecer sus caprichos, se le ha dado por el teatro. Demetrio: ¿Mamá quiere ser actriz? Don Manuel: ¡Peor! ¡Le ha mandado a los peoncitos que preparen una obra! Helena: ¿Una obra de teatro? ¡Pero qué buena idea…! Demetrio: ¡Buena idea para irse al cine! ¡Con los tres peoncitos haciendo de actores, la obra va hacer un desastre! Helena: Bueno, a mí me parece una idea muy romántica… Don Manuel: ¡Ah, romántica sí que va a ser! Esa es la especialidad de mi mujer. Demetrio, interesado, se lleva al padre del brazo o del hombro: Así que teatro, ¿eh? Vamos, quiero que me cuentes todos los detalles. Don Manuel, saliendo con Demetrio: Eligieron una tragedia clásica, al estilo de Romeo y Julieta. ¡En la escena final, se muere hasta el apuntador! (Don Manuel y Demetrio salen riendo.) Escena 3 Entra Robustiana y se pone a amasar. Helena: Robustiana, ¿cuantos años hace que usted es la cocinera de la estancia? Robustiana: Ya van pa’ siete, Ña Helena. Helena: Y además de cocinera, usted debe ser una especialista en yuyos y cataplasmas. Robustiana: Y… es parte del oficio. Es como decía mi finada agüela: "Pa’ cualquier enfermedá, bastan yuyos y oraciones." Helena, titubeante: Robustiana… ¿usted conoce algún yuyo capaz de… capaz de transformar a la gente? Robustiana: ¡Já! ¡Tranformar a la gente! (Señala la bandeja.) Mire la bandeja, Ña Helena. ¿Qué es lo que ve? Helena: Una pila de tortas fritas. Robustiana: Huelen a torta frita. Saben a torta frita. (En tono de confidencia.) ¡Pero con una pizca de ñangapiré, cardo santo y oreja e’ tigre, son un gualicho enlobizante! Helena, entre pasmada e incrédula: ¿¿Enlobizante?? Robustiana: Enlobizante. Me lo encargó el Hermenéutico Junes, que le va a hacer una broma al cuñao. ¡Es un gromista, el Hermenéutico! Helena, admirada: ¿Me está queriendo decir que alguien come una de estas torta fritas y se convierte en lobizón? Robustiana: Garantizao. ¡Este gualicho es capaz de emperrar hasta el señor cura! Helena: Robustiana, usted me tiene que ayudar. Ya habrá visto con sus propios ojos cómo andan las cosas entre el Patroncito y yo… Robustiana: Como perro y gato. Pero no se me aflija, Ña Helena, que no hay mal que dure cien años y a cada chancho le llega su San Martín. Helena: No se trata de chanchos, Robustiana, sino de lograr una reconciliación con mi marido. Lo que Demetrio necesita es un poción amorosa. Robustiana: ¿Un gualicho pa’ el amor? ¡Pan comido, Ña Helena! Un poco de cedrón, un poco de sauco… y yo me encargo del resto. Helena: ¿Y cómo se lo administramos? Robustiana reflexiona un momento: Ya lo tengo. El Patrón y el Patroncito están por venir a tomar el mate. Es cosa bien sabida que el Patrón lo prefiere amargo y el Patroncito dulce. Usté se encarga de cebarlos. En el mate amargo, ponga yerba mate. En el mate dulce, póngale el gualicho. Pero tengo que hacerle una alvertencia. Helena: ¿Una advertencia? Robustiana: Usté tiene que estar al lado cuando el Patroncito chupe el mate, porque le puedo asegurar por Dijunta Correa que se va a enamorar de lo primero que vea. Además, más le vale que usted y el Patroncito se reconcilien pronto, porque el efecto del gualicho se va con el primer beso. Helena: ¡Qué ironía! Con un beso lo conquisté, y ahora con otro beso corro el peligro de perderlo. La espero en la cocina. (Sale furtiva.) Escena 4 Entra Nicanor: Ña Robu, ¿no tiene algo pa’ calmar la sé? Robustiana sigue amasando: Si tiene sé, Nicanor, ahí está el aljibe, que nunca le diz que de esta agua no hay de beber. Nicanor: Yo pensaba más bien en unos mates cebaos por usté. Robustiana: Déjeme en paz, Nicanor. ¿No ve que estoy ocupada? Nicanor: Es que usté me cautiva, Robustiana. Sin ir más lejos, el otro día estuve soñando toda la noche con usté… Robustiana: ¿Soñaba de día o soñaba de noche? ¿No estaría mamao? Nicanor: ¡Por favor, Robustiana, no sea cruel conmigo! ¿No ve cómo sufro de amor? Sea güena y déme un beso. Déme un abrazo. Déme una torta frita… Robustiana, rechazándolo: Estas tortas fritas son para un encargo. Cómase una, y le juro por la Virgen de los Milagros que se va a arrepentir. (Sale.) Nicanor: Esta Robustiana es más retobada que una yegua primeriza. (Mira hacia el lugar por el que ha salido Robustiana y recita sus líneas) ¡Mi Tisbe adorada! ¡Mi tierna doncella! Voz de Helena, llamando: ¡Don Manuel! ¡Demetrio! ¡El mate ya está listo! Nicanor toma furtivamente una torta frita de la bandeja y sale corriendo. Escena 5 Helena entra con una bandeja en mano, que apoya en la mesita. La bandeja contiene dos mates, dos tazones de yerba, y una pava. Coloca cucharaditas de uno y otro tarro en sendos mates. Helena: En el mate amargo, yerba y azúcar. En el mate dulce, el gualicho. (Mira por un instante los dos mates, confundida.) No. Al revés. (Invierte los mates de lugar. Coloca otra cucharadita en cada mate.) En el mate dulce, gualicho y azúcar. En el mate amargo, la yerba. (Vuelve a mirar los dos mates, confundida, y vuelve a invertirlos. Llama alarmada.) ¡Robustiana! ¡Robustiana! (Sale corriendo.) Escena 6 Entran Don Manuel y Demetrio. Don Manuel: Moví cielo y tierra para tratar de convencer a tu madre de suspender el proyecto, pero no hubo caso. Dice que la obra hay que presentarla esta misma noche. Demetrio: ¿Y por qué tanto apuro? Don Manuel: Que esta noche hay luna llena, que estamos en pleno solsticio de verano, y qué sé yo cuántas otras necedades. Demetrio: ¿Así que una tragedia romántica, eh? Don Manuel: ¡La tragedia de un amor imposible! Demetrio: ¿Y el papel de Tisbe? Don Manuel: Lo va a hacer uno de los peoncitos, disfrazado de mujer. ¿Te imaginás a Nicanor arrodillado a los pies Mamerto? (Se arrodilla muy dramáticamente frente a Demetrio.) "¡Doncella! ¡Luz de mis ojos!" (Don Manuel y Demetrio se ríen; los dos se sirven y toman los mates con el gualicho) Entra Robustiana. Don Manuel y Demetrio la observan un instante, en muda contemplación. Don Manuel, cayendo de rodillas: ¡Doncella! ¡Luz de mis ojos! Demetrio, cayendo de rodillas: ¡Razón de mi ser! Don Manuel: ¡Faro de mi sueños! Demetrio: ¡Dicha de mi vida! Don Manuel, tomándola de un brazo y acariciándola: Robustiana, tu nombre está escrito en las estrellas. En la madrugada, cuando canta el gallo, sólo canta tu nombre. Por la tarde, cuando las vacas mugen, sólo mugen tu nombre. ¡Y a la noche, cuando los chanchos gritan, sólo gritan tu nombre! Demetrio, tomándola del otro brazo: Robustiana, son tus ojos las dos estrellas que alumbran el chiquero. Tu pelo es suave como las crines de una yegua. Tu voz es cálida como el croar del sapo. Robustiana, asombradísima, intenta quitárselos de encima: ¿Y estos dos qué bicho les picó? Don Manuel: Robustiana, te juro que te amo. Demetrio: Robustiana, te juro que te adoro. Robustiana sale corriendo: ¡Ña Tita! ¡Ña Helena! ¡Socorro! Don Manuel sale corriendo detrás: ¡No seas tímida! ¡Júrame que me amas! Demetrio sale corriendo detrás: ¡Y nuestros labios sellarán esa promesa! Escena 7 Los Tres Peoncitos entran desde el fondo de la sala, con la misma coreografía, bombo y pañuelos que en la Escena 1. Nicanor lleva a la cintura una rústica espada: dos pedazos de madera clavados en cruz. Los tres suben al escenario y, tras la coreografía, proceden a identificarse. Eleuterio: ¡Ave María Purísima! Nicanor y Mamerto, al unísono: ¡Sin pecao concebida! Eleuterio: ¿Alguien los vio venir? Nicanor y Mamerto, al unísono: ¡Naides! Eleuterio: ¿Juran guardar secreto? Nicanor y Mamerto, al unísono: ¡Juramos! Los Tres Peoncitos se quitan los pañuelos. Eleuterio: Y güeno. ¿Se estudiaron las partes? Mamerto: Sí, pero mí se me juna que hay un problema con la obra. Eleuterio: ¿Un problema? Mamerto: Acá dice que Don Eleuterio entra disfrazao ‘e león. ¿Y qué va a pasar cuando el mujererío vea al león? ¡Se va armar un fiero desparramo! Nicanor: Mamerto tiene razón. Lo que necesitamos es una alvertencia. Eleuterio: ¿Una alvertencia? Nicanor: Eso mesmo. Antes de hacer su parte, que el león encare al público y diga: "Señoras y señores, no me tengan miedo. No soy un león de endeveras. ¡Yo soy don Eleuterio Gutiérrez, un pobre peón de estancia! Eleuterio: Muy bien; así se hará. Y ahora, a ensayar. Vos Tisbe, en el centro de la escena. Y vos Píramo, la tomás de la mano. Mamerto se para en el centro de la escena, de frente al público. Nicanor lo toma de la mano desde un costado, pero Mamerto no lo mira, sino que mira hacia el frente. Nicanor y Mamerto representarán a Píramo y Tisbe de una manera muy dramática y exagerada. Pretenden ser serios, pero resultan ridículos. Eleuterio, a un costado, controla la exactitud del diálogo con una copia del libreto. Nicanor, en tono muy dramático: Exhalan las rosas sus tiernos dolores. Eleuterio: Olores Nicanor: Dolores Eleuterio: ¡¡O-lo-res!! Nicanor, recobrando el tono trágico: Exhalan las rosas sus tiernos olores, Nicanor sale con la mano en visera sobre los ojos y en puntillas, como si saliera a ver, fuera de escena, si alguien los espía o si están en peligro. Mamerto hará todo el papel de Tisbe en voz de falsete. Sigue mirando al frente:
¡Mi Píramo ardiente! ¡Píramo de lirio! Nicanor vuelve a entrar y corre hacia Mamerto: ¡Mi Tisbe adorada! ¡Mi tierna doncella! Eleuterio se levanta enojado: ¡No! ¡Entuavía no! ¡Tenés que esperar que Mamerto termine de recitar su parte! Mamerto tiene que decir "¡Espérame allí!" Recién entonces te toca dentrar. ¿Me entendés? Durante la explicación de Eleuterio, Nicanor agarró otra torta frita de la bandeja y empezó a comerla. Nicanor, con la boca llena: ¡Ah! Aúra caigo. Está bien. Eleuterio: Y basta ‘e tortas fritas. No se puede ensayar con la boca llena. Vamos, Nicanor, otra vez desde el principio. Nicanor y Mamerto otra vez se colocan en posición. Nicanor: Exhalan las rosas sus tiernos olores, (Vuelve a salir con la mano en visera sobre los ojos.) Mamerto, siempre en falsete y mirando al frente: ¡Mi Píramo ardiente! ¡Píramo de lirio! Eleuterio: De Nino. Mamerto: Del niño. Eleuterio: ¡¡La tumba de Ni-no!! Mamerto: Al claro de luna será nuestro tálamo Nicanor vuelve a entrar, esta vez convertido en lobizón. Lleva orejas de lobo y tal vez bigotes de tigre. Su aspecto es más ridículo que monstruoso. Vuelve a tomar a Mamerto de la mano, pero Mamerto todavía no lo mira. Eleuterio está siguiendo el libreto con la vista, y tampoco se da cuenta del monstruoso aspecto de Nicanor. Nicanor: ¡Mi Tisbe adorada! ¡Mi tierna doncella! Mamerto, tendiéndole la mano: Serás mi jinete. Seré tu corcel. Nicanor besa la mano de Mamerto. Finalmente Mamerto gira la cabeza y, al ver el aspecto monstruoso de Nicanor, lanza un grito de horror. Eleuterio levanta la vista y también se asusta. Mamerto: ¡Aaaahhhh! ¡Un lobizón! Eleuterio: ¡Se ha emperráo! ¡El Nicanor se ha emperráo! Mamerto: ¡Juyamos! ¡Juyamos! Mamerto y Eleuterio bajan del escenario y salen corriendo, espantados, por entre el público. Escena 8 Nicanor: ¡Don Eleuterio! ¡Mamerto! ¡No me dejen solo! (Se palpa la cabeza y se descubre las orejas.) ¡Diantres! ¿qué ha pasáo? (Se mira en un espejo). ¡Aijuna, cómo es posible! ¡Si parezco un lobizón! Tranquilo, Nicanor, Tranquilo. Lo más importante es mantener la calma. Cuando era gurí y había tormenta, mi agüela siempre me decía que pa’ quedarse tranquilo, no hay nada como una guitarra y una canción. (Toma la guitarra y se pone a cantar. Tal vez se siente en el borde mismo del escenario, bien cerca de la platea. El acompañamiento que toque en la guitarra bien puede ser la música de una payada.) Nicanor: El Tata Dios es muy sabio, (Doña Tita entra por atrás, sin que Nicanor la vea. Se sienta y escucha, divertida, la canción de Nicanor.) Nicanor: La letra de esta payada, Durante la segunda estrofa, Doña Tita decide servirse un mate. No hace más que tomarlo, y se siente irresistiblemente atraída a Nicanor. Empieza a caminar hacia Nicanor, que todavía se cree solo. En cuanto termina la payada, empieza a acariciarle, desde atrás, las orejas de lobizón, los hombros, la cabeza. Doña Tita: Sigue cantando, Nicanor, que cuanto más te escucho más rápido me late el corazón. Nicanor, temeroso: ¡Ña Tita! ¡Qué susto que me dio! ¿Y usté… usté no le tiene miedo a la luz mala? Doña Tita, con clara intención amorosa: Yo soy la luz buena, Nicanor, y estoy esperando el momento justo para iluminarte con un beso. Nicanor retrocede nervioso: Pero Ña Tita, ¿qué va pensar el Patrón? Doña Tita, apasionada: ¿Patrón? Tú eres mi único patrón. Tú eres mi único destino. Primero cautivaste mis oídos, después cautivaste mis ojos. Y ahora, mientras demos este paseo, te juraré un amor más eterno que la luz de las estrellas. Nicanor, nervioso: ¿Paseo? ¿Qué paseo? Doña Tita, mientras arrastra a Nicanor fuera de escena: ¡Un paseo en sulky, Nicanor! ¡Tú y yo en sulky por el campo, con el cielo como el único testigo! (Salen.) TELÓN - INTERVALO
ACTO SEGUNDO Escena 1 Se abre el telón. Demetrio, reflexivo, termina de escribir en una hoja de papel usando una antigua pluma de ganso. Se pone a leer en voz alta. Justo en mitad del poema, entra Helena. Demetrio, leyendo: La luna brilla de noche, Helena, arrancándole el poema de la mano: ¿Robustiana? ¿¿Robustiana?? ¿Es ella la razón de tu desprecio? ¿Es ella la razón por la que vinimos a la estancia? Demetrio: Helena, no lo niego. Yo Robustiano soy, y a Robustiana amo y en Robustiana vivo. Helena, enfurecida: ¡Esa arpía me prometió devolverme el amor y todo lo que hizo fue terminar de robármelo! Entra Robustiana, agitada: ¡El gualicho, Ña Helena! ¿¿A quién le ha dado el gualicho?? Demetrio, con los brazos abiertos, se dirige hacia Robustiana: ¡Razón de mi ser! ¡Dicha de mi vida! ¡Ven a mis brazos, Robustiana, y jura sobre mis labios que tú también me amas! Helena trata de bloquear a Demetrio: ¡Traidor! ¡Embustero! ¿Es este el amor que me juraste en el altar? Don Manuel entra corriendo detrás de Robustiana: ¡No huyas, Robustiana! ¿No te das cuenta todavía de que mi amor es más genuino que un diamante? Helena: ¿¿Don Manuel?? Don Manuel: Helena, Demetrio: Ustedes pueden amarse si así lo quieren, pero no se interpongan entre mí y la mujer de mi vida. Demetrio: ¿Qué dices, insensato? ¿No ves que Robustiana es la mujer de mis sueños? Don Manuel: Esa es una afrenta que no puedo permitir. (Tomando una espada) ¡Si es cierto que la amas, toma una espada y lucha como un hombre! Demetrio, tomando otra espada: ¡Defenderé mi amor hasta el último latido de mi pecho! Don Manuel y Demetrio forcejean. Demetrio empuja a Don Manuel al suelo. Aunque Robustiana intenta evitarlo, Demetrio aprovecha para robarle un beso. Don Manuel, poniéndose de pie: ¡Tu insolencia quedará ahogada en un charco de sangre! Demetrio, volviendo en sí: ¡Helena! ¡Mi esposa! ¡El único objeto de mi afecto! (Corre a los brazos de Helena y se besan apasionadamente.) Don Manuel, todavía blandiendo la espada: ¡Al duelo, Demetrio! ¡Te estoy esperando! Demetrio: ¿Por qué habría de batirme por Robustiana cuando tengo en mis brazos todo lo que quiero? Don Manuel a Robustiana, exaltado: ¡Entonces… eres sólo mía! ¡Este el comienzo de nuestro cuento de hadas! (Aunque Robustiana retrocede e intenta evitarlo, Don Manuel la abraza y le roba un beso. El beso se ve interrumpido por el ruido de disparos, cacareos y mugidos.) Voz de Nicanor: ¡Socorro! ¡Socorro! Entra Nicanor, agitado. Ya no lleva las orejas ni los bigotes de lobizón. Lo persigue Doña Tita con un rifle. Doña Tita: ¡Me las vas a pagar, atorrante! Don Manuel, volviendo en sí: ¡Tita! Doña Tita, casi llorosa: ¡Manuel! (Suelta el rifle y se consuela cariñosamente en los brazos de Don Manuel) No me vas a creer lo que hizo Nicanor. ¡Este pícaro intentó besarme! Don Manuel, indignado: ¡Ah, sotreta! ¡Esta sí que me la vas a pagar bien cara! Nicanor, de rodillas: ¡Piedá, Patrón, piedá! ¡Le juro por lo que más quiera que la idea jue de Ña Tita! Robustiana, conciliadora: ¡Y bueno…! ¿Qué importa de quién jue la idea? Lo pasado, pisado. Lo que único que importa es que aúra todo queda perdonado. Ya son como las once de la noche y me parece que la peonada está lista pa’ presentarnos una obrita de tiatro. Don Manuel, complacido: Robustiana tiene razón. Todo el mundo a sentarse. ¿Y, Nicanor? ¿Van a presentarnos de una buena vez ese bendito zafarrancho? Nicanor, llamando: ¡Don Eleuterio! ¡Mamerto! ¡Ave María Purísima! Voces de Eleuterio y Mamerto, respondiendo al unísono: ¡Sin pecao concebida! Escena 2 Entran Eleuterio y Mamerto. Eleuterio entra con el Muro, ya sea en las manos o colgado sobre los hombros. El Muro son dos pedazos de cartón unidos por dos tiras paralelas; al colgarse sobre los hombros, convierten a Eleuterio en una especie de hombre-sándwich o anunciador callejero. Los cartones tienen ladrillos pintados. Mamerto aparece disfrazado de Tisbe y se ha puesto, sobre sus pantalones, una larga falda; lleva también una peluca y un pañuelo o mantilla sobre los hombros. En uno de los sofás se sientan Don Manuel y Doña Tita, del brazo o de la mano. En el otro, también abrazados, se sientan Demetrio y Helena. Robustiana también se sienta. Todos aplauden, complacidos, la llegada de los actores. La obrita se teatro será una representación muy exagerada, con Los Tres Peoncitos haciendo papeles excesivamente melodramáticos. Los Tres Peoncitos representarán la obrita y saludarán de frente al publico, aun cuando las dos parejas y Robustiana estén sentados detrás o a los costados. Cuando no están haciendo sus partes, Eleuterio y Nicanor se quedan a la derecha de la escena. Tisbe, a la izquierda. Nicanor ocupa su lugar junto a Eleuterio; lleva a la cintura la rústica espada de madera. Eleuterio se pone en el centro de la escena con su disfraz de Muro: Nobles damas y señores: (Señalando a Nicanor.) Este hombre es el bello Píramo, (Nicanor saluda. Señalando a Mamerto.) Y que esta mujer es Tisbe, (Mamerto saluda.) Yo soy el Muro maldito, Señores, damas, ¡silencio! Nicanor se acerca al centro, recio, con la espada de madera a la cintura: ¡Oh noche siniestra! ¡Oh noche sombría, (Con mucha solemnidad, Eleuterio levanta el brazo y abre los dedos, creando así la ilusión de una grieta.) Gracias, dulce Muro, que Dios te lo pague; (Mira por entre los dedos de Eleuterio.) Mas, cielos, ¿qué veo que no veo nada? (Aparentando indignación, le da una bofetada a Eleuterio con el revés de la mano.) Mamerto se acerca del otro lado. Toda esta escena la recita en voz de falsete: ¡Oh Muro, que sigues sordo a mis lamentos! Nicanor: ¡Mi oreja la mira! ¡Mis ojos la escuchan! Mamerto: ¿No me ves aquí? Nicanor: Bésame, amor mío, por esta rendija. (Nicanor y Mamerto se acercan de los lados y dan un ruidoso beso al mismo tiempo en los dos lados de la mano de Eleuterio.) Mamerto: Sólo beso piedras. ¡Qué amargo sufrir! (Eleuterio hace una mueca de disgusto y se limpia la mano contra los pantalones.) Nicanor: Huyamos, mi Tisbe, del hogar paterno. Mamerto: ¡Huyamos! Mas, ¡cielos!, ¿qué sitio elegir? Nicanor: La tumba de Nino es sitio de amantes. Mamerto: Píramo, el de labios rojo-carmesí: (Todos aplauden de buena gana, Los Tres Peoncitos saludan.) Eleuterio se apresura para cambiarse. Se quita el disfraz de muro, se coloca una melena de león y vuelve al centro de escena: ¡Oh tímidas damas cuyos corazones (Señalándose la cara.) Y ya que esta trucha es falsa y es trucha, (Todos aplauden de buena gana. Eleuterio saluda y deja el centro de la escena.) Mamerto ocupa el centro de la escena: Esta es la tumba del anciano Nino. Eleuterio avanza en cuatro patas y ruge feroz: ¡Oh, oh, oh…! ¡Grrrr! ¡Grrrrrrrr! Mamerto corre y deja caer la mantilla: ¡Ay! ¡Socorro! Eleuterio agarra la mantilla, la muerde, la desgarra, y la deja en el piso. (Todos aplauden de buena gana. Eleuterio vuelve a saludar y deja el centro de la escena.) Nicanor: La luna ya alumbra con rayos solares (Observa y recoge la mantilla.) Mas… ¿Qué ven mis ojos? ¡Un velo con sangre! ¡Maldito el destino que me hace infeliz! ¡Maldita la agencia de 4 y 50 que tardó una hora en mandarme un remís! Mi pobre amigovia a nadie ya agobia. Mi llanto, de espanto, ya riega el jardín. ¡Y tú fiel espada, clávate en mi pecho húndete bien hondo y mátame al fin! (Se das tres estocadas. Cae muerto, pero no sin antes revolcarse exageradamente por el piso, presa de convulsiones. Todos aplauden.) Nicanor vuelve a la vida y pide silencio: Yo ya estoy bien muerto. Mi alma sube al cielo. (Una convulsión más y al final se aquieta. Todos vuelen a aplaudir.) Mamerto se acerca e intenta despertarlo: Despierta, amor mío, ¿por qué no respondes? (Tomándole el pulso.) Su ojos no miran, su pulso no pulsa… (Levantándole un pie y dejándolo caer en seco.) No hay güelta que darle. ¡La pata estiró! (Tomando la espada de Píramo.) Y tú, fiel espada, clávate en mi pecho. (Se da una estocada y cae muerto encima de Nicanor. Todos aplauden. Nicanor y Mamerto se ponen de pie y saludan una y otra vez al público.) Eleuterio, haciendo un gesto para que dejen de aplaudir: ¡El epílogo! ¡Entuavía me falta recitar el epílogo! Cuando dejan de aplaudir, Las Dos Parejas (Obregón y Tita, Demetrio y Helena) empiezan a besarse, indiferentes del diálogo entre Robustiana y Eleuterio. Cuando Robustiana dice "es la hora de la magia," Las Dos Parejas salen de escena, una por la derecha y otra por la izquierda. Salen sin despedirse, indiferentes a lo que ocurre en la escena. Robustiana: ¡Ah, no! ¡Nada de epílogos! Es noche de luna llena y ya casi son las doce. Es la hora de la luz mala y de las ánimas. Por el campo andan liebres y culebras, petipalos y lechuzas. Es la hora de la magia. Así que todo el mundo a la cama, ¿me oyen? ¡Todo el mundo a la cama! (Eleuterio y Mamerto salen corriendo, asustados de Robustiana, uno por la derecha y el otro por la izquierda. Nicanor se ha quedado atrás, tal vez juntando la utilería de la obra, y ahora está solo en medio de la escena.) Excepto usté, Nicanor. Nicanor, sorprendido: ¿¿Yo?? Robustiana: Sí, usté. Es que entuavía me queda una pregunta. Nicanor, nervioso: Y güeno… mejor nos sentamos, así me pregunta más tranquilo. Robustiana: No, entuavía no se siente. Le voy a preguntar de parao. Y más le vale que me conteste la verdá. Nicanor, temblando: ¡Pregunte, Robustiana, pregunte! Robustiana: Nicanor. Mi güen Nicanor. (Camina lentamente hasta el centro del escenario. Toma a Nicanor en sus brazos y le da un beso muy apasionado.) ¿Mate dulce… o mate amargo? TELÓN |