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Entrevista realizada en Lago Salado el 31 de marzo de 1978Esta es una entrevista con el Presidente Hugo N. Salvioli, presidente de la Estaca Quilmes-Argentina. Hoy es el 31 de marzo de 1978, estamos en la sala de conferencias A del Departamento Histórico en Lago Salado, estamos comenzando la entrevista a las 8:45 horas, y el entrevistador es Gordon Irving del Departamento Histórico. Bueno, Presidente, como estábamos conversando, quizás podría empezar a contar su historia hablando de sus antepasados y cómo es que llegaron de Europa a la Argentina. Mis antepasados han sido de origen italiano, en su mayoría. Mis dos abuelos paternos vinieron de Italia a mediados del siglo pasado. Lo mismo ocurrió con mi abuela materna. Sólo mi abuelo materno nació en Argentina, pero también es de origen italiano. Quisiera decir que para mí ha sido una gran bendición que ellos sintieran el deseo y el impulso de venir a América, porque gracias a ellos pude nacer en esta tierra de promisión como es toda América, con las grandes promesas que especialmente se señalan en el Libro de Mormón. Ellos fueron en su mayoría obreros, obreros de campo y mecánicos, técnicos, y fueron gente, hasta donde yo conozco, muy honrada, muy honesta en sus negocios. Mi abuelo paterno fue un hombre muy emprendedor. Él llegó a criar doce hijos, de los cuales uno de ellos, el tercero, es mi padre. Mi abuelo se instaló en la ciudad de La Plata, y por supuesto mi padre también siguió viviendo en esa ciudad. Ahí contrajo enlace en el año 1923 (estoy hablando de mi padre ahora) y en el año 1929, el 26 de junio, vine al mundo. Con respecto a mis abuelos maternos, ellos tuvieron dieciséis hijos, algunos de los cuales murieron en su primera infancia. Mi madre es la mayor de los hijos. No tuvo mucha educación escolar. En aquellos tiempos era muy difícil estudiar, porque con tantos hermanos ella fue solamente a los primeros años de la escuela primaria y después tuvo que salir para trabajar y ayudar en la crianza de la familia. [Página 2] Yo estoy muy orgulloso de mis padres. Me han mostrado siempre, aún antes de conocer la Iglesia, que el camino aceptable para ser alguien en la vida es un trabajo honesto y duro. Honestidad, ése fue el norte de ellos. Yo nací de padres muy pobres pero que han llegado a tener una posición social respetable que nos ha permitido a mi hermano y a mí, que somos los dos únicos hijos, tener una educación y una buena crianza. ¿En qué trabajaba su padre? Mi padre trabajó en construcciones. El ha sido un contratista de trabajos de construcción, especialmente en frentes, frentes de casas. Él ha sido realmente un artesano en eso, en frentes artísticos, que ahora lamentablemente ya no se ven mucho. Se ha perdido la mano de obra de esa especialidad. Mi hermano es mayor que yo, casi cinco años. De la niñez puedo decir que fue muy normal. Puedo decir, como Nefi, que nací de buenos padres. Me han mostrado siempre un buen ejemplo en cuanto a obtener las cosas mediante un trabajo honesto y permanente. Empecé mis estudios primarios y secundarios hasta tener un título de químico industrial allí en los colegios de Argentina y durante veintidós años después trabajé en esta profesión, primero en el laboratorio en Ducilo, que es una subsidiaria de Dupont, de Estados Unidos. Ahí tuve experiencias con la fabricación del rayón, nylon y especialmente en la fabricación del freón, que es un gas de refrigeración y propelente. Ahí hice toda mi carrera prácticamente. Luego de la experiencia de Ducilo, de quince años, ingresé a una fábrica con local en la Argentina, Sintarye, con el cargo de gerente de productos nuevos y desarrollo de nuevos productos. Ahí estuve seis años, hasta que el Sistema de Educación de la Iglesia me llamó para trabajar como reemplazante del hermano Richard M. Smith, quien había comenzado con el programa de seminarios e institutos en Uruguay, en Paraguay y en Argentina. Así que hace como cinco años que está trabajando con seminarios. Un poco más de cinco años estoy trabajando en seminarios, sí. Con respecto a la conversión a la Iglesia, es muy cara para mis sentimientos, porque mi familia fue una de las familias pioneras en la ciudad de La Plata. Mi hijo [Marcelo], que estuvo en la Misión de Rosario, tuvo la oportunidad de tener en sus manos el diario personal del Presidente W. Ernest Young, que era el primer presidente de la Misión Argentina. Entonces me escribió desde su misión relatándome algunos hechos que yo no conocía, porque fueron antes de conocer la Iglesia. Quiero decir que la Iglesia se originó en la ciudad de La Plata por un partido de básquet en el año 1936. Precisamente el 25 de mayo de ese año se llevó un partido de básquet entre algunos misioneros de aquella época con los empleados de lo que era el frigorífico Swift, creo de un capital inglés. [1] [Página 3]
Estuvieron tres o cuatro meses viviendo en un local, pero después tuvimos la bendición de que se mudaran justo enfrente de la casa donde vivíamos nosotros. Eso fue a principios de 1937, más o menos por marzo [3]. Desde entonces empezamos a asistir a la Primaria. Creo que era la única reunión que se llevaba a cabo y el domingo había una especie de Escuela Dominical con los misioneros. Se demoraron dos años desde aquel primer partido de básquet con los empleados del Swift hasta la primera conversión, que fue el hermano Rodolfo Saltalamacchia. Fue el primer miembro, un joven que ahora es un hombre, por supuesto. Fue un miembro del sumo consejo de la Estaca de Quilmes, y actualmente es un consejero en la presidencia de la Rama de Avellaneda. En enero de 1939 se produjo el bautismo de mi hermano, que es mayor que yo, junto con otro grupo de jóvenes y hermanos de aquella época. Mi bautismo se produjo en diciembre de ese mismo año, el 10 de diciembre, y lo hice junto con mi madre. Durante muchos años sólo mi madre, mi hermano y yo fuimos miembros de la Iglesia, pero quisiera relatar un poco acerca de la conversión de mi padre. Mi padre fue siempre muy amigo de la Iglesia, pero nunca sentía la necesidad de unirse, hasta que hace aproximadamente seis años atrás, después de una conferencia que tuvimos del Distrito de La Plata, yo sentí el gran deseo de hacerle un desafío a mi padre. Siempre hablábamos de la Iglesia, pero nunca habíamos concretado alguna reunión formal con los misioneros. Él había pasado un momento muy serio de una enfermedad. Él tenía muy buena salud hasta poco tiempo atrás de mi conversación con él. Cuando le dije que había llegado el momento, yo sentía, de que él pensara más seriamente en las cosas de Dios y que le hacía el desafío de recibir a los misioneros y leer el Libro de Mormón y de tener la experiencia tan vital para nuestras vidas que habíamos tenido el resto de la familia, realmente fue un día muy feliz para mí, porque mi padre aceptó recibir a los misioneros y en un mes leyó el Libro de Mormón y después de un mes de recibir las charlas me pidió que yo lo bautizara y que mi hermano Rolf lo confirmara miembro de la Iglesia. Yo no recuerdo un día más emocionante y más feliz que ése para toda nuestra familia. Ya teníamos mi hermano y yo las familias constituidas, todos miembros de la Iglesia, y fue para nosotros realmente una felicidad ver que el patriarca de la familia también se uniera. Hoy ya es un élder. Tuve también el privilegio de ordenarlo élder en la Iglesia, y yo siempre digo que es uno de los más activos en la familia. Actualmente tiene ochenta años y goza de muy buena salud. Mi madre se [Página 4] mantuvo muy fiel también en la Iglesia y actualmente vive. Este año cumplirá sus setenta y ocho años. Pero su padre demoró treinta o treinta y cinco años en bautizarse. Sí, demoró treinta y cinco años. Para mí ha sido un buen ejemplo a la constancia que hay que tener, y especialmente el buen ejemplo que le pudimos haber dado. En su testimonio dijo de que la Iglesia de Jesucristo tenía que tener algo de bueno, porque él no había tenido demasiado problemas con los hijos, y con la esposa siempre se llevó muy bien. Pero después él adquirió su propio testimonio, después de haber desarrollado la fe y haber seguido los pasos hacia la conversión final. Fue algo muy importante.
Los misioneros comenzaron trabajando con la Primaria. Empezaron a interesar a los padres, pero a través de sus hijos, como pasó con mi propia familia. En ese tiempo era muy difícil para la Iglesia y para los misioneros tener referencias. Tenían muchos amigos, muchas familias que les recibían en la casa, etcétera, pero cuando les hablaban de bautizarse y empezar con esta nueva Iglesia que se instalaba en Argentina, no querían saber mucho. Entonces el crecimiento en la Iglesia fue muy lento. También hablé con algunos de [estos misioneros] ahora, ya de adulto, y ellos me cuentan que no tenían muchos métodos misionales. No tenían una guía, como ahora, de charlas. Ellos estaban trabajando solamente con los libros canónico y con alguna historia, no había películas. Era muy difícil. Yo tengo muy buenos recuerdos, y siempre digo que nunca [podré pagar] a los primeros misioneros, que me han formado a mí y me han mantenido fiel a la Iglesia. Mis años en la adolescencia fueron muy particulares, porque yo era el único joven mormón en la escuela secundaria y era muy difícil mantener los estándards, las normas de la Iglesia frente a costumbres muy distintas de mis compañeros. Lo que me mantenía era el buen ejemplo que me daban los misioneros y también mi familia, donde orábamos juntos. No teníamos seminarios e institutos en ese tiempo, solamente las clases que se desarrollaban ahí en la casa que alquilaban. No había capillas, era todo muy precario, y los únicos libros que teníamos eran el Libro de Mormón, la Biblia, en parte las Doctrinas y Convenios, porque no había sido traducida totalmente, y teníamos un pequeño librito mimeografiado de los Himnos de Sión, que eran muy pocos. Las lecciones también venían mimeografiadas. No había manuales ni había libros de texto. No teníamos nada. Los élderes misioneros tenían sólo los libros canónicos y su testimonio. Quiero hacer un poco de historia: la Iglesia en Argentina demoró casi veinticinco años para obtener el primer millar de miembros. Hoy en día se bautizan casi esa cifra en un mes, en toda la Argentina, y de ahí el crecimiento que podemos experimentar, que podemos ver. [Página 5] ¿Diría que el crecimiento lento al principio se debía al recelo de identificarse con algo nuevo, o a una verdadera lealtad a la Iglesia Católica? No, yo no creo que fuese una lealtad a la Iglesia Católica. El catolicismo no ahondó mucho en la gente, en cuanto a ser un devoto católico. Creo que pesaba mucho, sí, la tradición de sus antepasados: “Bueno, mi padre y mi madre fueron católicos. Yo les causaría un gran disgusto si me uniera a la Iglesia de Cristo. Yo creo lo que ustedes me dicen --generalmente decían-- pero no puedo. No me siento con el valor para dar ese paso." Es por eso que yo honro a los primeros miembros de la Iglesia (no sólo en La Plata, mi ciudad, sino en todo el país) porque realmente ingresar a la Iglesia en aquel entonces era perder tal vez algunas amistades, disgustarse con algunos parientes y sólo quedarse con el testimonio y con la nueva fe que venía por parte de los misioneros y de origen norteamericano. Así que yo tengo mucho honor, mucha gratitud, hacia mis padres que me permitieron a mí y a mi hermano unirnos a esa nueva fe, a pesar de lo que pudieran decir los otros parientes. Mi padre tuvo el gran tino de no bautizarnos en la Iglesia Católica, porque el creía que el bautismo para los niños no era bueno, no era aceptable. Fíjese que el no conocía nada de la Iglesia de Cristo; sin embargo estaba bien orientado. Él siempre decía que cuando nosotros fuésemos mayores, podríamos elegir la religión que más creíamos que era verdadera, pero él no nos iba a imponer una religión. Mi padre había tenido en su niñez algunas experiencias muy tristes con algunos sacerdotes de la Iglesia Católica y vio algunas actitudes muy negativas que hicieron que él después tomara esa actitud para con sus propios hijos. Así que eso para nosotros fue realmente una bendición. Yo considero que fue una preparación para que conociéramos la Iglesia y después nos uniéramos a ella. Se supondría que por ser tan difícil de entrar, de ir en contra de la sociedad y de los familiares y todo, que esos hermanos que entraron tuvieron testimonio muy firmes. ¿Permanecieron los primeros miembros fieles a la Iglesia? Sí. Yo creo que ese fue el principal fundamento. A mí siempre me gusta hablar de cimientos. Cuando hay un buen cimiento, podemos edificar después una gran obra, un gran edificio. Creo que los primeros miembros de la Iglesia, aquellos que pasaron por duras experiencias con su familia pero que mantuvieron la fe, ahí es el mejor fundamento. Tal vez no fueron la gente sobresaliente de la sociedad. Fueron personas humildes, con la preparación escolar mediana, pero firmes en la fe. Yo siempre cito un pasaje en Doctrinas y Convenios que me gusta mucho. Está en la Sección 64, en el versículo 33, y dice, "No os canséis de hacer lo [Página 6] bueno, porque estáis echando los cimientos de una obra grande, y de las obras pequeñas nacen las grandes." Yo creo que así fue. También ahora recuerdo la profecía del Élder Melvin J. Ballard, que en el año 1925 dedicó estas tierras sudamericanas para la promulgación del evangelio. El dijo, más o menos, "La Iglesia aquí en Sudamérica crecerá muy lentamente. No crecerá como crece el girasol, que pronto crece pero también pronto muere. Más bien crecerá como el roble que crece de la bellota muy lentamente pero permanece. Las misiones sudamericanas serán una fortaleza para la Iglesia dentro de algunos años." [4] Yo creo que esto lo estamos viendo ahora, y ahora estoy hablando de Sudamérica en general. Cuando ingresamos con mi hermano y mi madre a la Iglesia, no alcanzaban a 1.000 el número de miembros en Sudamérica. No tengo la cifra hoy, pero entiendo que se ha multiplicado varias veces y creo que las estacas y las misiones que se han organizado son un testimonio del cumplimiento de la profecía del Élder Ballard. Dijo que al principiar la Rama se realizaba nada más que la Primaria y una especie de Escuela Dominical. ¿Tardaron mucho en empezar con las otras reuniones y las otras organizaciones de la Iglesia? Demoraron bastante. Empezaron después con una reunión sacramental los domingos por la tarde. La Sociedad de Socorro tardó dos o tres años en organizarse. Había alguna organización para los jóvenes de tipo boy-scout con salidas, excursiones, etcétera. Pero yo soy un producto de la Primaria. Yo empecé en la Primaria y tengo muy gratos recuerdos de esa organización. Yo me formé en la Primaria. ¿Tardaron mucho en dar el sacerdocio a los miembros o en llamarles a ocupar cargos? Tardaron bastante. Sin embargo, mi hermano fue, creo, el primer presidente de rama en La Plata, y lo hizo bien, a pesar de su juventud. Tenía apenas veintiún años o veintidós años. Pero los misioneros estaban de consejeros de él. Como le dije, no había manuales. Entonces todo tenía que hacerse por experiencia de lo que traían los élderes de aquí, de los Estados Unidos. Pero las actividades se realizaban y poco a poco se fueron llenando los cargos para las demás organizaciones. En ese tiempo teníamos la Mutual (que era un solo organismo para todos los jóvenes), la Primaria, la Sociedad de Socorro y nada más. ¿Se acuerda qué pasó en la Rama durante la Guerra, cuando los misioneros tuvieron que irse? Ya lo creo que me acuerdo. Cuando los misioneros salieron, la Rama quedó en manos de los hermanos locales. Ahí fue cuando mi hermano fue presidente. Había dos misioneros solos, en el tiempo de la Guerra, que no eran norteamericanos. Estaban viviendo en México. Quiero recordar sus nombres: el Élder [Fletcher Stowell] Memmott y el Hermano [Charles Harvey] Call. Ellos fueron los únicos que quedaron en la segunda administración del Presidente Young. También ayudaba un poco Carlitos [Carl] Young, que era el hijo del Presidente Young. [Página 7] Esos pocos élderes ayudaban y viajaban por toda la Misión colaborando con los miembros que habían sido llamados para estar al frente de las rama, no había distritos. Todo se dirigía desde la Casa de la Misión. Pero afortunadamente la Iglesia no se cerró. Siguió adelante, con errores, con equivocaciones, pero con mucha lealtad. Creo que fue una época en que los miembros locales maduramos, un poco a la fuerza. Pero fue muy hermosa esa época, muy desafiante sobre todo. ¿Se acuerda cuál fue el primer cargo que ocupó usted? Sí. Yo fui secretario de la Asociación Primaria. Todavía conservo en mi casa como una de las reliquias el cuaderno donde llevábamos las actas allá por el año 1937, 38. A los nueve o diez años. Sí, era muy jovencito. Era un niño. ¿Qué otros cargos ocupaba en el período de su adolescencia? Bueno, trabajé en la Mutual, también en la Escuela Dominical, como superintendente en aquella época. Tuve muchas oportunidades de trabajar en los distintos cargos y en las distintas organizaciones. Tuve muy buenos maestros, muy buenos consejeros. Yo tengo mucha gratitud hacia un hermano argentino, que en aquella época de los primeros misioneros, allá por el año 1940, 41, vino como misionero part-time a la ciudad de La Plata. Es el hermano Samuel Borén, actualmente representante regional, que vive ahora en la ciudad de Mesa, Arizona. No puedo hablar de él sin emocionarme. Yo creo que él fue para mí un hombre de Dios, uno de los maestros más grandes que he tenido, no solamente por lo que me enseñó verbalmente sino por el ejemplo que me dio. Dice aquí en su esquema biográfico que cumplió una misión de distrito en los años 48 y 49. ¿En qué consistía ese trabajo en esa época? Bueno, era la primera experiencia que quería el Presidente Young dar a los jóvenes para que ayudaran a los misioneros regulares en el campo de la misión. Salimos unos seis o siete jóvenes entre las edades de diecisiete, diecinueve, veinte años, al campo de la misión, pero local. Fue una muy buena experiencia. Golpeábamos puertas en aquel entonces. No había muchas referencias de los miembros, porque los miembros no eran muchos. Colaborábamos en la enseñanza del evangelio en los hogares. Realizábamos algunas charlas, así, colectivas. Recuerdo especialmente una muy buena conferencia sobre el Libro de Mormón que dimos en la ciudad de La Plata. Casualmente ayer estuve en la casa de uno de los grandes misioneros, el que convirtió a mi esposa, el Élder Harvey B. Black. Actualmente es un profesor en BYU y un especialista en [Página 8] métodos instructivos y educacionales. Él fue el que llevó adelante esta conferencia sobre el Libro de Mormón y se hizo muy buena publicidad. Alquilamos un teatro, el teatro más grande en La Plata y fue mucha gente. Creo que ahí empezó la Iglesia a expandirse un poco en la ciudad. Hay algunos miembros en la actualidad que fueron convertidos a través de esa gran obra de conferencia donde se relataron los hechos históricos y religiosos y el gran mensaje que el Libro de Mormón tiene para la humanidad, especialmente para los que vivimos aquí en América. ¿La Plata está a unos cuarenta kilómetros de Buenos Aires, más o menos? No, un poco más, cincuenta y cinco kilómetros. Son cuarenta millas. ¿En esa época de su juventud, había otras ramas entre La Plata y la Capital? Sí, estaba la Rama de Quilmes, que era casi la única cuando [yo] era adolescente. Después empezaron otras en la zona de Bánfield y todo lo demás es historia muy reciente. En esa época de su juventud, ¿tenían ustedes los pocos miembros de La Plata mucha oportunidad para asociarse con otros miembros de la Iglesia? Sí, afortunadamente. Esa fue otra de las ventajas que tuvimos para mantenernos activos en la Iglesia. El presidente Young, y después el presidente Williams y el Presidente Barker, siguieron con el procedimiento de reunir a toda la misión cada seis meses. El punto de concentración era Liniers en la Capital Federal. Era la única capilla que había sido edificada. Más que capilla, era un salón grande. Allá por los años 40, 42, nos reuníamos cada seis meses, no solamente para asistir a conferencias religiosas, sino que tomábamos dos o tres días y había actividades deportivas, de drama, bailes sociales, y después el domingo tres sesiones de conferencia. Era algo muy, muy completo y los mejores recuerdos que yo tengo vienen de aquella época. Para nosotros esperar la conferencia semestral en Buenos Aires era toda una empresa. Era una gran oportunidad para asistir. Y fue muy bueno, porque aprovechábamos para desarrollar talentos, como el drama, había concursos de oratoria. Realmente tengo muy gratos recuerdos de aquella época. Nos ayudaron esas conferencias en nuestra formación. Fue muy, muy grato. Cuando nos reuníamos por supuesto éramos 400 ó 500 en toda la Misión. Éramos muy pocos de todo el país. ¿Diría usted que su testimonio de la Iglesia se desarrolló gradualmente, o hubo algún hecho determinante en eso? Yo creo que fue gradual. Yo pienso que un testimonio se desarrolla en varios pasos. Primero, al escuchar la palabra de Dios, uno va desarrollando poco a poco la fe, la fe que es un don de Dios. Después de la fe llega [Página 9] uno a poseer un testimonio, porque el Espíritu Santo le va indicando que esto es verdad, que esto es error, etcétera. Cuando uno tiene un testimonio, se da cuenta [de] que tiene que ordenar su propia vida. Allí viene el principio del arrepentimiento. Uno puede decir, “Bueno, aquí tengo errores en mi vida, tengo debilidades que tengo que vencer." Después el otro paso es la conversión. La conversión es cambiar de conducta. Si mentíamos, no mentimos más. Si apetecíamos las cosas terrenas, como la riqueza o los honores, ya no nos importa demasiado, porque el evangelio nos enseña que lo más importante no se ve tal vez, que lo más importante son las cosas espirituales. Hay un versículo en Doctrinas y Convenios que quisiera mencionar como una de las grandes enseñanzas que ha venido a mi vida. Fue en la revelación que Thomas B. Marsh recibió del Señor, cuando le indicaba en la Sección 112, el versículo 10, "Sé humilde, porque si eres humilde yo contestaré tus oraciones y te llevaré de la mano." Y en el versículo 13 de esa misma sección le dice que él, que era en ese tiempo presidente del Quórum de los Doce, y sus hermanos en el quórum iban a pasar mucha tribulación y muchas tentaciones, pero que el Señor los iba a buscar palpando y que si no endurecían sus cervices, es decir, si no eran orgullosos y no endurecían sus corazones, Él les iba a convertir y a sanar. Yo me acuerdo haber leído un discurso del presidente Marion [G.] Romney cuando habló de conversión y sanidad. Yo creo que cuando uno esta convertido, bien convertido, uno ha perdido la capacidad para pecar. No desea pecar. Entonces viene el último paso en ese proceso, que es ser sanado. En cuanto al testimonio que adquirí, contestando su pregunta, fue importante cuando por primera vez visitó un apóstol nuestro país. Fue en el año 1948. Fue el élder Esteban L. Richards. Para nosotros fue todo un gran acontecimiento. En ese tiempo asistí a una conferencia que él dio en Liniers y después vino a la ciudad de La Plata, acompañando en ese tiempo por el presidente Valentine, que era yerno del presidente Young. Él dio una conferencia en Liniers acerca del Libro de Mormón, y yo recuerdo que me hice un propósito personal, un desafío, de estudiar más profundamente el Libro de Mormón. Hasta este momento yo había leído en parte, pero me dije, "Hugo, tenés que leer el Libro de Mormón," impulsado por el gran testimonio que [el] Élder Richards había dado. En una semana terminé de leer el Libro de Mormón. Creo que ahí fue cuando sentí que mi testimonio se había asentado, que estaba más firme. Tenía en ese entonces dieciocho años. Entiendo que por un tiempo se le cambió el nombre de la rama a Deseret en vez de La Plata. ¿Por qué sucedió eso? Bueno, aquí hay un poco de connotación política. En el tiempo del peronismo en Argentina se cambiaron muchos nombres de ciudades relativamente importantes a personajes del peronismo. Fue una época muy difícil para nosotros vivir en ese clima, a pesar que no éramos perseguidos como iglesia. Políticamente no estabamos muy de acuerdo con esos cambios de nombre de ciudad, ni menos con poner nombres de personas que estaban vivas, no personajes históricos. Entonces le pusieron el nombre, a la ciudad de La Plata, [Página 10] de Eva Perón. Ella estaba muy enferma en ese tiempo, o había fallecido. No recuerdo bien. Pero era una mujer muy discutida en el país y mundialmente. [5] Entonces en ese tiempo yo era presidente de la Rama de La Plata, y tuvimos que decidir si cambiábamos a Eva Perón o poníamos algún nombre con deferencia a alguna parte histórica de la Iglesia. Entonces consultando con la presidencia de la misión, decidimos que lo mejor era ponerle Rama Deseret. ¿Era difícil evitar en esa época que los miembros se involucraran demasiado en la política o que se preocuparan demasiado de la política? Relativamente. Por supuesto que el peronismo trajo al país un despertar político que los otros partidos políticos no habían tenido. Fue una efervescencia política. Fue muy popular el sistema, pero pensábamos que tal vez no eran los mejores procedimientos. Al principio el país tenía muchas riquezas, mucha reserva, y entonces el gobierno este empezó a dar mucho dinero, sin demandar mucho sacrificio y mucho trabajo. Entonces en pocos años el país comenzó a caer económicamente. Creo que desde entonces no se recuperó el país y es muy difícil actualmente controlar la inflación y especialmente hacer que las personas trabajen y sean responsables, se organicen, etcétera. Yo creo que fue una época muy difícil, pero sin embargo no tuvimos demasiados problemas como iglesia. Algunos políticos del interior cerraron o hicieron cerrar algunas ramas, pero no fue muy grave. Por supuesto que ingresaban de todos los partidos políticos a la Iglesia, pero no había demasiadas dificultades para los miembros en convivir, a pesar de los diferentes matices políticos. Bueno, ya mencionó algo de su presidencia de rama. Quizás podría decir algo de cómo recibió el llamamiento, qué significaba en esa época ser presidente de rama, como se desarrollaba el trabajo, etcétera. Después que cumplí con el servicio militar, que fue en la ciudad de Mar del Plata (estuve un año allá) volví [y] concluí mis estudios. Ahí fue cuando obtuve el título de químico industrial, y entonces empecé a trabajar. Nunca me hicieron el desafío de ser un misionero. No se porqué. Pero creo reconocer el porqué, porque a los veintidós años me llamaron como presidente de la Rama de La Plata. Desde muy joven tuve muchas responsabilidades en presidencia, etcétera. El llamamiento lo obtuve del distrito (ya estábamos organizados en ese tiempo en distritos) y lo acepté. En ese tiempo estaban los misioneros presidiendo el distrito, y en las ramas estaban capacitando a los miembros locales. Usted se imaginará que para mí fue muy difícil. Era muy joven, y si bien es cierto que casi había nacido en la Iglesia, me faltaban muchos conocimientos. Pero siempre tuve la ayuda de algunos hermanos que sabían más que yo, ya que podían ayudarme a resolver los problemas. [Página 11] Me fijo que durante esa época también se casó. Sí, cierto. Fue el 5 de enero de 1955 que nos casamos. Mi esposa fue convertida precisamente por el Élder Harvey B. Black, que ya mencioné, y fue una de las muchachas valientes de aquella época en aceptar el evangelio. Hoy para mí mi esposa es una fuente permanente de inspiración. Fue un gran apoyo en toda mi vida. Creo que si obtuve algo en la vida, se lo debo primeramente a mis padres, que me dieron los elementos para obtenerlo, pero después de casado a mi querida esposa. Actualmente ella está muy enferma, pero es una demostración del gran valor que tiene para enfrentar la adversidad y seguir luchando y hacer su parte como madre y como esposa y como oficial en la Iglesia. Cuando recibió el llamamiento de ser presidente, tenía sólo unos veintitrés o veinticuatro años y era soltero. ¿Le aceptaron bien los miembros? A mí sí. Realmente no tuve muchos problemas, a pesar de tener consejeros que eran casados y eran mayores que yo. Tal vez mi manera de conducirme me facilitaba. Yo acepto que me enseñen otros, aprendo de todos (tengo tanto que aprender todavía), y no tuve mayores problemas. En general me aceptaron los hermanos. Por lo menos yo no me enteré [de] que hubiese pasado algo. ¿Se daba en esa época mucho énfasis a los programas del sacerdocio? Relativamente. En ese entonces no lo teníamos tan claro como ahora. Se trabajaba en genealogía, la obra misional, pero no se tenían tan presente y tan bien instruidos como en la actualidad. Yo creo que el gran impulso de la Iglesia en Argentina fue a partir de los años ‘55, ‘60. Con eso no quiero dejar de reconocer lo que han hecho los presidentes anteriores, que han sido una época tan difícil. Quiero mencionar, entre todos, a uno en especial que influenció más que nadie en mi vida. Fue el Presidente Harold Brown, para mí un gigante espiritual. Muy joven él fue llamado como presidente de la misión (tenía apenas treinta y dos, treinta y tres años), pero nunca vi una sabiduría y una fuerza unidas en un solo hombre como él. Yo creo que él fue el que organizó la misión (fue el gran administrador) y fue el que empezó a confiar en los miembros locales, otorgándoles cargos, pero a la vez capacitándolos. Yo creo que respecto a la historia de la Misión, hay que hablar antes de la administración del presidente Brown o después de la administración del Presidente Brown. Fue algo muy, muy importante. El Presidente David O. McKay vino a Argentina en el ‘54. Quizás podría decir algo de ese acontecimiento en la misión. Realmente fue algo notable. Fue para todos los miembros de la Iglesia la mayor experiencia que podíamos vivir. Reconocíamos en él a otro gigante, un gigante espiritual, y que pisara nuestro suelo fue una de las más grandes bendiciones. [Página 12] Recuerdo que el presidente de la misión, a la sazón el presidente Valentine, nos invitó a una recepción en la casa de la misión (en ese tiempo yo también estaba como presidente de la rama), y nos juntamos ahí un grupo de hermanos y confeccionamos un pergamino y compramos un ramo de flores. En un momento de la recepción nos presentamos a él, frente a su esposa, y lo había acompañado en esta oportunidad su hijo Roberto, que oficiaba de intérprete. Roberto había sido misionero en Argentina algunos años antes. Entonces cuando le hicimos la presentación, recuerdo que en el pergamino había un dibujo de una capilla. En ese tiempo no había ninguna capilla en Argentina, nada. Entonces cuando le entregamos el pergamino, él expresó más o menos estas palabras: "En el nombre de mi esposa y de mi hijo Roberto y en el mío propio, acepto y aprecio mucho este presente que ustedes me hacen. Pero más lo acepto porque me doy cuenta [de] que ustedes aman al evangelio de Jesucristo." No me voy a olvidar jamás de esas palabras. Y al ver el dibujo ese de la capilla, dijo, "Me doy cuenta [de] que ustedes están pensando en tener una casa propia en el futuro. Yo quiero decirles que van a tener muchas capillas como esta en años venideros y la Iglesia crecerá mucho, pero será mediante la fidelidad y de la dedicación de ustedes." Después de esa recepción, al otro día, tuvimos en uno de los teatros más importantes de la ciudad de Buenos Aires, el Teatro Cervantes, una conferencia para toda la misión y para todos aquellos que quisieran ir. Se llenó el teatro. El presidente McKay dio un mensaje de tipo misional y tengo ese discurso bien documentado en mi diario como una de las reliquias que puedo tener. Pero, como ya le digo, fue una experiencia espiritual notable la visita del presidente McKay a la Argentina. Mencionó que no existía ninguna capilla en esa época. En La Plata, ¿qué lugar de reuniones tenían? Bueno, eran casas, casas normales para la familia. Lo que hacíamos normalmente era tirar alguna pared, y entonces utilizábamos dos o tres piezas contiguas para tener las reuniones. Y así estuvimos mucho tiempo. La primera capilla en La Plata se construyó en el año 1960, por ahí. Así que estuvimos muchos años viviendo en casas particulares. ¿Hay algo más en cuanto a su experiencia como presidente de rama que sería interesante agregar? Yo creo que no. Bueno, dice aquí que después era consejero en la presidencia del Distrito de La Plata por un año quizás, y después presidente por siete u ocho años. Siete años. Quizás podría decir algo de sus actividades en el Distrito de La Plata y del progreso que logró el distrito. [Página 13] Bueno, en esos siete años pudimos ver un crecimiento en la apertura de nuevas unidades. Eso fue muy importante, porque de dos pequeñas ramas que teníamos al principio se empezaron a organizar otras, por ejemplo en la zona de Bánfield, en Avellaneda, Lomas de Zamora. Entonces la obra se fue expandiendo en lo que hoy es el radio de la Estaca de Quilmes. En ese tiempo también tuve la oportunidad de ser un miembro del Consejo de la Misión. Cada presidente de distrito de todo el país se reunía una vez por mes con la presidencia de la misión. En ese tiempo estaba el Presidente Snelgrove. Y creo que ese [tiempo] también marcó un hito en el progreso de la misión y de la Iglesia en Argentina, porque nos congregábamos de todas partes, venían de Mar del Plata, Bahía Blanca, Rosario, La Plata, los principales centros, la Capital Federal por supuesto, y ahí nos reuníamos y presentábamos nuestros problemas y ganamos también conocimiento de las experiencias de otros. Fue algo notable realmente, y nos despertaba a nosotros algún interés especial o en procedimientos que podíamos seguir para hacer que la obra progresara. Yo creo que fue notable esa época. Ese consejo duró toda la administración del Presidente Snelgrove y también parte de la administración del Presidente Strong. Cuando llegó el Presidente Strong fui relevado como presidente de distrito y pasé a trabajar en el orden local. Fui a una rama muy pequeña, cerca de La Plata, la Rama de Tolosa, que posteriormente se cerró. Fue para mí una experiencia también que después de haber trabajado tantos años viajando por muchos lugares, llegué a ser el superintendente de la Escuela Dominical por un año en esa ramita que tenía veinticinco miembros más o menos. Pero fue lindo trabajar allí. Ya era casado, por supuesto, tenía los dos hijos mayores. ¿Qué trabajo estaban realizando los distritos en esa época frente a las ramas? Bueno, era solamente de administración, administración y capacitación. Nos reuníamos en lo que hoy podríamos llamar una reunión de obispos. Antes eran reuniones de presidencias y reuniones de oficiales en general, de organizaciones auxiliares también. Entonces venían los hermanos de la misión a capacitar a los hermanos del distrito y de las ramas. Era doble la capacitación. Y nosotros en el distrito después lo que hacíamos era acompañar esa capacitación que recibíamos de la misión ayudando, colaborando, especialmente con los informes y toda la parte administrativa, que fue muy difícil que comenzara a funcionar normalmente. Y por supuesto atendimos toda la parte espiritual relacionada con el bienestar de los miembros. Yo creo que se hacía prácticamente todo lo que la Iglesia hoy demanda de las estacas, pero en escala menor, porque la experiencia también era mucho menor. Entiendo que más o menos en la época del presidente Snelgrove empezó a cambiar el ritmo de bautismos, que se aceleró mucho el trabajo misionero. ¿A qué se debió eso y qué resultados produjo? [Página 14] Yo creo que la administración del Presidente Snelgrove comenzó este gran programa de “cada miembro un misionero” patrocinado especialmente por el Pte. [David O.] McKay. Creo que fue una época de grandes misioneros que salieron bien preparados, bien capacitados, con buenos métodos misionales, y que también despertaban en los miembros la responsabilidad de compartir el evangelio. Así fue que hubo una gran cantidad de bautismos. El campo estaba listo para la siega. Para esa época la Iglesia comenzó el gran programa de edificación de capillas, porque la preocupación no era solamente traer miembros a la Iglesia, sino que el problema era el edificio donde nos íbamos a reunir. Muchos de ellos flaqueaban en sus testimonios porque las comodidades eran muy precarias. Entonces se tuvo que comenzar con el gran programa de construcción. Y así fue. Yo creo que fue en la época del Pte. Snelgrove que comenzaron a edificarse centros de reuniones y capillas por todas partes. Eso también dio un gran impulso. Yo creo que cada capilla equivale a un buen número de misioneros. En algunas partes del mundo en esa época los misioneros se apresuraron quizás demasiado en bautizar, y los conversos no permanecieron. ¿Fue así en Argentina, o fue un crecimiento más sólido? No, también fue así en Argentina. Hubo períodos de grandes cantidades de bautismos pero también de gran inactividad en la Iglesia. Yo creo que no se esperaba demasiado a que obtuvieran un testimonio. Yo pienso que a los misioneros no les podemos mandar a que conviertan a la gente. Pero como ya vimos antes, la conversión es un cambio muy profundo que viene con el tiempo, pero sí [podemos esperar] que [los nuevos conversos] tengan un testimonio, un testimonio de que Dios vive, [de] que estamos en la última dispensación, de que José Smith fue el profeta de la restauración, de que tenemos actualmente un profeta, etc. Y eso muchas veces no se tenía en cuenta. Entonces la Iglesia comenzó a tener una buena cantidad de inactivos, porque además los programas de hermanamiento no se conocían. Afortunadamente ahora la situación va mejorando. Los miembros y los misioneros están más conscientes de sus responsabilidades. Así que si queremos medir el progreso de la Iglesia en Argentina, el factor importante no sería el número de miembros en cada unidad. Tendríamos que ver otro factor. ¿Cual sería el factor que demuestra el progreso? De los factores que vemos en el progreso de parte de los miembros, uno es fidelidad, otro es espíritu de sacrificio. Yo creo que todas las características que tuvieron los pioneros aquí en Lago Salado cuando llegaron deben incorporarse en otras partes del mundo. Ellos se encantaron aquí con una tierra muy estéril y entonces tuvieron que trabajar muy duro. El espíritu de sacrificio, trabajo, fe, dedicación, yo creo que eso hace el crecimiento y el buen fundamento del crecimiento en la iglesia más que edificios y cantidad de miembros. Entonces si quisiéramos ver una estadística quizás sería un número de personas que está asistiendo a la sacramental, o el número de hermanos que está pagando diezmos. Es difícil de ver eso de la dedicación y la fidelidad. Tenemos que ver estadísticas, [y] quizás ésas serían las estadísticas claves. [Página 15] Bueno, dijo que estaba trabajando en esa ramita de Tolosa. ¿Qué pasó después de esa experiencia? ¿Cuál fue su próximo llamamiento? Lo recuerdo bien. Después de ese llamamiento, cuando la Misión cerró la Rama de Tolosa, volví a La Plata y en esa época se comenzó la construcción de la actual capilla en La Plata y alquilábamos una casa temporariamente. Ahí fui consejero de rama durante seis o siete meses, hasta que me llamaron como presidente de la rama por algún tiempo. Estaba trabajando en esa función (me recuerdo muy bien esto) cuando recibí un llamado telefónico del presidente de la misión. Rex N. Terry. Él había sido misionero allá por los años ‘47 o ‘48, y qué casualidad: yo había sido consejero en la presidencia de la rama en aquel entonces. En ese tiempo el presidente Terry se enfrentó con un problema bastante serio, porque se organizó la primera estaca en Argentina, que fue la Estaca de Buenos Aires; y los consejeros de él fueron a trabajar a la estaca y entonces él se quedó sin consejeros en la misión. Entonces tuvo que recurrir a otros hermanos que vivían fuera de Buenos Aires, porque ellos ya eran estaca. Cuando recibí la llamada telefónica me dijo, "Hugo, quisiera hablar contigo y me gustaría que viniese tu esposa Mónica también.” Lo recuerdo bien porque fue un 23 de diciembre del año 1966. Fui al otro día, Nochebuena, por la tarde, a verlo y ahí él me llamó como consejero en la presidencia de la Misión. Bueno, para mí fue uno de los desafíos más grandes. Yo había tenido cierta experiencia en la Iglesia, pero, según pensaba, nunca para trabajar como consejero de la Misión, viajando y visitando tanto. Sin embargo é1 me dijo, "Hugo, si no aceptas, la Iglesia seguirá su ritmo, pero te perderás la oportunidad de crecer y desarrollarte." Por supuesto yo no me negué. Acepté, como siempre acepté llamamientos en la Iglesia. Debe haber sido una de las experiencias más significativas que tuve, como consejero de la misión a cuatro presidentes de misión, primero el Presidente Terry durante un poco más de dos años; se fue él y estuve como consejero del presidente Verden Bettilyon todo su período; después se fue el presidente Bettilyon y vino Dixon Ánderson, y ahí también estuve hasta que se dividió la Misión Argentina en dos misiones, Buenos Aires Norte, en donde quedó el presidente Dixon Ánderson, y Buenos Aires Sur, y en ese lugar llamaron a mi gran amigo, el presidente Juan Carlos Ávila, actualmente representante regional en la región nuestra de Buenos Aires. Entonces cuando llegó el Presidente Avila me pidió que siguiera como consejero, y así seguí hasta que se organizó la Estaca de Quilmes. Estuve aproximadamente seis meses con él trabajando. Fue muy interesante trabajar con cuatro hombres con personalidades tan distintas, pero hombres de Dios lo mismo. Yo aprendí mucho allí con ellos, no solamente en la administración sino también en cómo resolver problemas, cómo tratar a la gente, cómo capacitar, cómo entrevistar. [Página 16] Eso fue tremendo. Creo que mi testimonio y mis experiencias espirituales más grandes las tuve trabajando como consejero de la misión durante casi siete años. Dice también en su esquema biográfico que también hubo un pequeño lapso de tiempo cuando era consejero del Distrito Río de La Plata. Sí, también, fui consejero del distrito ahí en Río de La Plata. Aunque tiene otro nombre, ese era el antiguo Distrito de La Plata. Sí, el mismo Distrito de La Plata. Tal vez creció un poco más. Se llamó Río de La Plata porque se dividió el Distrito de La Plata. Entonces se dividió en el Distrito de Bánfield y el Distrito Rioplatense, abarcando Quilmes, La Plata, Varela, etcétera. Bueno, como dijo, cada presidente de misión tenía una personalidad y unos talentos muy distintos. A lo mejor tenían distintos sistemas de trabajar también y quizás distintas metas. Tal vez podría caracterizar el trabajo y las contribuciones de cada uno de esos cuatro presidentes con que trabajó. Sí. Vamos a ver si lo recuerdo. El presidente Rex Terry fue un gran organizador, un hombre muy ordenado, trabajando con agendas y con schedules bien definidos. Era muy serio en su trabajo, muy recto, demandaba mucho a los hermanos el sacrificio. Era muy fuerte, tenía un fuerte testimonio, era una personalidad bien definida, tal vez porque había estado en la Guerra. Tuvo un accidente en el brazo en la Segunda Guerra Mundial; estuvo muy cerca de la muerte muchas veces. Él me contó varias experiencias que tuvo en la Guerra, muy serias, pero que afortunadamente pudo salvar su vida. Fue un hombre de Dios realmente. Después el Presidente Bettilyon era otra personalidad distinta. Él había sido misionero en Argentina, pero fíjese que es interesante esto, porque llegó a la Argentina y tenemos que decir ahora que la Iglesia en Argentina se originó en un ambiente de gente alemana, una colonia alemana, y él fue destinado a trabajar con ellos. Pero era gente que hablaba poco español, y entonces él tuvo que aprender alemán, estando en Argentina, y sólo trabajó seis meses con los argentinos. Así que lo que él aprendió treinta y cinco años atrás, cuando fue llamado a la Misión, para volver a la Argentina era muy poco lo que sabía, lo que recordaba del idioma español. Yo creo que para él fue uno de los desafíos más grandes presidir una misión sin conocer bien el idioma. Se apoyó mucho en nosotros, en los consejeros. El tenia plena confianza en nosotros y los primeros seis meses él prácticamente no habló, no pudo expresarse bien, leía sus discursos. Después fue ganando conocimiento, estudió español en la Misión. Él es un abogado y yo aprendí mucho de él en cuanto a la parte legal de la Iglesia, cómo tratar a las personas con problemas morales, como enfocar los tribunales en la Iglesia. Era una maravilla. Era un hombre [Página 17] muy espiritual, muy justo, muy recto y también muy serio. Tengo gratos recuerdos de él. Actualmente el vive en Bountiful, y cada vez que vengo a Lago Salado, su casa es mi casa. Guardamos muy buena relación de amistad con el Presidente Bettilyon. El Presidente Dixon Ánderson vino conociendo el idioma a las maravillas, porque él era y actualmente es un profesor de la lengua española en BYU. Fue una muy buena experiencia. Era un hombre más joven que los dos anteriores (tenía mi edad, más o menos) pero con un trato amable, muy espiritual. El podía relatar algunos antecedentes de sus [antepasados] muy buenos, de la época casi de los pioneros, en algunas ramas de su familia. Estaba bien fundamentado en la Iglesia. Había logrado organizar una muy buena familia. Y durante su administración se organizó la Estaca de Quilmes. El presidente Juan Carlos Ávila es un hombre que ingresó casi junto conmigo en la Iglesia, pero en Buenos Aires. Tenemos mas o menos la misma edad. Él se mantuvo también fiel, junto con su hermano, de quien es mellizo, en la Iglesia. Somos amigos desde la niñez casi con ellos. Guardamos una amistad y una hermandad pura y lo cuento como uno de mis mejores amigos. Yo creo que hay pocos hombres tan espirituales, tan bondadosos, como el presidente Juan Carlos Ávila. Es una maravilla. Eso es con respecto a las características de los presidentes de misión. Siempre antes había trabajado en rama o en distrito. ¿Diría usted que trabajar en una misión le dio otra perspectiva del trabajo, de la obra? Oh sí. La visión de la Iglesia se acrecentó. Además de conocer lugares, pude comprobar las necesidades locales en todo el sur del país. Ellos tenían necesidades distintas a las nuestras, a las de las grandes ciudades, y pude aprender de que hay que asistirlos de acuerdo con los problemas que tienen, con sus necesidades. Aprendí que no hay que teorizar tanto, que hay que ir a las cosas prácticas. Uno puede dar grandes discursos, pero con eso no se gana mucho. Hay que sentarse con los hermanos, hay que ayudarles a llenar un informe, hay que enseñarles las primeras letras, los primeros fundamentos, si queremos que esta gente después resuelva sus propios problemas, y tenga un buen fundamento. Yo creo que la principal razón de una misión es ir, capacitar y animar a que trabajen, que tengan fe, aunque sean muy pocos. En las misiones a veces habían ramas muy chiquitas, pero hermanos y hermanas muy fieles ahí. Yo podría indicarles mi origen, y en eso creo que pude ayudar bastante, al decir que yo también me había originado en una rama muy chiquita, pero que ahora teníamos distritos grandes y con perspectivas. Les daba una visión del crecimiento, a veces era un poco más rápido, otras veces mas lento, pero que estábamos en la Iglesia de Cristo y que teníamos que trabajar y dedicarnos duro. ¿Era difícil o sacrificado ese trabajo de consejero en la presidencia de la misión? ¿Tenían que viajar mucho, por ejemplo? [Página 18] S: Demandaba mucho sacrificio. Es por eso que cuando hablo de esa época tengo que tener una gratitud muy especial a mi familia. Casi no tenía fines de semana con mi familia. Y fue difícil. Yo soy muy afectivo. Al principio me costó bastante. Cuando podía, viajaba con mi esposa a los distritos más alejados, cuando íbamos con los coches de la misión. Pero a veces los chicos enfermos o alguna circunstancia especial hacía que ella no pudiera acompañarme. Pero nunca, nunca tuve oposición de mi familia, de mi esposa. Por eso quiero agradecer mucho a ella. Sin ella no hubiese podido trabajar y responder a los llamamientos como tuve el gran privilegio de hacer. Como decía, antes de esa experiencia de ser consejero de la misión, había sido presidente de distrito por varios años. En esa época cuando era presidente de distrito, ¿ya les hablaban de la posibilidad de algún día tener una estaca? Sí. Recuerdo la primera visita del Élder Spencer Kimball. Él viajó varias veces a la Argentina como apóstol, y en una de esas oportunidades (creo que en uno de los primeros viajes de él), llegó a La Plata. Ahí tuvimos una conferencia, muy linda, del distrito, y el en la reunión de oficiales (tengo el discurso todavía) nos habló de los pasos hacia una estaca. Fue muy bueno el discurso. Fue en los años 64, 65, por ahí. Nos dijo la gran bendición de tener estacas, pero también las responsabilidades que acompañaban a esa concreción y qué debíamos hacer para prepararnos. Fue un discurso muy claro. No lo olvido. Fue para mi un gran factor de conocer las posibilidades que teníamos y todavía las necesidades y las faltas. Bueno, entonces durante varios años había estado fuera del distrito, digamos, porque tenía una asignación en la misión. ¿Qué había pasado en el distrito en esa época? ¿Había progresado mucho en cuanto a su preparación para ser estaca? En algunos aspectos sí había progresado. El gran problema que teníamos para no poder ser estaca era el número de miembros. En ese entonces el número de miembros tenía que ser cercano a los 3.000, no como ahora, que pueden estar organizando algunas estacas con bastante menos, 2.000, dependiendo de las circunstancia (el liderismo local, etcétera). Pero lo que se nos demandaba era cercano a los 3.000, y se organizó con casi 2.700 miembros la Estaca de Quilmes. Así que también, por supuesto, no abundaban demasiado los líderes. Pero llegó el momento, y la recomendación del Presidente Ánderson tuvo eco en las Autoridades. Entonces viajó, como sabemos, el Élder Mark E. Petersen, acompañado del Élder Cullimore, Ayudante de los Doce en ese tiempo, para organizar la Estaca de Quilmes. Fue el 14 y el 15 Mayo de 1975. ¿Y el distrito pertenecía a la Misión Buenos Aires Norte? No, a la Misión Buenos Aires Sur. Lo que pasa es que el presidente Ánderson todavía tenía cierta relación. Dije Ánderson, pero tengo que [Página 19] decir también el presidente Ávila. Lo que pasa es que el Presidente Ánderson originó el trámite y entonces el Presidente Ávila después acompañó este hecho. [Usted] Había estado trabajando en la misión. ¿Conocía [usted] muy bien las circunstancias y la gente del Distrito de La Plata? Sí, casi todos. Había unos pocos miembros nuevos que no conocía, pero la mayor parte de los líderes eran de mi conocimiento. Quizás podría decir algo de esa conferencia del 14 y 15 de mayo y las circunstancias en que se organizó la estaca. Recuerdo que nos citaron a todos los que desempeñábamos cargos y llamamientos directivos a nivel de ramas, de distrito, como consejeros de la misión, y entonces empezaban muy temprano a entrevistarnos, el Presidente Ánderson junto con las Autoridades que nos visitaban, y duró bastante. A mí me entrevistaron y a todos los hermanos. Mi hermano Rolf fue llamado como patriarca de la estaca. Cuando me llamaron por segunda vez, después de haber entrevistado a la mayoría de los hermanos, el Élder Petersen me dijo qué me parecía si me llamaran como presidente de la estaca. Yo le dije que me sentía muy humilde e inhábil en muchos aspectos, pero que nunca había dejado de aceptar llamamientos y que en esta oportunidad también lo iba a hacer. Había varios hermanos que podían también haber sido llamados como presidentes de la estaca, tal vez con la experiencia mía y con un buen testimonio, pero el Señor y los hermanos me llamaron a mí. Fue también uno de los días mas excitados que pasé. Esa noche llegue a casa, le conté a mi esposa que el Élder Petersen quiso hablar con ella. El domingo temprano viajamos y nos entrevistó a mis consejeros, a mi esposa y a las esposas de mis consejeros en una reunión especial y les habló a las hermanas, que debían ellas apoyarnos y vivir una vida familiar normal como presidentes, como encargados de dirigir una estaca de Sión. Todas las hermanas se comprometieron y fue una hermosa experiencia estar al lado de un siervo del Señor. De la conferencia del domingo no me voy a olvidar jamás. Fue un mensaje poderoso del Élder Mark Petersen. Nos hablo de las nuevas responsabilidades que caían sobre nosotros y nos invitó a apoyar esta organización. Nos presentó a toda la presidencia y al patriarca y obtuvimos el apoyo de los hermanos de la nueva Estaca de Quilmes. Cuando se organizó la estaca, ¿este fue motivo de muchos cambios? Si, de bastantes cambios. Algunos hermanos tuvieron que ser movidos de otros llamamientos, pero todo se realizó así en forma normal. No hubo disgustos, no hubo antagonismos. Yo creo que en la Estaca de Quilmes vivimos un clima así a nivel de directores, de líderes, muy especial. No hay celos, no hay envidias, los hermanos [Página 20] aceptan a las autoridades. Realmente una de mis grandes bendiciones que tengo que contar, tal vez que no merezca, es que me han aceptado siempre en el llamamiento que he tenido, y eso me ha facilitado mucho mi desempeño en la Iglesia. Es una gran ventaja esto de tener buenos amigos, tal vez por la forma de administrar la estaca. Tratamos de no presionar, sino de motivar, de hacer que ellos comprendan que hay que trabajar, hay que dedicarse, hay que estar puntualmente en las reuniones. Y hay una buena camaradería, con el sumo consejo, con los obispados. En cuanto a la organización ¿hubo muchos cambios, o era nada más un cambio de nombres de distrito a estaca, de rama a barrio, de presidente a obispo? No era solamente un cambio de nombres. Los hermanos asumieron la responsabilidad de un nuevo paso. Ya no dependíamos de la misión. Había que administrar solamente nosotros. En esa época no teníamos supervisores de área como ahora. Teníamos que ver directamente con Lago Salado. Fue un buen desafío, pero los hermanos nos acompañaron a la presidencia de la estaca, y pudimos resolver casi todos los problemas, con asistencia de la estaca, y pudimos resolver casi todos los problemas, con asistencia de la Misión a veces. El presidente Ánderson podía ir indicándonos algunos detalles que no conocíamos, o el presidente Ávila. Él había sido consejero de la Estaca de Buenos Aires, así que nos indicaba algunos procedimientos. Pero en general, yo creo que después de seis meses empezamos a funcionar en forma normal, sin mayores problemas. Donde hubo algunos cambios fue a nivel del sumo consejo. Ahí sí la estabilidad no era muy fuerte, muy grande, porque tentamos que llevarlos a nivel de la rama, para apoyar un poco a las organizaciones, al sacerdocio, al obispado, etcétera. Pero siempre habían algunos otros hermanos que podían venir al sumo consejo, y hoy día tenemos un buen grupo de sumo consejeros, la mayoría de ellos con experiencia como presidentes de rama, como obispos, y es una maravilla cómo nos están acompañando. ¿Diría que la organización de la estaca impactó psicológicamente en gran manera en los miembros o en los líderes de la estaca? No hay duda. No hay duda que eso fue un paso hacia adelante muy fuerte y nos impactó. Ser estaca para nosotros era algo que anhelábamos y llegó el momento y fue una gran bendición. Fue un afianzamiento en nuestros testimonios, y especialmente en nuestros recursos locales. Creo que el desarrollo de la estaca indica que los hermanos han hecho un trabajo relativamente aceptable. En dos años y medio (no tengo la cifra actual), crecimos casi un 50 por ciento en número de miembros. Actualmente tenemos casi 4.200 miembros, a febrero de este año, y partimos con 2.650 o algo así. Así que es un buen crecimiento en cantidad, pero también los hermanos han madurado en cuanto a principios de liderazgo. Hoy en día los obispos dirigen bien las unidades, y tenemos proyectos para abrir otras unidades en la estaca. [Página 21] Además el Élder Wells aprobó la división de la estaca, y también el Élder Monson cuando pasó por Buenos Aires. Solo falta la aprobación final de la Primera Presidencia, y nosotros esperamos que ellos aprueben para que en mayo, ahora en la próxima conferencia, el 14 de mayo, tengamos la bendición de dividir la estaca. Una de las razones principales, además del número de miembros, es que las distancias son bastante grandes. Usted sabe que en Argentina no abundan tanto los coches propios, los medios de locomoción propia. Entre Monte Grande y La Plata hay un poco más de 50 kilómetros; entre Avellaneda y La Plata lo mismo. Entonces para los que tienen coche, eso puede ser, pero para otros que tienen que tomar medios de locomoción particulares o privados, se hace muy difícil. Se pierde mucho tiempo y no se puede asistir ni ayudar a los hermanos con la eficiencia que nosotros queremos. Entonces esa es una de las razones. Al tener unidades más pequeñas puede ayudar mucho más a aquellos que dirigen a nivel de estaca, que con este territorio tan amplio que tenemos actualmente. Después yo le voy a hacer algunas preguntas un poco mas especificas, pero quizás podría decir un poquito más en cuanto al desarrollo o la historia general de la Estaca en estos tres años. Ya ha empezado bien a hacerlo, pero quizás habían otros desafíos grandes que han tenido. Quizás podría decir algo mas de las metas y objetivos que han tenido, de los éxitos que han tenido, de los mayores acontecimientos que han habido en estos tres años. Puedo recordar a uno como uno de los mayores desafíos: Es tener misioneros de la estaca que salgan al campo de la misión, respondiendo al llamado del Presidente Kimball. Fue difícil cambiar un poco la mentalidad no solo de los jóvenes, sino de los padres. En Argentina tenemos el servicio militar obligatorio, y es un año o un año y medio que los jóvenes emplean en esa función. Entonces tienen que interrumpir sus estudios para hacer el servicio militar. Además la mayoría de los jóvenes vienen de familias que no son todos miembros de la Iglesia, donde el padre no es miembro, o la madre. Entonces se hacía difícil hacer que hubiese un apoyo de parte de la familia para que el joven saliera a la misión. Cuando nos organizamos como estaca apenas teníamos cinco o seis misioneros en el campo de la misión. Hoy contamos con veinticinco jóvenes, que casi se han mantenido en forma permanente durante todo el tiempo de la estaca. Así que eso para nosotros es una de las grandes contribuciones que hemos tenido, el campo de la misión. Lo otro que yo veo y que mencioné es la madurez que los hermanos están adquiriendo. Cuando hablo de "madurez" hablo de trabajar y dedicarse en la Iglesia con desinterés, con la responsabilidad, con gozo, y estando preparados. Creo que hemos logrado que los líderes estudien los manuales, que se preparen espiritualmente leyendo las escrituras. Hemos hecho así desafíos, en general para toda la estaca, desafíos que vienen [Página 22] desde lo espiritual hasta la parte física, la salud, el desarrollo intelectual, en el campo social, no solamente para la Iglesia sino que para los individuos. Yo considero que si asistimos al miembro de la Iglesia, estamos ayudando en el crecimiento del Reino. Yo creo que el desarrollo de la Iglesia está basado en el crecimiento de los individuos y de las familias. Hemos tratado de afianzar y de reforzar la unidad familiar. Afortunadamente lo hemos logrado, en gran medida, y hay un buen apoyo familiar a la Iglesia. Están organizados todos los programas, hay buena asistencia por parte del sumo consejo, en genealogía, en obra misional, en bienestar. Es decir, todos los programas están bien representados. Pero deseamos que sea la familia la que esté apoyando a esos programas, más que las ramas en sí. Bueno, quizás podríamos empezar con esta parte del personal ejecutivo de la estaca. Obviamente no tendremos la oportunidad de entrevistarles a ellos, entonces usted hablará en representación de ellos. Quizás podría decir algo de cada uno de los hermanos que actualmente esta sirviendo en el trabajo de estaca, que están aquí en esta lista, y mencionar de qué barrio vienen, más o menos que edad tienen, en qué trabajan, algo de su historia en la iglesia, por ejemplo, cuánto tiempo llevan aproximadamente, si han sido presidentes de rama, obispos, etcétera, y qué asignaciones tienen actualmente como oficiales de estaca. Muy bien. Mis consejeros son el principal apoyo. Somos muy amigos todos. Conformamos un quórum de la presidencia muy amigable. El Presidente Héctor Alejandro Olaiz es mi primer consejero. El viene de mi barrio también. La Plata 2, y tiene cuarenta y dos años. Él es un profesor de física y matemáticas a nivel universitario en la Universidad de La Plata y también en la Universidad Tecnológica. Es un hombre muy preparado, de mucha experiencia en la Iglesia. Conoció la Iglesia cuando tenía aproximadamente catorce o quince años. Se convirtió y es uno de los hombres más fuertes que hay en la estaca. El otro consejero el Presidente Miguel Ángel Mateazzi. Es del Barrio de Quilmes. Es el más joven de nosotros; tiene treinta y tres años. Él es un empleado administrativo, fue misionero en Argentina hace unos años atrás, está casado, tiene dos hijos, tiene un fuerte testimonio. Él se encarga en la presidencia de la estaca de todos los programas para la juventud, especialmente el Sacerdocio Aarónico. El presidente Olaiz esta en la parte de jóvenes solteros, jóvenes adultos. En el sumo consejo Roy Mazzuchi es un hombre de cuarenta y siete años que viene de la Rama de Los Hornos. Fue presidente de esa rama hace aproximadamente tres años. El asistía conmigo a la Primaria en los primeros tiempos de la Iglesia en La Plata. Somos buenos amigos. El es un especialista en genealogía. Yo no creo que haya otro hombre en el país que conozca y que haya trabajado en la obra genealógica como el hermano Roy Mazzuchi. Yo lo respeto como uno de los hombres con el mayor ejemplo y el mayor conocimiento en esta área tan importante. Él trabaja por su [Página 23] cuenta. Tiene un taxi. Tenía antes negocios de electricidad para el automóvil y otras cosas. El hermano Juan Américo Casco viene del Barrio La Plata 2. El es un joven de aproximadamente treinta años o treinta y dos años. Es un empleado en el departamento de construcciones de la Iglesia. Actualmente es supervisor para edificar capillas. Es un joven muy activo, es muy bueno, muy obediente. Actualmente se ocupa de velar por el buen estado de las capillas, el mantenimiento de las capillas. Es nuestro representante. El también antes fue presidente de la Rama de Los Hornos. El hermano Héber Omar Díaz es un uruguayo que hace tres años que está en el país. Viene de la Rama de Monte Grande y tiene treinta y cinco años. Es un hombre que en su país tuvo mucha experiencia como presidente de distrito y es uno de los hombres más profundos y espirituales con que contamos en el sumo consejo. Es una palabra autorizada; cuando él habla, habla con fundamento. Conoce bien la doctrina y los procedimientos. Es un jefe de una carpintería muy grande. Tiene un buen empleo, aunque yo pienso que el podría haberse destacado más. Yo espero que pueda progresar más en lo personal, en la vida privada. Tiene una muy buena esposa y tres chicos. El hermano Herman Dolder es del Barrio La Plata 2 y tiene treinta y dos años. Es un ingeniero electrónico. Es uno de los hombres más preparados, de mayor educación, que tenemos en el sumo consejo. Ha sido un estudiante brillante. A los veintiún años se recibió de ingeniero. Actualmente es un especialista en computación y es el gerente de una de las empresas de computación para terceros, para otras empresas, y es una autoridad en la materia. Lo llamaron para colaborar con el gobierno actual en algunos programas de computación a nivel nacional y él está colaborando ad-honorem en esa especialidad. Es un converso de pocos años, pero ha sido un obispo en uno de los barrios de La Plata, tiene un testimonio bien firme, visitó Lago Salado, pasó por el templo, y ansía poder sellarse con su familia en el templo de Sao Paulo. Hugo Ludueña es un hombre que viene del Barrio de Florencio Varela, tiene cincuenta y cuatro años y es un comerciante. También es un miembro muy antiguo de la Iglesia. Es oriundo de la ciudad de Rosario. Él conoce mucho, tiene mucha experiencia, y es un hombre que siempre esta disponible para visitar, para ir adonde uno le mande. Es muy dedicado y tiene una familia muy buena, todos activos en la Iglesia. Héctor Ferrari es de la Rama de Lanús, con cuarenta y tres años. Tenemos que relevarlo ahora. Hace aproximadamente cinco meses perdió a su esposa, falleció, quedó con dos criaturas muy chicas, y esta pasando por un momento bien difícil para organizar su familia, cuidar a los chicos y trabajar. Él es un empleado del Estado en la parte de bienestar social. Es muy competente, muy serio, muy dedicado. Es un hombre grande. Ha podido afrontar el problema de la muerte de su esposa con mucho valor. Queremos relevarlo para pasarlo a la rama para que trabaje en la rama, para que pueda cuidar y controlar más a su pequeña familia. Él antes fue el primer obispo del Barrio Florencio Varela. [Página 24] Alberto Jeeves es un converso de diez años, del Barrio de Quilmes, y es el mayor en el sumo consejo, con sesenta años. Él es un hombre muy capaz en la parte de auditoría, en la parte financiera, y entonces lo tenemos como el auditor de la estaca. Es muy responsable, visita a las ramas y los barrios y puede capacitar. Él trabaja por su cuenta. Tiene un taller de arreglar elementos domésticos como calefones, heladeras y otras cosas. Florio de Ángelis es el especialista en música. Él es el recurso que tenemos para la música y los coros. Es un director de coro que es muy especial. Cuando tuvimos la conferencia de área en Buenos Aires, él dirigió uno de los grandes coros ahí reunidos. Había más de 600 personas en el coro que él dirigió. Tiene mucha habilidad coral y de música, mucho conocimiento, y es un buen elemento que nos ayuda en la estaca. Él es un empleado de una compañía eléctrica en La Plata. Es del Barrio La Plata 1 y tiene cuarenta y seis años. Fernando Peralta fue llamado hace poco al sumo consejo. El es un hombre relativamente nuevo en la Iglesia y también es joven. Tiene treinta y cinco años y viene de la Rama de Monte Grande. Él es un operario especializado en la empresa Firestone de neumáticos, cerca de Monte Grande. Es un hombre muy responsable. Tiene mucho que aprender, pero tiene la facilidad para aprender y dedicarse muy bien. El hermano Wasil Zyla es un converso de cuatro años, viene del Barrio de La Plata 1, tiene cuarenta y cinco años. Está dedicado al periodismo, a las relaciones y comunicaciones públicas, así que el está a cargo de esa función en la estaca y nos ayuda mucho también en esta parte. Víctor Bottari fue llamado cuando era secretario del Barrio de Quilmes, al sumo consejo. Es un converso de diez años, tiene treinta y tres años, y también es muy responsable y se ocupa de toda la parte administrativa de la estaca, colaborando con los secretarios. Trabaja en una empresa de gas comprimido. Es un empleado administrativo de esa empresa; se ocupa de las cobranzas. Carlos Lazarte es un sumo consejero alternante. Es de la Rama de Avellaneda, tiene treinta y dos años, y él está poco disponible, porque tuvo que retirarse del empleo. Él trabajaba como bombero y tuvo un accidente. Desarmando un compañero de él una de las bombas, durante el período tan trágico en Argentina del terrorismo y demás, le explotó la bomba. Él estaba a dos metros, estaba de espalda, y en el accidente quedó de un oído que ya no escucha nada. Entonces fue casi jubilado. Se retiró. Entonces tiene mucho tiempo y está ayudándonos en cualquier función que necesitamos para la estaca. Es una pena que haya tenido ese accidente, pero pudo salvar su vida. Él antes era presidente de la Rama de Avellaneda. De mi hermano Rolf como patriarca, debo decir que él ha sido un ejemplo permanente para mí durante toda mi vida. Él es mayor que yo, y siempre lo miré a él como una persona muy especial. Actualmente guardamos una buena relación, está haciendo un buen trabajo, bendiciendo a los hermanos de la estaca. Tiene cincuenta [Página 25] y cinco años, y viene del barrio en que yo también vivo, La Plata 2. Él tiene una empresa, una fábrica de radiadores para coches, y tiene una muy buena posición económica. Rubén Ferreyra es nuestro secretario ejecutivo. Viene del Barrio de Bánfield y tiene veinticinco años. El es un agrimensor, uno que se ocupa de la medición de las tierras y tiene buen empleo. Es un joven muy estudioso, que tiene metas bien altas, si sigue estudiando. Es casado ahora, hace un par de años, tienen una nena, y es un joven muy bueno, muy responsable. El hermano Manuel Veiga es el secretario de la Estaca. Es del Barrio de Quilmes, tiene cincuenta y cuatro años, y él es un hermano nuevo relativamente en la Iglesia. Le estamos ayudando para que pueda comprender bien la parte de secretaría. Pero tiene muy buena voluntad, es muy dedicado y muy obediente a la presidencia de la estaca. El es un empleado de la empresa Kolynos en Argentina, de productos cosméticos y medicinales John Weight, creo que es también, me parece. [Página 26] Esta es la segunda entrevista con el Presidente Salvioli. Otra vez estamos grabando el 31 de marzo, volviendo a grabar a las l4:10 horas. En la mañana terminamos de hablar en forma individual del grupo de personal ejecutivo de la estaca. Quizás ahora podríamos hablar un poco de su trabajo en conjunto. ¿Cómo se siente en cuanto a la manera que el sumo consejo esta trabajando actualmente? Actualmente bien. Pensamos que podría tener mas efectividad, pero es más bien un problema nuestro, no de ellos. Tal vez no tenemos todas las entrevistas que debemos tener con ellos para capacitarlos, etcétera. Pero desde hace un año a esta parte, estamos organizados de manera de asignar a los distintos miembros del sumo consejo para que asistan durante tres meses a un barrio teniendo especiales recomendaciones de acuerdo a las necesidades que tiene este barrio, y una vez por mes le asignamos ir a predicar a otros barrios. De manera que tienen una tarea bastante importante y la cumplen en forma aceptable. ¿Hay mucha necesidad de entrenar o capacitar a los miembros del sumo consejo? A algunos de los nuevos, sí, porque son nuevos en la Iglesia y además con poca experiencia. Lo que queremos del sumo consejero es que no sólo conozca su especialidad, su asignación especial, sino que también globalmente conozca de todos los programas de la Iglesia y que se convierta realmente en un recurso efectivo a los obispos y a los presidentes de quórum. En cuanto al secretario, el hermano Manuel Veiga, ¿ha sido difícil el trabajo de informes en la estaca y los barrios? El hermano Veiga es relativamente nuevo en el cargo. El anterior secretario había capacitado bastante bien a los secretarios de los barrios y de las ramas, pero llevamos más o menos un atraso de treinta días, aproximadamente, en obtener los informes correlacionados. Estamos [Página 27] luchando permanentemente para que ese período baje, pero resulta a veces difícil por las distancias y porque hay cambios muy seguidos en los secretarios de los barrios. Eso es lo que demora la hechura del informe. ¿Es un problema el informe financiero? Ahora no. Prácticamente han desaparecido los problemas de entendimiento del informe financiero. Además, nunca hemos tenido problemas con los líderes respecto al manejo de las finanzas, afortunadamente. Ha sido muy bien administrado el asunto de finanzas. Tuvimos, sí, un proyecto especial de una asignación, ni bien nos organizamos como estaca, cuando el Élder Faust nos asignó 10.500 dólares para pagar parte del Templo de Sao Paulo. Como usted comprenderá, es una cifra bastante importante para personas de bajos recursos. Pero ahí fue una demostración realmente del espíritu de sacrificio, del amor demostrado a la obra. En dos años hemos podido cubrir, en el término fijado, con los 10.500 dólares. Esa fue la empresa más importante que tuvimos como estaca, desde el punto de vista financiero. ¿Ha sido difícil el asunto del presupuesto de la estaca? No, no del todo. El presupuesto lo presentamos anualmente a los obispos, y en general cumplen con la asignación que la estaca les fija. No hay problema. Vivimos bien dentro de nuestro presupuesto. Bueno, pasemos a hablar de las diez unidades que componen la Estaca de Quilmes. Quizás podría decir algo de las reuniones con los obispados y las entrevistas que tienen con ellos, de la relación general que hay entre estaca y obispos y presidentes de rama. Bueno, cada miembro de la presidencia de la estaca cuando visita un barrio tiene una entrevista con el obispo, especialmente, y también aprovechamos cuando hay conferencia en ese barrio de entrevistar a sus consejeros. Les hacemos preguntas relacionadas con su vida, para ver si están cumpliendo con las normas de la Iglesia, y en general podemos comprobar que se está viviendo bien. Con respecto a las entrevistas, es difícil mantener un ritmo de entrevistas mensuales, como antes se nos pedía. Hace una semana recibí una carta de la Primera Presidencia donde han disminuido la frecuencia. Ahora piden cada tres meses que entrevistemos a los obispos. Así que eso nos va a permitir hacerlo con mayor regularidad. ¿Diría que sus obispos y presidentes ahora están más o menos bien capacitados? En general sí. Hay algunos con mucha, mucha experiencia, como ya vamos a ver, pero otros son algo nuevos y entonces a ellos ponemos a un sumo consejero muy junto a la presidencia o el obispado, para estar con ellos y resolverles cualquier consulta inmediata. [Página 28] ¿Diría que ellos están bien en cuanto a la parte administrativa de la Iglesia? Sí. Hay un buen nivel, en general, de comprensión de los programas. Ahora [bien], generalmente son hombres muy ocupados. En Argentina actualmente hay que trabajar muchas horas para poder mantener a la familia. Entonces a veces eso resiente el trabajo en la Iglesia. Pero en general hay seriedad, responsabilidad y dedicación por parte de los obispos y presidentes de rama. En su estaca, ¿hacen sus servicios los domingos en la mañana y después regresan en la tarde, o los hacen todos juntos, corridos? Hace aproximadamente dos años quisimos experimentar con el horario corrido, porque teníamos problemas con la asistencia. Veíamos que las familias que venían en la mañana a la Escuela Dominical, por lo general no volvían por la tarde, y viceversa. Entonces pedimos autorización al Élder Faust y también al representante regional y nos permitieron tener esa experiencia. Desde entonces tenemos los horarios corridos, que a nosotros particularmente nos ha beneficiado. Vemos que hay una mayor asistencia a las reuniones en general, especialmente a la reunión sacramental, que si bien es cierto no es demasiado bueno, para nuestra zona es un nivel aceptable. ¿Diría usted que los barrios apoyan bien los programas de la estaca? Sí. Por supuesto que unos más que otros. Depende de los recursos humanos con que cuentan ellos. No le podemos pedir el mismo esfuerzo a una rama pequeña como Los Hornos que a un barrio de La Plata que tiene mucha gente disponible y bien experimentada. Pero en general hacen el esfuerzo de cumplir con lo que la estaca les asigna. ¿Es difícil controlar las fichas de membresía? O sea, ¿tienen muchos miembros en sus fichas desaparecidos o muertos o perdidos? Yo pienso que debe haber aproximadamente entre un 10 y un 12 por ciento que están en los registros pero que no podemos llegar a ellos, porque se han mudado y no han dicho dónde se mudaron. Están perdidos un poco. Es una cosa que nos preocupa. Por lo general estamos recomendando hacer censos cada tanto, dos o tres años. Hemos logrado, consultando con los vecinos, y con otras personas, rescatar y traer a algunos de los que estaban considerados perdidos. Pero siempre es una gran preocupación estos hermanos. Bueno, hemos hablado un poco en general de las unidades. Vamos a pasar a hablar específicamente de las unidades que tienen. Quizás podría decir algo de la historia de cada unidad y de las características que tiene para dar, no sé si lo he traducido bien, en inglés diríamos profile. Un perfil. [Página 29] Sí, un perfil de la unidad y también a la vez un perfil de su obispo o presidente, como hicimos con el sumo consejo: su edad, su profesión, si ha sido miembro por mucho tiempo, los cargos que ha ocupado antes, etcétera. Correcto. Vamos a empezar por los barrios. Hablando de Bánfield, ellos tienen una capilla donde se reúnen y la comparten actualmente con la Rama de Lanús. El obispo es Miguel Ángel Ludueña. Estuvo el año pasado en octubre en Salt Lake, y pasó por el templo. Es un converso de unos diez o doce años y tiene cuarenta y cinco años de edad. Es un comerciante; se ocupa de la venta de herramientas para ferreterías. Tiene una familia todos miembros de la Iglesia, y la esposa es la presidenta de la Sociedad de Socorro de la estaca actualmente. ¿Cuáles son las características del Barrio Bánfield? La característica principal es que fue una rama muy difícil. Sus comienzos fueron con problemas, con chismes, con algunos tribunales. Me estoy refiriendo a ocho o diez años atrás. Oramos mucho y obtuvimos ahí a un hombre, cuando se organizó la estaca, el obispo Uboldi, que hizo realmente un milagro ahí en ese barrio. Él ha cambiado la situación. Él ahora se fue a Brasil. Está en Sao Paulo viviendo cerca del templo. Ahora el obispo Ludueña encontró un barrio bien organizado, que está llevando bastante bien. Florencio Varela es uno de los barrios o de las unidades más nuevas en la estaca. Tiene capilla, una de las capillas ahora mas grandes, ha completado su cuarta etapa. El obispo es Antonio Ogayar. El es un hombre de cincuenta y cinco años y también es un comerciante. Se ocupa de la vente de materiales metalúrgicos. Florencio Varela probablemente sea uno de los barrios de más bajo nivel en la estaca, desde el punto de vista de la educación. No tienen acceso a universidades. Es una zona más bien de clase media para abajo, inferior. Sin embargo, los hermanos son fieles, pero no hay mucho liderismo en Florencio Varela. No hay mucha gente que pueda llevar adelante los programas de la Iglesia. En La Plata 1 tienen una capilla que comparten con La Plata 2, pero ya tenemos la compra de un terreno en la ciudad misma, en la zona norte de la ciudad, un terreno grande, donde también hemos solicitado que se edifique el centro de la estaca que va a quedar de la zona Quilmes-La Plata. Es un barrio numeroso. El obispo Federico Aguilera es gerente de un comercio que vende neumáticos; es muy competente en su profesión. Tiene cuarenta y cuatro años, tiene toda la familia dentro de la Iglesia. La esposa es muy fiel. El año pasado en abril viajaron conmigo, se sellaron en el templo y para ellos la experiencia del templo ha sido muy significativa. Ellos son uruguayos y están viviendo en el país hace aproximadamente doce años. [Página 30] La Plata 2 probablemente sea el barrio más competente. Tiene la gente más preparada y de nivel económico y cultural más elevado. Hay varios universitarios profesionales, y es un barrio fuerte. No tiene problemas con presupuesto ni con ningún tipo de contribución. El plan de bienestar funciona muy bien ahí, tienen el plan del kilo funcionando y pueden todavía ayudar a otros barrios cuando lo necesitan. El Obispo Robert Olaiz es un converso de hace veinticinco años, aproximadamente. Es un hombre muy capaz. Tiene cuarenta y cuatro años, es hermano de mi consejero, y está conmigo aquí en Salt Lake actualmente. Pasó ayer por el templo, recibiendo sus investiduras. El ahora es un director en el Instituto de Religión de La Plata, pero hace dos años atrás era director de un departamento en el Ministerio de Bienestar Social en la Provincia de Buenos Aires. Es un hombre que estudió medicina y conoce muy bien cómo capacitar a la gente en cuanto a los problemas de salud y a la prevención de enfermedades. Además es muy buen maestro y gran administrador. El Barrio de Quilmes es el barrio más grande de la estaca. Tiene capilla. Fue la primera capilla de la estaca, que se construyó no con bloques sino a la manera tradicional de la Argentina. Es muy especial esa capilla. El obispo David Correa tiene veintisiete años, es joven, pero nació en la Iglesia y es muy competente. El es un contador público y nacional. Es empleado de una de las empresas grandes en Buenos Aires, y es un hombre muy organizado y muy competente. Él fue secretario de la estaca durante dos años, después sumo consejero y finalmente lo llamamos como obispo. A propósito, ¿por qué se llama la estaca Quilmes? Parece que el centro podría ser mejor La Plata. No, porque Quilmes es el centro geográfico de la estaca, y es el lugar de las reuniones principales también. Es ahí donde tenemos las reuniones del sumo consejo, las reuniones de presidencia de estaca y todas las reuniones de liderismo en general. Se celebran ahí en Quilmes. ¿Es difícil para los miembros y los oficiales llegar a la capilla de Quilmes? Sí, es bastante difícil y bastante costoso, pero es mejor ir ahí que a cualquier otro lado. Es el punto equidistante de toda esta zona. Bueno, en las ramas tenemos a Avellaneda, que tiene una capilla; comenzamos ahora la segunda etapa de la construcción. El presidente Juan F. Esponda es un converso de tres años. Es un ejemplo de una real conversión al evangelio. Uno no puede estar cerca de él sin sentir el amor puro de Cristo. Tal vez no sea un gran administrador, pero es el padre espiritual de la membresía ahí en Avellaneda. Es un hombre muy querido por su amabilidad, por su fineza de espíritu. El tiene cuarenta y tres años, aproximadamente, y es un empleado. Lamentablemente la familia no es miembro de la Iglesia, pero hace pocas semanas él me dijo que la esposa estaba recibiendo las charlas de los misioneros y yo estoy orando para que su esposa pueda ingresar a la Iglesia. [Página 31] ¿Cuáles son las características de la Rama Avellaneda? La ciudad de Avellaneda está muy cerca de la Capital Federal. Es una zona industrial por excelencia. Hay barrios muy pobres, de tal manera que también hay miembros muy pobres, viviendo algunos de ellos en villas de emergencia, y el nivel de vida también es similar al de Florencio Varela. Es muy pobre. Sin embargo, los hermanos que están, están capacitando y enseñando a los demás. La Rama de Berisso está aproximadamente a doce kilómetros de La Plata. Es también una zona industrial por excelencia. Ahí están todos los frigoríficos que vinieron a esa zona hace muchos años, tal vez más de sesenta años, y ahí faenan la carne y los embutidos y todos los derivados del vacuno, del ganado vacuno. Prácticamente Berisso vive de los frigoríficos. También hay otras industrias como YPF, que son los yacimientos petrolíferos fiscales. Ahí no hay petróleo, pero se refina el petróleo que traen del sur del país. Al frente de esa rama, que estamos proponiendo para que sea un barrio, vive el Presidente Abraham Isaac Schraifer. El es un judío de origen, un converso de hace aproximadamente seis años, tiene cuarenta y cuatro años de edad, y es un hombre que ha hecho milagros ahí en Berisso, porque prácticamente fue él el que inició la Rama de Berisso, y hoy está en condiciones de convertirse en un barrio. Hay algunos jóvenes que han hecho la misión, y eso trae ahí una fuerza adicional muy importante a ese barrio. El hermano Schraifer es un capataz en los astilleros donde arman y fabrican barcos. Es un buen empleado de esa zona. Los Hornos es una de las pocas ramas que no tiene capilla, pero tenemos un terreno y una pequeña propiedad donde están reuniéndose. Es la rama más pequeña de la estaca. Casi no tiene líderes locales. Actualmente el presidente es prestado del Barrio La Plata 1. Es el Presidente Francisco Chalupa. El es un hombre de treinta y seis años de edad, es un ingeniero electricista, es muy capaz y muy espiritual. También esta haciendo milagros ahí en Los Hornos y creemos que Los Hornos va a prosperar cuando tenga la capilla. El mes que viene estamos haciendo los planes para solicitar la edificación de la capilla en el terreno que tenemos allí. Monte Grande es la rama más grande, y también una de las más nuevas. Ha crecido en estos dos últimos años, yo estimo, aproximadamente un 50 por ciento de su membresía. Ha sido un crecimiento casi espectacular. Uno de los del sumo consejo, el hermano Díaz, fue presidente durante bastante tiempo y ahora Hugo Ricciutti es el presidente. Casualmente estuvo ahora en Lago Salado con la esposa y ayer se sellaron en el Templo de Provo. Es un joven muy especial, un industrial carpintero, dueño de su propio negocio. Tiene veintiocho o veintinueve años, y es muy responsable y muy dedicado. Su esposa lo acompaña y lo apoya mucho. Conforman una buena familia. Lanús posee un terreno más o menos cerca de la estación de Lanús. También el mes que viene solicitaremos la edificación de la capilla allá. Actualmente ellos tienen un promedio de asistencia de casi un 40 por [Página 32] ciento a la reunión sacramental. Están administrados por el Presidente Julio Chumbita, un hombre joven también, de aproximadamente treinta años, pero muy responsable. Es un empleado del Centro de Distribución en Buenos Aires, pero además es biólogo. Estudió ciencias naturales. La única rama dependiente que tenemos es Berazategui, que depende de Quilmes. Compramos un terreno y ahí vamos a edificar o a levantar la primera capilla temporaria en la estaca. Al frente de esa rama vive el presidente Juan Gallardo. El es un comerciante; tiene una carnicería. Vende carne al consumidor directo, minorista. Es un hombre de cuarenta y cuatro años. En esa rama dependiente, ¿realizan todas sus reuniones ahí mismo, o a veces se reúnen con Quilmes? No, todas las reuniones ahí mismo. Estamos en este momento alquilando una casa, pero es demasiado chica, porque es una rama que esta progresando. Yo creo que va a ser el primer caso en que una rama dependiente se convierta en un barrio, porque eso es lo que estamos proponiendo. Al hablar de los hermanos del sumo consejo y de los obispos y presidentes, parece que son todos de la clase media. Sí, casi todos de la clase media y clase baja. En general hay una buena educación. No hay analfabetos, sólo en aquellos casos de personas de mucha edad que no tuvieron la oportunidad de educarse cuando eran jóvenes. Pero hay un buen nivel de educación, aceptable, en la estaca. ¿Diría usted que el nivel socio-económico y el nivel cultural tiene mucho que ver con el servicio que uno pueda rendir en la Iglesia? Sin duda. Yo pienso que si hay una buena preparación y un buen nivel social, se está en mejores condiciones para rendir un mejor servicio a sus semejantes. Bueno, quizás podría decir algo de los quórumes del Sacerdocio de Melquisedec, principalmente de los líderes y del trabajo que están realizando y el nivel que han logrado. Probablemente esta sea una de las facetas mas débiles de la Estaca, porque cuando se organizó la Estaca se ordenaron sumo sacerdotes y algunos setentas de los más capacitados y los más fuertes. Entonces los quórumes de élderes quedaron en manos de hermanos jóvenes, algunos de ellos, tal vez no tan fuertes. Entonces durante algún tiempo tuvimos algunos problemas, porque no podían entender sus responsabilidades y además no podían cumplir tan bien con su principal deber, que es la orientación familiar. Así que tuvimos, y tenemos actualmente, bastante trabajo y bastante dificultad en capacitarlos. Además hay algunos cambios que están más o menos frecuentes, y eso todavía complica mas el panorama de los élderes. Sin embargo, en estos últimos meses hemos logrado cierta estabilidad y también comprensión y dedicación por parte de ellos. Pero fue la parte más difícil (yo diría el talón de Aquiles) de la Estaca de Quilmes. [Página 33] ¿Entienden los presidentes y los obispos la relación que debe existir entre los dos, o dependen demasiado los presidentes de quórum de sus obispos? Bueno, en un principio no se entendía la relación, porque pensaron que el obispo no tenía ninguna responsabilidad directa con ellos, y se creaban ciertos antagonismos entre el obispo y el presidente del quórum. Pero afortunadamente eso duró unos pocos meses después de la organización de la estaca y ahora hay un mayor nivel de comprensión y hay mejor relación. Los dos tiran juntos del carro de la rama o del barrio, y los presidentes de quórumes comprenden que es el obispo como sumo sacerdote presidente quien preside y dirige todas las actividades del barrio. Quizás podría decir algo de los programas del sacerdocio y cómo les ha ido con ellos: orientación familiar, genealogía, obra misionera y bienestar. Bueno, en cuanto a genealogía, se está tratando que los hermanos cumplan con el programa de la cuarta generación. No sé. Parece que los hermanos no despiertan del todo. Como ocurre en la mayoría de los lugares, creo, hay unos pocos hermanos que trabajan con gran dedicación en genealogía, y otros que son mas fríos y piensan que es una obra de muertos, en lugar de para los muertos. Esto es lo que nos preocupa. Sin embargo, como dije, tenemos un especialista ahí, un hombre muy competente como es el hermano Roy Mazzuchi, y estamos mejorando la performancia y todos los meses ingresan planillas a las unidades genealógicas. Sabemos y estamos conscientes de la gran responsabilidad que tenemos de la contribución de nombres de nuestros antepasados para el Templo de Sao Paulo para que ese templo pueda operar normalmente. Así que eso estamos predicándolo constantemente y capacitando a los hermanos. Con respecto a la obra misional, hay buena relación con la presidencia de la misión en general. No solamente es una buena relación, sino también un buen entendimiento acerca de la función de los misioneros y las presidencias de rama y obispados. También tenemos organizada la misión de la estaca. Cada unidad tiene su líder misional, quien es el que coordina todas las actividades misioneras en su unidad. Periódicamente nos reunimos con los misioneros regulares de la estaca para que se capaciten ellos y el presidente de la misión pueda animarlos y darles métodos misionales, etcétera. En cuanto a la obra proselitista en sí, hubo un crecimiento aceptable y pensamos que ese fue el factor que nos permite ahora pensar en una división de la estaca. ¿Tienen una meta mensual de bautismos en la estaca? Sí, 100. ¿Y la logran? [Página 34] No, todavía no, pero estamos cerca. Estamos entre setenta y setenta y cinco nuevos miembros por mes. ¿Es difícil el trabajo de integración y hermanamiento? Sí. Probablemente ese sea uno de los aspectos que tenemos que estar constantemente cuidando y ayudando a los hermanos a la comprensión. Pero en general se integran. Estamos tratando que las familias hermanen a otras. Es la única manera que se queden en la Iglesia. Estamos recomendando a los obispos que les den algo que hacer en el barrio: que no sólo asistan, sino que trabajen, aunque sea en pequeñas cosas para ganar experiencia. Una vez escuche decir al presidente Kimball, cuando nos visitaba en Argentina, "En otras iglesias se asiste; en la Iglesia de Jesucristo se trabaja. Si no se trabaja, probablemente uno se vaya enfriando y se inactive." Yo doy mi propio testimonio de eso. Yo creo que permanecí en la Iglesia porque siempre tuve algo que hacer. Cuando uno piensa que puede servir a los demás, se siente feliz y permanece en el cargo. Faltaría hablar de bienestar y de orientación familiar. Bueno, con respecto a bienestar, los proyectos que tenemos son elementales. Estamos impulsando el programa del plan del kilo. El plan del kilo es la contribución de algunas familias de miembros trayendo algún alimento a la capilla para conformar el almacén del obispo. Esa es una reserva de alimentos como un recurso muy importante que tiene el obispo para las necesidades más urgentes de algunas familias que han quedado sin trabajo o que tienen algún apremio especial de tipo económico. Prácticamente todos los barrios y las ramas tienen ese programa del almacén del obispo y se está llevando bien. No hay problemas graves de tener que recurrir a la Iglesia pidiendo dinero. Nos estamos, por el momento, auto-abastecimiento a nosotros mismos, y todos los recursos que recibimos los podemos volcar a las necesidades de las familias de la estaca. Así que en ese sentido marcha bien. Ahora, estamos encarando algunos programas un poco mas ambiciosos, como son algunas huertas de barrio o de rama. Eso lleva mucha preparación, mucho tiempo, pero algunas unidades están empezando, porque tienen algunos terrenos muy amplios. Eso fortalece y une al sacerdocio especialmente, porque después se une para envasar los alimentos, para conservarlos, etcétera. Lo que estamos sí impulsando es que cada familia tenga su propio almacén disponible como prevención. Hemos dado una lista de los alimentos que consideramos más posibles de ser almacenados, siguiendo las indicaciones de las Autoridades, y en general vemos que los hermanos están respondiendo en guardar alimentos. Les decimos que por lo menos tengan alimentos por tres meses, porque un año es demasiado gasto, demasiado pero que vayan paulatinamente hasta llegar a un buen almacén familiar. Orientación familiar. [Página 35] Bueno, orientación familiar, creo que es una parte débil de la estaca. Con gran esfuerzo hemos llegado en algunos momentos al 28 ó al 30 por ciento. Nos hemos hecho metas y hemos elaborado planes. Probablemente sea que a algunos hermanos los hemos perdido. No hemos podido llegar a ellos. Se pierden muchas visitas. El otro aspecto es que los hermanos trabajan muchas horas y a veces no tienen el tiempo disponible para la orientación familiar. Sin embargo, no es excusa, no debiera ser así, pero es la realidad. Pienso de que cuando nos dividamos, podremos tener una acción mucho más directa, como ayuda de parte de la estaca, para promover alguna organización especial en los barrios que permita que no se gaste tanto tiempo en viajes ni en dinero y podamos llegar a las familias. Hablamos del Barrio de Florencio Varela. ¿Viven todos los miembros en esa ciudad, o hay miembros por toda esa zona? No, hay miembros de una zona bastante amplia de ese sector. Eso nos está llevando a tener algunas reuniones, Escuela Dominical y Primarias de hogar, lejos de la capilla, porque hay familias que no pueden llegar hasta la capilla, por razones económicas especialmente. Entonces en ese caso la Iglesia tiene que ir a ellos. Tomamos la casa de uno de los miembros de esa zona que sirve para lugar de reunión, para los que viven cerca, para sus vecinos. Hemos tenido mucho éxito, especialmente con la Primaria, en donde una muy buena cantidad de niños se reúne en ese lugar. ¿Es ese el caso con los otros lugares, o solamente en Florencio Varela? No, en casi todas las unidades: en Avellaneda también, en La Plata, en Quilmes que están experimentando ahora. En fin, prácticamente en casi todas las unidades estamos recomendando que abran Primarias de hogar, cuando las distancias son muy grandes, para no perder a los niños, para que ellos puedan ser bien instruidos. ¿Es difícil controlar esa situación? No, no es difícil, porque siempre quedan sujetos a la presidencia de la Primaria del barrio o de la rama. Quizás podría decir algo de los futuros élderes y cualesquier programa de reactivación que han llevado a cabo. Los futuros élderes, como en toda la Iglesia, son un gran peso en la estaca. Hemos puesto metas a cada barrio y a cada rama de tener en cada conferencia dos o tres ordenaciones mínimas. Eso sumaría unas veinte o veinticinco ordenaciones del Sacerdocio de Melquisedec por trimestre. Y lo estamos cumpliendo. En estas dos últimas conferencias hemos ordenado un promedio de veinticuatro o veinticinco, hasta veintisiete futuros élderes en la conferencia. Así que creo que es algo que esta funcionando. Por supuesto que ahí los quórumes del sacerdocio de Melquisedec, los élderes, tienen que hacer una tarea muy especial, no solamente en motivarlos para ser ordenados, sino en capacitarlos para [Página 36] que ellos comprendan qué es el Sacerdocio de Melquisedec y las nuevas responsabilidades y bendiciones que son inherentes a ese ordenamiento u ordenación especial. ¿Cómo se siente en cuanto a la manera que los miembros están guardando los mandamientos y viviendo el evangelio, en cuanto a su espiritualidad? Bueno, ese es nuestro principal cuidado. Pensamos que la espiritualidad es la parte mas importante en una estaca, y en general vemos que los hermanos están guardando y obedeciendo los mandamientos. Ese índice nos da el hecho de que hemos tenido muy pocos tribunales en la estaca, y en general vemos que los hermanos están guardando y obedeciendo los mandamientos. Ese índice nos da el hecho de que hemos tenido muy pocos tribunales en la estaca, no porque no hemos deseado disciplinar a los hermanos, sino que porque afortunadamente no hubo grandes problemas de desobediencia a las leyes. Recién en este mes que viene tendremos uno o dos tribunales para juzgar a miembros del Sacerdocio de Melquisedec. Serán los primeros en tres años. Así que creo que eso es una demostración que en general el Sacerdocio de Melquisedec está viviendo en forma aceptable. Si no me equivoco, dicen las escrituras que estamos en el mundo pero no que debemos ser del mundo. ¿Es difícil para los adultos o para los jóvenes en su estaca no ser del mundo? Sí, es difícil, especialmente con la juventud. Las costumbres, los hábitos, la moda, a veces hacen que algunos jóvenes quieran experimentar con otras cosas que normalmente en la Iglesia no se obtienen. Pero afortunadamente no son demasiado graves los problemas. Por ejemplo, no hay problema de drogas en la Estaca de Quilmes. Eso lo puedo decir con satisfacción realmente. Pero si hay problemas, por ejemplo, con la moda (la pollera en la mujer o los pantalones muy ajustados en el hombre), o los cabellos, o montón de otras costumbres, y a veces algunas actitudes, bailes, etcétera. Tratamos que las actividades de la Iglesia estén siempre de acuerdo con las normas, con los stándards de la sana diversión. Y cuando hay algún problema, tratamos inmediatamente de controlarlo con alguna entrevista o con algunos consejos especiales. Mencionó que si la Primera Presidencia lo aprueba, van dividir la estaca el l4 de mayo. Supongo que la van a dividir así, La Plata por un lado y Quilmes por el otro lado. (Indicando esos lugares en el mapa) Más o menos. La nueva estaca se llamaría, en caso de que la aprueben, la Estaca de Bánfield, teniendo las unidades de Bánfield, Florencio Varela, Avellaneda, Lanús y Monte Grande. Estas tres últimas serían llevadas a barrios. Y en la otra estaca, que se seguiría llamando de Quilmes, Berisso y Berazategui, que serían convertidos barrios, y Los Hornos. De esta manera tendríamos cinco barrios en cada una de las nuevas estacas, y también estamos proponiendo abrir nuevas unidades, como, por ejemplo, en los barrios de La Plata City Bell sería una nueva unidad (está aproximadamente a doce kilómetros de La Plata) y también Villa Elvira, cerca de La Plata 2. Estaría por esta zona, tirando para ese lado de Berisso (refiriéndose al mapa). Y también en Adrogué, [Página 37] cerca de Bánfield, Longchamps, etcétera. Ahí habría otras nuevas ramas. Así que yo estimo que podríamos tener cinco barrios en cada unidad y tres o cuatro ramas, a corto plazo, en este primer semestre, en cada una de las dos estacas. ¿Y dejarían para una futura división la resolución del problema de la distancia entre La Plata y Quilmes? Correcto. Estimamos que en un par de años la zona de La Plata será una estaca y la zona de Quilmes, Florencio Varela y otros barrios que están organizándose por acá podrían ser otra estaca. Entonces Bánfield, Monte Grande, Avellaneda, Lanús, serían una tercera estaca. Así que yo estimo que en dos años, dos años y medio, tendríamos tres estacas en el territorio actual de la Estaca de Quilmes. ¿Están cooperando con la misión de tiempo completo para abrir esas nuevas ramas, para enviar misioneros allí? Claro. Antes de abrir nuevas ramas, generalmente se envían misioneros para ver cómo responde el barrio. Pero aquí ya tenemos, por ejemplo, en Villa Elvira y en City Bell, más de sesenta o setenta miembros, así que ya es posible formar la unidad. Bueno, estoy seguro que hay mucho más que podríamos decir de la Estaca de Quilmes, pero se ha acabado el tiempo que tenemos hoy día. ¿Hay algo más que quisiera agregar relacionado con su estaca, antes de terminar? Bueno, en relación con la estaca y en relación con todo el país especialmente, quisiera mencionar este gran programa de seminarios e institutos. Esa fue una gran bendición que ha venido a nuestros países sudamericanos. Cuando yo era joven, escuchaba a los misioneros hablar de seminarios, pero nunca pude llegar a entender lo que esto significaba hasta que en el año 1971, siendo yo consejero al Presidente Bettilyon, vino el hermano Richard Smith. Él vino directamente a cargo de desarrollar el programa en Argentina, en Uruguay y en Paraguay. Entonces el Presidente Bettilyon me asignó que yo hablara con el hermano Smith y colaborara con él en expandir este programa. Fue uno de los gozos más grandes que tuve, porque siempre pensé que la educación religiosa en forma bien sistemática para los jóvenes era lo mejor que podíamos darles. Así fue que empezamos en el año 1972 con muy pocos jóvenes. No alcanzaban a 450 jóvenes en los tres países. Ahora tenemos sólo en Argentina aproximadamente 3.000 o 3.200 jóvenes inscritos y tenemos desarrollados todos los programas que el sistema de educación está proponiendo, con excepción de las escuelas de la Iglesia y el programa de alfabetización. Pero tenemos el estudio individual supervisado, el home study, el early morning. Esto es para seminarios. Más o menos están 50 y 50 por ciento, uno y otro. En los institutos tenemos estudio individual, que también es home study, y tenemos cinco institutos de religión en todo el país: en La Plata, Buenos Aires, Mendoza, Córdoba y Rosario. Hay nueve directores de área que están dirigiendo el programa y representando el programa en todo el país dividido. [Página 38] Le decía al Élder Wells que antes que el programa se presentara, había aproximadamente quince o dieciocho misioneros regulares entre los jóvenes, cuando comenzó el programa este de seminarios e institutos. Ahora podemos ver un crecimiento que llega a casi 200 misioneros de tiempo completo nativos en el país, y esto es producto, en gran parte, de los cursos de seminarios e institutos, especialmente los institutos de religión, donde se desarrolla un curso especial como es el de preparación misional. Tenemos este año en Buenos Aires la gran bendición de que el instructor de este curso sea nada menos que el Élder Robert Wells en colaboración también con el hermano Ronald Loveland, quien es representante del Obispado Presidente en Buenos Aires. Así que estamos esperando que todavía se incremente mas el espíritu misional en nuestros jóvenes. ¿Ha sido difícil encontrar al número necesario de maestros para seminarios e institutos? En algunas áreas sí, pero en Gran Buenos Aires los recursos son bastante buenos. Casi todos ellos tienen una preparación escolar o académica en cuanto a la docencia. Cuidamos eso, pero especialmente cuidamos de que tengan un fuerte testimonio. La preparación sólo didáctica ayuda, pero si no va acompañada por una convicción personal es imposible llegar a motivar a los jóvenes a vivir de acuerdo con los principios del evangelio. Bueno, presidente, queremos agradecerle que ha venido hoy día y que tan gentilmente ha compartido su pasado con nosotros, la información histórica que ha dado hoy día. Como puede ver, poco a poco vamos consiguiendo los datos básicos en cuanto a la historia de la Iglesia en Argentina. El agradecido soy yo. Realmente para mí esta fue una experiencia muy buena, que quiero agradecer especialmente, porque me ha hecho revivir algunos hechos que habían pasado hace muchos años. He sentido hoy un buen espíritu al estar con usted aquí, y esto me ha reafirmado mi testimonio y también ayudado a conformar mi diario personal, tal vez que ya tengo un poco olvidado (risa). Muchas gracias, hermano Irving. De nada. [1] El Pte. Young fue el primer presidente de la Misión Argentina, porque Melvin J. Ballard (1925-1926) y Reinhold Stoof (1926-1935) se consideran presidentes de la Misión Sudamericana. Los detalles de la primera visita del Pte. Young a La Plata son correctos, excepto que no era un partido de básquet sino de béisbol. Ver Béisbol en la ciudad de La Plata. [Volver] [2] Fueron los élderes Verle Smith, James A. Mortensen, Ross Holland y LaVon Flake. Ver Primera asignación en La Plata. [Volver] [3] En realidad se mudaron al nuevo local en octubre de 1937. El local estaba ubicado en la esquina de 67 y 22. Ver Nuevo local en La Plata. [Volver] [4] “La obra crecerá lento por algún tiempo, como lento crece el roble de la bellota. No florecerá en un día como el girasol, que pronto crece y después muere. Miles se unirán a la iglesia en este lugar. La obra se dividirá en más de una misión y será una de las más fuertes de la Iglesia. A partir de ahora la obra crecerá, y llegará el día en que los lamanitas de América del Sur tendrán su oportunidad. La Misión Sudamericana llegará a ser una potencia en la Iglesia.” Diario de J. Vernon Sharp, palabras pronunciadas por Melvin J. Ballard el 4 de julio de 1926 en una reunión de testimonios con los miembros alemanes. [Volver] [5] Eva Perón murió el 26 de julio de 1952. La Plata llevó el nombre de Eva Perón entre 1952 y 1955, pero la Rama continuó con el nombre "Rama Deseret" hasta 1957. [Volver]
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