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Delia: Al principio, cuando recién abrieron la Iglesia en 67 y 22, éramos un grupito de unas siete personas. Entre ellos estaban Rodolfo Saltalamacchia, Hugo Salvioli (que era un chico), mi hermana Felisa [Gaite], Negrita Pache, y Pichón [Rolf Salvioli]. Ese fue el primer grupo. Los misioneros andaban por el barrio. Vimos que habían abierto un local, y por curiosidad nos acercamos. Esos sucedió un día de semana, y nos invitaron para el domingo. Fuimos el domingo, y a partir de entonces participamos en las actividades de la Iglesia. Los misioneros nos atrajeron con algo nuevo, que no conocíamos, pues a un cura católico no se puede llegar de esa manera. Aunque a los 7 años yo había sido bautizada en la Iglesia Católica, eso no corría. Así empezamos. Nosotros vivíamos en 67 y 22, frente de donde se hizo esa Rama. Antes habían estado en otro lado que nosotros no conocimos. En 67 y 22 había una farmacia, en una esquina vivían los Salvioli, que tenían almacén, y en la otra estaba la Iglesia. En la otra esquina vivíamos nosotros, había un peluquería, y en los fondos vivía Negrita Pache. Así que estábamos todos allí. Los Mazzuchi y los Taylor vivían en 67. La Iglesia después se mudó a 18, 63 y 64, una casa de la chica de Torres, una casa vieja. Y después pasamos mucho tiempo en 63, 18 y 19, en la casa de los Pássaro. Tengo recuerdos de aquel entonces que no me voy a olvidar en mi vida. Llegando a mi edad, no extraño nada de la vida. Viví todo, momentos de alegría, momentos emocionados, hemos ido a las conferencias de Liniers o donde nos tocara ir, supimos representar, tuvimos un coro maravilloso, particularmente el Coro dirigido por Bonny, con todas las ramas de la Misión, de más de 60 personas. También convenciones, certámenes, etc. Tuve ocasiones de ir a bailes, dar mi testimonio y compartir sentimientos de amor y afecto. Todo eso lo recibí en la Iglesia. Recibí de mi madre a granel, porque mamá fue siempre algo increíble, de santa y de buena, y lo otro lo recibí de la Iglesia. Eso no lo olvido nunca. Ha habido circunstancias después, tal vez uno se puede alejar un poco de la Iglesia, pero lo que uno aprende en la Iglesia después lo puede aplicar para vivirlo en casa, para convivir con el prójimo. Eso yo lo aprendí de mi madre y de la Iglesia. Por eso la Iglesia me ha dejado cosas muy valiosas. Roy: Bueno, de ese grupo original de miembros, de los que no han fallecido quedan: Tato Lencina, Pancho [Lencina], Horacio [Lencina], [Alejo] Villarruel, las Hermanas Biébersdorf. Delia: Una de las familias de la capilla de 53 que recuerdo con más cariño, son los Diarias. Felisa: Me bauticé el 29 de enero de 1939, por Richard McBride. En 67 y 22 el Élder Allen los entusiasmaban a los chicos para jugar al fútbol, y allí estaban mis hermanos Osmar y José. Mi hermano aprendió unos versitos, recitaban, y se hacían fiestas. Así empezamos a ir. A veces los misioneros venían a almorzar a casa, mamá les preparaba el almuerzo. Nos reuníamos a menudo, tomábamos chocolate, éramos como una familia. Nos reuníamos a veces en casa, a veces en lo de los Lencina. Los sábado solíamos ir a casa de los Lencina, hacíamos bailes, etc. Delia: Hoy estoy tan satisfecha, porque la Iglesia me dio oportunidades de hacer infinidad de cosas. Se organizaban bailes, canté con pasión en el Coro que teníamos y participé en los números que preparaba Oscar Lavista. Una vez se hizo un certamen de todas las ramas. En ese entonces yo era muy bonita. Oscar Lavista había preparada una escenografía, con telas, y el marco de un cuadro. Oscar [Lavista] tenía un talento muy especial para esto. Yo estaba adentro de ese cuadro como si fuera un pintura. Entonces se escucha el Vals de las Flores, Oscar se acerca hasta al cuadro, estira la mano y me saca a bailar. Lavista se presentó con frac. Mi vestido era de color lila. Era algo hermoso. Todos se quedaron duros, era algo casi sobrenatural. Un misionero me dijo luego que fue algo casi mágico. Todas las satisfacciones, todas las cosas lindas las he vivido y gozado. He hecho amigos entrañables. Más no pude haber pedido. Felisa: En 67 y 22 los misioneros organizaron la Primaria y entusiasmaban a los chicos para jugar al fútbol. Y si alguno no quería estudiar, los misioneros le hacían las orejas y lo ponían como si fuera un burro. Los misioneros también daban clases de inglés para entusiasmarnos a ir a la Iglesia. Pero lo único que yo aprendí del inglés fueron los números. Yo fui maestra de la Primaria en calle 63, entre 18 y 19, y luego Presidenta. Allí iba también Picholo, quien luego sería el marido de Delia. Era una Primaria linda, con bastante chicos. Entre mis alumnos de la Primaria estaban Roy [Mazzuchi], Dora [Lencina], Bocha [Corte], Hugo Salvioli, etc. Hacíamos las clases, les mostrábamos láminas. Una de las historias que les conté una vez a los chicos era la de un chico y su abuelita. La abuelita del nene era lavandera. Una vez el chico fue a llevarle la ropa a una gente. Entregó la ropa y a la vuelta recogió a un perrito que encontró abandonado en la calle. El chico llevó el perrito a la casa de la Abuela. La Abuela era enfermera y le dijo que se lo dejara. Entonces la Abuela le entablilló la patita. El nene lo cuidó, le dio de comer, y el perrito se curó. Entonces vino un diario con un anuncio. Decía que una nena lloraba la pérdida de un perrito y que gratificaría a quien lo encontrara y devolviera. La nena pertenecía a una familia de mucho dinero. La Abuela le dijo al nene: "Vos querés al perrito, pero pensá en la nena. Ella también lo quiere, lo conoce desde chiquito, lo crió y ahora lo extraña." El chico, llorando, fue a la casa del anuncio para devolverlo. Era la familia de un doctor. Cuando la familia de la nena supo que la abuela era lavandera, le dieron trabajo. Al chico lo quisieron mucho, se convirtió en un gran amigo de la nena y de la familia. Y los dos crecieron como buenos amigos y compartieron el perrito. Entonces yo terminaba los cuentos y decía: "Y colorín, colorado, este cuento se ha terminado." Los chicos escuchaban mis cuentos con toda atención. Ése es el cuento que mejor recuerdo. También usábamos láminas, mostrábamos objetos, etc. Delia: A veces hacíamos la Primaria los martes, pero se juntaba la Mutual, el Coro, etc., y entonces la hacíamos los jueves en lugar de los martes. Felisa: También estaba la Mutual de los Jóvenes, que era algo muy lindo. Roy se acuerda. Cuando me casé, me hicieron la despedida en la Iglesia, y la noticia salió en El Mensajero. Me gustaba El Mensajero porque aparecían comentarios de todas las ramas. Roy: El Mensajero era el vehículo de propagar noticias y chismes por todas las ramas. Delia: Cuando se hacían las convenciones, pasábamos tres días de una felicidad indescriptible. Era como estar en otro mundo. Nos veíamos con esas personas que tanto queríamos. Roy: En la casa de calle Toneleros, hay una fábrica de calzado. Ahora la Iglesia está en Schmidel, a media cuadra de la General Paz. Pero el edificio de Toneleros había sido la primera capilla de Sudamérica. Fue dedicada en el año 1938. Claro, después la vendieron porque no cumplía su función. Era una casa remodelada. Delia: Tuvimos emociones, momentos de alegría. Nuestra madre a veces se quedaba cosiendo toda la noche para que podamos estrenar un vestido. Hubo incluso desfiles de modelos. No fui actriz, cantante, ni nada, pero tuve ocasión de desarrollarme en todo. ¡Hasta jugar al vólley! Roy: El Élder Schofield se quedó unos dos años estudiando en la Universidad de después de la misión. Estudiaba diplomacia. Delia: Yo, ahora, no camino ni diez cuadras. Y me acuerdo que antes caminábamos de 67 y 22 al bosque, al zoológico. Roy: Cierto. Íbamos de [la casa de] 63 a la Rama de 41 [La Loma]. Íbamos al Bosque, nos subíamos a la gruta para ver óperas y escuchar conciertos. Cuando yo era un chico de la Primaria, a veces íbamos a jugar a la plaza de 19 y 66. Delia: Para un Carnaval, los misioneros llegaron con baldes de agua y se pusieron a jugar al carnaval en casa. Esta foto fue tomada en casa y aparece uno de mis hermanos. Salimos todos empapados. Felisa: Mito [Corte] nos escribía las obras de teatro. La mamá de Roy era la Presidenta de la Sociedad de Socorro. Delia: Una de las obras de teatro que hizo Mito se llamaba Las Chismosas [Nota de Hugo: En realidad, se llamaba Día de visita]. Eran todas mujeres. Una hablaba con una, y estaba chismeando de la otra. Fue una obra extraordinaria. Felisa: También recuerdo una obra de Mito cuyo mensaje era: "Cría cuervos y te sacarán los ojos." Yo hacía de abuela, pero estaba bien caracterizada como anciana, nadie me reconoció. Roy: Agustín Sosa era verdulero, vivía en 65, entre 17 y 18. Pássaro era el lechero, y vivía en 63, entre 18 y 19. Delia Sosa de Pássaro era cuñada de Paco Rodríguez. El Élder Tangren fue Presidente de la Rama en el año 1950. Delia: Había misioneros que no se quedaban tanto tiempo como otros. Algunos se quedaban como un año. Otros se quedaban muy poco tiempo. Pero han pasado muchísimos, y al ser apellidos ingleses, uno se olvida. En una época vinieron mexicanos. Delia: En uno de los bailes Violeta Baroni, que era de Quilmes, salió Reina de la Mutual. Yo salí de Princesa y Dora [Lencina] era la otra Princesa. A mí me dio lástima esa separación de Quilmes. La Iglesia ha crecido mucho y se ha dividido. Uno extraña, porque en esa época éramos una familia. Esa alegría y ambiente familiar se extrañó mucho después. Yeaman hizo un buen grupo con los jóvenes. Don Grimes tocaba el piano de manera sensacional. Tato [Lencina] trabajaba para los telones, hizo un trabajo formidable. Yo veo esas fotos y me doy cuenta que la Iglesia nos dio oportunidad de hacer de todo: dar discursos, compartir el testimonio, expresar sentimientos, escuchar al que podía dar un consejo, todo. Roy: La Iglesia era un destapador de talento, o creador de talentos. Uno veía a un burro hablando, y sin embargo se avispaba. Delia: Mis esposo Picholo también asistía, especialmente a las fiestas. Nunca se opuso a que yo asistiera. Miro las fotos y tengo esa alegría grande de decir que tuve todo. El único gusto que no me di en la vida, fue el de tener un marido bailarín. Porque me gustaba el baile con locura, ¡y para lo único que mi esposo podía moverse un poco era un vals! Delia: Samuel [Borén] vivía en 62, 21 y 22. Era buenísimo. A menudo hacíamos pic-nics en el Parque Pereyra Iraola. A Juancito Ureta lo invitaban cuando había fiestitas de la Iglesia y hacía trucos de magia. Él venía como amigo. Había gente que venía y veía que era un grupo tan lindo, que muchos venían como amigos y nunca se bautizaron. Felisa: [Rodolfo] Saltalamacchia se bautizó antes que nosotras. Nosotras nos bautizamos con Pichón [Rolf Salvioli]. En 1939, cuando nos bautizamos, yo tenía 16 años y Delia 14. Mis hermanos José y Osmar también iban a la Iglesia. Cuando nos bautizamos, se hacían los bautismos en Punta Lara. La Iglesia estaba en calle 63. Hacíamos pic-nics que eran actividades hermosas, emocionantes. Acostumbrábamos a disfrazarnos. Las Salas eran unas solteronas. Decían que los misioneros eran "santos varones." Y se vestían como antes, con rodete y usaban las faldas largas, como se usaba muchos años antes. En nuestra familia éramos 6 mujeres y 2 varones. Mamá también se bautizó, ya de grande. Se llamaba Emilia Pino de Gaite. Delia: Horacio [Lencina] iba constante, por tantos años. Pero para bautizarse tardó muchos años. Roy: Una vez Borén le dijo: "Ché, Horacio, ¿cuándo te bautizás?" Y eso debe haber sido más allá del año cincuenta. Oscar Lavista falleció en la capilla de calle 4. Él fue a hacer algún arreglo, y cayó muerto allí. Felisa: Una vez hicimos una zarzuela, de Doña Francisquita. Oscar Lavista nos dirigía y bailaba conmigo. Roy: En esa ocasión a mí me tocó bailar con Mónica [Bonicatto]. Delia y Felisa: Dora [Lencina] también ha ayudado con el órgano, la música y el coro. Ha hecho una contribución enrome. Felisa y Delia: Un día de navidad fuimos con el coro, a cantar de casa en casa. A mamá la idea no le gustaba, pensaba que podía pasarnos algo con el camión. Cuando pasábamos cantando, la cuadra se llenaba de gente. Delia: Había una unión tan grande, tan grande, que eso no lo olvidás. Felisa: Yo ahora voy a la Rama de los Hornos, y también son muy unidos. Hacen actividades sociales, etc. Hace no mucho tiempo se hizo una Peña de la Amistad. Una vez vino Jorge Párraga, que es el hermano de Abelardo, el obispo. Cantó y tocó la guitarra. Fue todo muy lindo. Roy: En esa época el Distrito era Quilmes y La Plata, y después también Bánfield. Después se agregaron Avellaneda y Berisso. Ahora esto son tres estacas. En La Plata sólo hay 9 unidades, con La Plata Sur, que acaba de inaugurarse. Y pronto serán diez, con una en Ensenada. Delia: Las convenciones eran algo grandioso. Nos hospedábamos en casas que nos proporcionaban los miembros. En los bailes de oro y verde, llevábamos unos carnés de baile, y el muchacho tenía que firmar con quién bailaba. Eran bailes de rigurosa gala. Esa fue otra de las muchas actividades que hicimos. Esos momentos felices que viví en mi juventud no los voy a olvidar nunca. Roy: En abril teníamos las conferencias en Liniers, en octubre las convenciones. Para ir a las reuniones de Liniers en calle Toneleros, pasábamos por "Las casas baratas de Liniers". Las Convenciones empezaban el viernes a la noche, con un baile: El baile de oro y verde. Los hombres iban trajeados, las mujeres con vestidos largos. A los chicos no nos tenían en cuenta, porque éramos chicos. Nos hacían a un lado y nos hacían "rajar," nos ignoraba. Por eso a veces no salíamos en las fotos. Yo iba a la Primaria, por ejemplo, pero no aparezco en casi ninguna foto. Delia: Mamá nunca nos hizo problema para asistir a la Iglesia. Pero cuando éramos más grandes Papá nos hizo un poco de problema, porque había una época en que prácticamente vivíamos en la Iglesia. Los lunes el Coro, los martes la Primaria, los jueves la Mutual. Era nuestro segundo hogar. A papá le costó mucho aceptar eso, pero mamá siempre nos apoyaba. Después se acostumbraron. Pasábamos ocho horas en el trabajo, un ratito en casa, y después salíamos corriendo a la Iglesia. Cuando estábamos en calle 63, entre 18 y 19, a veces terminábamos la Mutual o alguna actividad un poco tarde. Tal vez como a las diez de la noche. Entonces Guillermo Hutchins me acompañaba a casa.
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