Historia de la Iglesia Mormona en La Plata - Dora Lencina
Volver a Entrevistas
DORA LENCINA

[Fotos de la Familia Lencina]

Dora Lencina La historia que sigue fue escrita por Dora Lencina entre marzo y julio de 1993. El cuerpo principal consiste de una larga epístola, escrita a mano y completada el cinco de marzo. Con permiso de la autora, hice algunos cambios en el orden de los párrafos, la puntuación, pequeñas correcciones del léxico, etc. También agregué material que Dora me envió más adelante, y que aparece ahora bajo las secciones "Una fiesta inolvidable", "Papeles y papelones", "La Rama de Quilmes" y "En el Expreso Villalonga". Una versión casi definitiva fue leída y corregida por la autora el 8 de junio de 1993.

Dora Lencina realizó este trabajo por pedido mío. No pretende ser una historia definitiva (¿qué historia puede serlo?), sino más bien una recopilación de anécdotas relatadas desde un punto de vista muy personal. Como se verá, el relato no incluye casi ninguna fecha y se concentra en los primeros años de la Iglesia, comenzando alrededor de 1935. Algunas anécdotas son cómicas, otras más serias, pero todas están transidas de calidez y de humanidad. Sobre todo, arrojan luz sobre los orígenes de la Iglesia en La Plata y constituyen un tributo a nuestros propios pioneros.


Los comienzos

Casa de 67 y 22
Casa de 67 y 22
Nuestra familia conoció la Iglesia a través de Máximo Corte, quien se conectó con los misioneros tal vez en la calle. Ellos lo empezaron a visitar y de esta manera llegaron a nuestra casa y nuestra familia, y nos invitaron a asistir a las reuniones que se realizaban en una casa que tenía un local de negocio a la calle en 67 y 22. Antes habían estado en otra casa de la cual no sé la dirección1. Nunca habíamos oído hablar de ellos. Para esa época nosotros vivíamos en la calle 23 entre 61 y 62; Amelia y Mito vivían enfrente.

En 67 y 22 empezaron teniendo Reuniones Sacramentales los domingos a las 18:00 y Escuela Dominical a las 10:00; un día por semana, por la tarde, había Primaria. Esta era toda la actividad que organizaban y dirigían los misioneros norteamericanos en aquel tiempo.


El Club "Belisario Roldán"

Biblioteca
Biblioteca del Belisario Roldán. Aníbal Castro, Rolf Salvioli (bibliotecario), Raquel Lencina, Nicolás D'Alessandro, Hugo Salvioli y Tita Lencina. Parecen estar leyendo, catalogando, o arreglando libros. La foto fue tomada antes de abril de 1939.

Quizás por la falta de actividad en lo social y cultural para los jóvenes, nuestros hermanos Lencina, junto con otros jóvenes miembros y algunos amigos y compañeros de trabajo, fundaron un club cuya denominación era: Asociación Cultural y Biblioteca Belisario Roldán. Esta Asociación funcionaba paralela a la Iglesia sin entorpecer sus actividades. Fueron sus fundadores: los tres hermanos Lencina (Horacio, Israel y Francisco), Juan C. Párraga, Rolf V. Salvioli, N[icolás] D'Alessandro, Ricardo Rocha (descendiente del fundador de la ciudad), dos hermanos de apellido Castro, y otros amigos y vecinos de la casa donde entonces vivíamos, en la calle 18 entre 65 y 66. Esa era la sede del club, por tratarse de una casa grande apta para toda la actividad que se desarrollaba. La biblioteca era el eje principal alrededor del cual giraban las actividades.

Carnaval 1939
Club Belisario Roldán, carnaval de 1939.
A lo social se le daba empuje con las reuniones danzantes estrictamente familiares que allí mismo se realizaban. Para esa época yo era chica pero recuerdo muy bien del éxito de estos bailes y la sana diversión que allí se disfrutaba, poniendo en práctica las normas de la Iglesia para esas actividades: no se bebían bebidas alcohólicas, no se permitía fumar, se controlaba muy bien la entrada de los asistentes, y se cuidaban las normas de moral y buenas costumbres. Es decir, que esto era un anexo a la Capilla de la Iglesia, pero como todo lo bueno, creció y ya la casa resultaba chica.


Una fiesta inolvidable

En una oportunidad los muchachos querían hacer una gran fiesta, con todo: baile, buffet, números artísticos, y en la casa no se podía. Además, querían que fuera un acontecimiento conocido en La Plata, para que atrajera público y el Club "Belisario Roldán" fuera más conocido. Por ello se pusieron a buscar un salón para alquilar que reuniera todas las condiciones para hacer la fiesta deseada. Así llegaron hasta una sala situada en la calle 46, entre 4 y 5, llamada "La Galoise", que era utilizada como salón de baile. La fama del salón no era muy buena, pero ellos pensaron que al ser alquilado por un club familiar, poniendo buena vigilancia en la puerta y siendo la admisión estrictamente con invitación, podría llegarse a buen fin. ¡Qué ilusos!

El salón era lindo, tipo teatro con escenario, pista de baile en el medio. Alrededor, un poco más elevados, había palcos con mesas y sillas para que las familias asistentes se ubicaran y tomaran sus copas, sin alcohol o mínimamente como cerveza o algo así. Empezó todo perfecto, se bailaba, se comía, se bebía. Era todo alegría porque estaba lleno de gente, y se había logrado el fin deseado. Pero ¡oh sorpresa! después de medianoche aparecieron los guapos habitués del salón y quisieron entrar. Como no tenían invitación y se les negó el acceso, quisieron entrar por la fuerza. Los jóvenes trataron de impedirlo con buenas palabras, pero esta gente esa forma de expresión no la entendía, vino la agresión y entraron por la fuerza con la promesa de no interferir con la tranquilidad y la alegría del salón. Ya venían un poco alcoholizados, pero se sentaron a beber y quisieron invitar a bailar a las jóvenes que estaban con sus novios o sus familias.

Ante la negación comenzaron a agredir, de pronto comenzaron las piñas, los gritos, y sillas y mesas comenzaron a volar por los aires. Hubo una gran confusión, las familias escapaban a la calle, huyendo de estos forajidos que no podían ser dominados. Se llamó a la policía y allí nosotros también tuvimos que huir para no caer en la volteada. Los tipos eran viejos conocidos de la policía como perturbadores del orden. Nuestros jóvenes pudieron probar ser gente limpia y honesta, pero la fiesta se arruinó y todo pasó a ser anécdota y experiencia: ¡nunca más en salones de dudosa fama para festejos de familias de bien! A esa altura yo era chica, tendría 11 ó 12 años y me habían llevado por tratarse de una actividad familiar. ¡Linda experiencia!, casi hago mi debut durmiendo en "cafúa." Recuerdo que con Raquel no nos alcanzaban las fuerzas para tomar un micro y alejarnos de allí, lógicamente con la compañía de algunos de los muchachos que luego regresaron al lugar del hecho; ¡había tanto para hacer...!


La primera Mutual

Para esa época había crecido la cantidad de socios, y lógicamente, los ingresos por las pequeñas cuotas que se cobraban. Fue así que decidieron alquilar una casa más grande en la calle 16 entre 61 y 62, y allí trasladaron todo. Cabe agregar que la cuota que se cobraba, como cualquier entidad lo hace, era para cubrir los gastos que, lógicamente, su mantenimiento demandaba. Todos la pagaban sin inconvenientes. Quiero acotar que, para la primera actividad social que se realizó, se pidió como entrada un libro. Así fue que con esos y otros que la gente fue donando se reunió una interesante y abundante biblioteca.

Ya instalados con todo en la calle 16 entre 61 y 62, como mencioné, legalizado e inscripto como "Asociación," el Club continúo funcionando. Pero paralelamente, para esa época, la evolución y el progreso de la Iglesia, en la capilla se formó la Mutual, que era una Organización para los jóvenes de 1 a 90 años, tal el slogan que se utilizaba. La Mutual proponía todas las diversiones que la gente sana de mente y de espíritu podía necesitar: bailes, programas de variedades, charlas, etc. La Mutual se realizaba una vez por semana alrededor de las 8 de la noche, cuando todos estaban libres de sus ocupaciones y podían asistir. Esto cubría la carencia de actividades sociales y culturales que la gente de la Iglesia antes tenía, sin necesidad de buscarlas afuera. De esta manera, los miembros y amigos más cercanos a la Iglesia dejaron de participar del Club y éste, lamentablemente, pronto dejó de existir, porque se fueron a la Iglesia la mayoría de los fundadores. Además, para esa época ya algunos de ellos se habían convertido en miembros y estaban tratando de acercarse a las chicas que también asistían, tales como Gaite, Pache, Lencina, etc., con fin de formar sus hogares. Así fue que se pusieron de novios Rolf (Pichón) Salvioli y Negrita Pache (aunque ya se conocían de chicos en el barrio) y otros que más adelante iré mencionando.


Papeles y papelones

Dora Lencina
"Es Primavera..." Dora Lencina, aproximadamente 1939. Foto tomada por el Elder Richard J. McBride.
Mito Corte, aunque le tomó varios años decidirse a dar el paso del bautismo, participaba y colaboraba ayudando a los misioneros en todo, especialmente cuando se trataba de alguna fecha con fiesta especial, por ejemplo: Día de la Independencia, día de la Madre, de la Bandera, de la Primavera, etc. Todo se celebraba y él siempre escribía algún sketch alusivo que se preparaba con escenario, escenografía, vestuario, etc. También escribía poesías que luego alguien declamaba como un número especial. Aquí recuerdo que para una fiesta de la Primavera Mito escribió una poesía que decía algo así:

Es Primavera. Lirios y rosas
mueven la brisa primaveral.
Y en los jardines, las mariposas
vuelan y pasan, vienen y van.

Una niñita madrugadora
va a juntar flores para mamá,
y es tan hermosa que hasta la Aurora
vierte sobre ella más claridad..."

Para declamarla me eligieron a mí, que ya tendría alrededor de 8 ó 9 años; yo estaba vistosamente ataviada con un traje de rosa que fuera confeccionado especialmente para esa ocasión. En el brazo llevaba colgado un canasto lleno de flores. Al finalizar la poesía, debía tirarlas elegante pero dulcemente, una a una, al público. Hete aquí que, en medio de la declamación olvidé la letra, y quizás por los nervios tampoco escuchaba al apuntador que era Raquel y un amigo de la Iglesia, Nicolás D'Alessandro. Fue tal el trabuque que tuve que me puse a llorar en medio del escenario y no sabía qué hacer, porque afuera me esperaba Raquel para acogotarme. Por fin el salvador amigo D'Alessandro entró al escenario, dijo algo al público y tiernamente me sacó y trató de consolarme. Yo estaba hecha un mar de lágrimas por la vergüenza pasada y Raquel una fiera enfurecida porque les había arruinado una parte del festejo de la primavera. Allí debuté llorando en público.


Los primeros miembros

Primaria de 67 y 22
Primera primaria de la Rama La Plata, año 1937. Casa de 67 y 22. El Elder Morris Nelson aparece aquí con vecinitos del barrio. En cuclillas, a la derecha, aparece Hugo N. Salvioli. Foto tomada por el Elder Richard J. McBride.
En esa casa/capilla, también funcionaba la Primaria que era dirigida por los misioneros, norteamericanos todos en aquella época. Ellos juntaban buena parte de los chicos del barrio (¡cada elemento!), a quienes atraían regalándoles golosinas o alguna chuchería que ellos inventaban como premio por algo para que asistieran. Lógicamente también íbamos los hijos o parientes de investigadores, que lo hacíamos con otro interés y mayor seriedad. Una de las primeras maestras de niños que tuvo la Rama fue Felisa Gaite, quien persistió en esa tarea por años, debido a su paciencia, gran capacidad y singular talento para tratar a los niños. Fue la MAESTRA DE MAESTRAS con respecto a los niños. No tenía ninguna preparación especial para desempeñarse, tampoco gran cultura, pero poseía ese don tan particular para tratar con humildad, dulzura, ternura y comprensión a todos y llegar a cada uno de los niños.

Entre las personas que se destacaban también estaba la hermana Daisy Taylor de Mazzuchi, madre de Roy. Ella era una persona de cierta cultura general y sobre todo musical; fue la primera organista de la Rama, o armonista, porque el armonio fue el primer instrumento que se compró. Era uno de esos que había que darle aire al fuelle con los pies para que sonara. También fue Presidenta de la Sociedad de Socorro. Con María de Salvioli y Amelia de Corte hacían el elenco estable para esa organización.

Allí asistía Rodolfo Saltalamacchia, que fue el primer miembro de la Rama y también el primer investigador. A los misioneros les costó mucho trabajo convertirlo y no fue sino después de mucho tiempo que lograron bautizarlo 9en mayo de 1938); también asistían los Salvioli: María, Rolf y Hugo. Ellos tenían un almacén justamente enfrente del local que ocupaba la Iglesia; su padre, Rafael, lo atendía junto con su esposa María, pero él no era muy simpatizante de la Iglesia. No se oponía a que su familia asistiera pero él no lo hacía, ni siquiera en ocasiones especiales. Por eso fue tanto el júbilo de su familia y los miembros viejos cuando, ya anciano, aceptó el evangelio, se bautizó, y fue tan activo y tan fiel.

Otra familia que iba a las reuniones era la de Gaite, que también vivía enfrente. Ella se componía de padre, madre, 5 hijas mujeres y 2 varones, si recuerdo bien. Todos los hijos, jóvenes y chicos, ya eran creciditos. De todos los miembros de esa familia, las que se bautizaron fueron: Felisa, Matilde y Delia; otra familia asistente era la de Pache, pero las más constantes y que se bautizaron eran María Esther (Negrita) y Elsa (Ñata); también los Lencina éramos un batallón: Raquel [Lencina], Amelia [Lencina de Corte] y su pequeña hija Bocha, su esposo Máximo (Mito, que por aquella época iba esporádicamente, más como colaborador y como oyente), Horacio, Israel (Tato), Francisco (Pancho) y yo. También la familia Castro que se componía de madre y dos hijos varones, que luego se bautizaron todos. Oscar Lavista, a quien lo trajo D'Alessandro por el club; las primas Salas, que eran dos señoritas antiguas que hasta tenían el rodete, las polleras largas y tacones del siglo anterior. Ellas sólo eran oyentes y nunca se bautizaron.


El drama inconcluso

Algo que recuerdo que sucedió en esa capilla fue la representación de una obra teatral cuyos intérpretes eran Raquel y Ricardo Rocha, excelente amigo del que ya hablé y que nunca se bautizó. Ellos representaban un matrimonio mal avenido que discutían durante la obra y que finalmente después de recorrer un trecho duro llegaban al final feliz, con la enseñanza de tener familias y hogares donde se practicara el principio de la conversación, la tolerancia y el razonamiento. En el mismo local de reuniones dominicales se hacían todas las actividades, por eso para esta ocasión habían armado un escenario montado sobre tablas. Ubicaron un aparador de cocina con ollas y sartenes (de los misioneros) y otros enseres para que pareciera una cocina, comedor o algo parecido de un hogar. La representación comenzó muy bien y además había mucha asistencia, porque estas actividades atraían mucho público.

Todo iba en orden hasta que, durante el fragor de la discusión de la pareja, cedieron las tablas del piso del escenario, cayeron los actores y encima el aparador, las ollas y todo lo que en él había, haciendo un escándalo terrible. La gente aplaudía a rabiar al ver la autenticidad que se había dado a la escena, pero los que conocíamos el texto de la obra y habíamos presenciado los ensayos nos dimos cuenta de lo que realmente había sucedido. Se cerró el telón y corrimos para ver cómo se encontraban los artistas debajo de los aparadores, ollas, etc., mientras la gente no se movía de sus asientos esperando el segundo acto. Por suerte no les pasó nada serio, solamente el susto y la bronca de no poder terminar la obra. Al público hubo que explicarle lo que en realidad había sucedido y allí sí hubo gran confusión y preocupación por Raquel y Rocha. En fin, que luego todo fue un jolgorio, que durante mucho tiempo se recordó como una anécdota para la historia.


Mudanzas y actividades

Casa de calle 18
Casa de calle 18 entre 63 y 64
Pasando el tiempo la casa ya resultaba chica, de manera que se decidió alquilar otra, pero dentro de la zona, puesto que la mayoría de los miembros y amigos vivían en sus alrededores. Fue así como se trasladó a la calle 18 entre 63 y 64. Esta era un casa más grande con patio, con galería y fondo, lo cual ayudaba para las actividades de la Mutual durante el verano. Como en todas las casas, se derribó un tabique divisorio de las habitaciones, quedando al frente una habitación grande para las reuniones. Sin embargo allí no fue mucho el tiempo que estuvo la capilla, y poco se progresó. Sólo algunos se agregaron a los ya asistentes. La casa era gris, oscura. De allí sólo recuerdo a las hermanas de la Sociedad de Socorro, que eran varias, y la organización, tal vez porque yo estaba ingresando a esa etapa.

Casa de calle 63
Casa de calle 63 entre 18 y 19
Al poco tiempo se decidió cambiar de casa y se fue a la perteneciente a la familia Pássaro en calle 63 entre 18 y 19. Era una casa grande, alegre, luminosa. Los dueños vivían con sus hijos en otra construida detrás. Al costado tenían una gran entrada que también se comunicaba con un gran galpón que quedaba en el fondo. Allí el Sr. Pássaro guardaba su carro y caballo, pues era lechero a domicilio. Allí también tenía sus grandes tarros para la leche, los que higienizaba y preparaba cada día para hacer el reparto. Detrás de esa casa había un gran terreno baldío desocupado, donde con el tiempo se armó una cancha de básket. Allí los jóvenes podían practicar deportes y los niños tener ciertas actividades al aire libre.

La familia era muy buena, con el tiempo ya formaban parte del grupo, trajeron sus padres y hermanos con sus familias que eran muy alegres y divertidos. Con el tiempo, casi todos se bautizaron en la Iglesia. Ellos fueron: los hermanos Sosa, padres de todos, la familia de Paco Rodríguez, de Agustín Sosa (hijo) y los Pássaro. Con todos ellos ya se hacía una buena cantidad, porque eran familias numerosas, con chicos de mediana edad para abajo. Allí comenzaron a asistir la familia Bonicatto (Mónica, Mey, Álex, su madre y esporádicamente a alguna actividad, sus hermanos). Polo de Ángelis, Juan Cantoni, y varias familias que con el tiempo no llegaron a bautizarse pero fueron buenos amigos. Se hacían lindas actividades musicales, de variedades, dramas, y alegres bailes. También allí se formó un hermoso coro dirigido por misioneros que tenían gran talento para la música.


Los "Cuadros Vivos"

De esta capilla recuerdo los "Cuadros Vivos" que Oscar Lavista preparaba y que eran el éxito de cualquier programa de variedades o de talentos. Se trataba de poner en escena un cuadro con personajes vivos, ataviados según la idea del tema que se quería presentar. Se utilizaba iluminación de colores diversos, pero el cuadro era inmóvil, sin ninguna clase de movimientos. Esto duraba sólo dos o tres minutos, durante los cuales se iban cambiando los colores de la iluminación. Ello se lograba con varios reflectores a los que se iban cambiando papeles transparentes en los colores que se querían utilizar. Era una iluminación pobre pero inteligente. Oscar era vidrierista de oficio. La ropa constaba casi siempre de telas blancas (aun sábanas) o alguna otra de color que Oscar compraba en las liquidaciones, y que prendía con alfileres sobre la misma persona, según el modelo que quería representar.

Todo esto lo hacía Oscar solo, aun con las ideas de lo que quería representar, y no permitía que nadie se metiera a ayudarlo. En tales momentos se ponía como una fiera embravecida, también sucedía esto mientras vestía a los participantes, por lo general señoritas. El éxito era total. En esa época sus cuadros vivos fueron famosos, casi te diría en toda la Misión, porque hasta llegó a llevar uno o dos a Liniers. Allí, cada 6 meses y durante una conferencia especial de toda la Misión, las ramas presentaban algo especial en la reunión de variedades, y dos veces La Plata ganó premios con los cuadros vivos de Oscar y números musicales. En una de estas presentaciones me tocó cantar con Polo la canción (bolero) "Angelitos negros", representando ésta dentro de un marco y como fondo el Cuadro Vivo de Oscar con las luces de colores. Fue un exitazo, la gente aplaudía a rabiar. Los decorados, pinturas de telones, etc., corrían por cuenta de Tato Lencina, que era el artista en este rubro, pero todo estaba bajo la dirección y supervisión de Oscar Lavista.


Los coros y la Sociedad de Socorro

En esta capilla se vivieron lindas experiencias, yo las recuerdo mejor y con más entusiasmo porque fue la época de mi adolescencia, cuando mejor viví y disfruté de todo lo que hice. También aquí comenzamos a tomarle más el gusto a la buena música, con excelentes directores y organistas (siempre misioneros norteamericanos). Tuvimos muy buenos coros y presentamos excelentes números musicales. Para esta época yo ya estudiaba música, de manera que la entendía más y mejor, pero no me largaba a tocar el armonio. Recuerdo como grandes directores y organistas a Don Grimes, Wackefield (concertista de piano), Keith Schoffield, etc., y muy buenas voces que se iban formando. El conjunto era bueno y entusiasta.

Sociedad de Socorro
Hermanas de la Sociedad de Socorro, aprox. 1948, casa de 63 entre 18 y 19. Aniceta de Villarruel, Pilar Villarruel de Rodríguez, Dora Lencina y María Falchi de Salvioli.
Allí, cuando cumplí los 18 años, me llamaron para ser Presidenta de la Sociedad de Socorro, algo que yo no podía entender, porque era tan joven. A esta altura de la vida ya había pasado por todos los cargos de la escala de la Primaria, desde maestra a presidenta de la organización. Sin embrago, con la ayuda del Presidente de la Rama (todavía misionero norteamericano) y de las hermanas mayores (que no tuvieron ningún problema en colaborar), salí adelante. Mi consejera, mano derecha y apoyo sin limitaciones fue María Salvioli. Teníamos muy buena asistencia, se presentaron varios bazares, algo común en aquella época, y que además lo indicaba el programa.

Sin embargo a mí no me interesaba tanto el éxito en ganar dinero o contar con una asistencia récord, sino que ponía especial énfasis en la tarea de las maestras visitantes. Me parecía que ellas eran el eje fundamental alrededor del cual podía moverse la Rama y también ayudar a las familias. Mi constante compañera y amiga en esto también siempre fue María Salvioli. Como yo era la Presidenta siempre nos tocaba lo difícil, lo especial por alguna circunstancia, además de la zona asignada. Para esa época yo trabajaba (no sé en qué, porque desde los 15 años trabajé en algo) y hacíamos las visitas por la noche o los sábados por la tarde. Nos juntábamos a una hora determinada en la puerta de la capilla y desde allí partíamos hacia el destino fijado, claro que regresábamos alrededor de las 10 de la noche. Entonces María, con esa simplicidad de niña que la caracterizaba, quería que nos separáramos en un lugar donde nos quedara el mismo número de cuadras a cada una para regresar, ni una más ni una menos. Para mi fue una compañera excelente y de ella aprendí mucho. Creo que hicimos una dupla de éxitos por varios años.


Amigos y disfraces

A esta altura de la vida también formamos la barrita de amigos dentro de la Iglesia. Las chicas de Pache y su hermano Lito, Delia Gaite y su hermano José, Juancito Cantoni, Oscar Lavista, Hugo Salvioli, Mónica Bonicatto, Roy Mazzuchi, y algunos otros que no se bautizaron, retirándose luego, pero en su momento fueron muy importantes para la Rama y para nosotros los amigos. Ya para esta altura se habían casado Rolf Salvioli y Negrita Pache, y se pusieron de novios Hugo Salvioli y Mónica Bonicatto.

En esta casa tan amplia se realizaron muy buenos programas de variedades, musicales y también danzantes, simplemente bailes. Recuerdo uno muy especial de disfraces durante el Carnaval, que se hizo en el galpón del fondo de la casa de Pássaro, porque era más espacioso y fresco en esa época del verano2. Todos nos disfrazamos de cualquier cosa, lo importante era participar y divertirse. Recuerdo que Juancito Cantoni se vistió de mujer con las ropas y zapatos de Mónica Bonicatto. Yo--siempre alegre--me disfracé de Muerte, envuelta en una sábana blanca y con una guadaña de madera y cartón que hicimos en casa. Amelia E. Corte (Bocha) se disfrazó de bolsa de dinero, metida dentro de una bolsa de arpillera y rellena con papeles de diarios, con le signo $ dibujado adelante. Ella ganó el premio pero como "bolsa de papas", pues el jurado tuvo una pequeña confusión en la denominación. Ese fue uno de los mejores bailes que tuvimos allí. Nos divertimos muchísimos todos, los jóvenes y los adultos juntos, sin distinciones. Y esto era lo importante, porque el slogan de la Mutual decía que los jóvenes eran desde 1 hasta 90 años, entonces nadie se sentía mal y todos nos divertíamos juntos. Recuerdo que los mejores animadores de las fiestas y pic-nics eran los viejitos Sosa, los Pássaro, los Rodríguez (Paco y familia), etc., los más adultos.

También aquí tuvimos una boda, la de Nelda Iglesias, con el Ingeniero Jorge Ponce. Él no era afecto a la Iglesia, pero siendo ella muy buena miembro lo convenció para realizar allí la ceremonia religiosa y fue muy linda y emocionante. La capilla la arregló Oscar Lavista con flores y cintas blancas haciendo gala de su buen gusto de siempre. Estando en esa casa, el 6 de noviembre de 1950 falleció Mito Corte y allí se realizó el funeral.


"Hijo, no te vayas..."

A Tato Lencina le gustaba recitar poesías gauchescas. No lo hacía mal, pero le fallaba la memoria. Siempre decía una poesía de Boris Elkin titulada "Campo arado." El poema relata las vicisitudes por las que debía pasar un criollo que trabaja su campo de sol a sol con tanto esfuerzo y dedicación, para perder todo quizás por una plaga de bichos, una inundación o cualquier otro factor desgraciado. Después de mencionar todo esto, la poesía terminaba diciendo:

"Campo arado huele a patria
y es mejor que siga arando."

Lástima que muy pocas veces llegaba al final, porque en medio del relato le fallaba la memoria y el pobre tenía que retirarse del escenario sin haber cumplido con su cometido, no sin antes mostrar su bronca. Esto ocurrió innumerables veces, casi siempre con el mismo abrupto final.

A otro que le gustaba recitar era Oscar Lavista. Siempre, claro, en el show de talentos que la Mutual organizaba a menudo. Él recitaba una poseía que decía:

"Hijo no te vayas, hijo quédate;
cena con nosotros y duerme después."

Lo malo es que siempre decía lo mismo porque otra no sabía, y ello era motivo de bromas de aquellos "amigos" que nunca faltaban.


Conferencias en Liniers

Desde esa casa-capilla, y a partir de ese tiempo, comenzamos a vivir las hermosas experiencias que reportaban los viajes a las Conferencias Semestrales de la Misión que se realizaban en Liniers, donde la casa de la capilla había sido proyectada y acondicionada para tal fin, con una capacidad grande para asistentes. Viajábamos todos juntos en trenes, micros, tranvías, etc. (Nunca en vehículos especiales porque eran caros para nuestro bolsillo). Salíamos el sábado por la tarde, temprano, para llegar a horario y participar actuando, o simplemente asistir al programa de Variedades que se realizaba este día sábado durante las horas de la noche. Allí las Ramas de la Misión que estaban asignadas presentaban algún buen número de talentos, ya sea musical, de teatro, etc., y al día siguiente, domingo, asistíamos a las dos sesiones de la conferencia que se efectuaban a las 10:00 y a las 15:00 horas, con un pequeño espacio en medio para comer algún refrigerio, algo frugal que allí mismo se podía adquirir.

A las sesiones casi siempre asistía alguna autoridad general que traía algún mensaje especial. Resultaba lindo viajar todos juntos, en grupo, con bolsones, valijas, a veces con telones, escenografías, vestuario, etc., con todo entusiasmo y la alegría de la juventud. También regresábamos de la misma manera, pero con las pilas recargadas de optimismo y espiritualidad, resultado de haber participado y de habernos encontrado con tantos amigos de la Misión, los que sólo se veían cada seis meses.

Otra cosa linda de destacar de estas actividades era que durante esos dos días el Comité de Alojamiento--especialmente designado y organizado para tal fin--se ocupaba de ubicar a toda esa cantidad de asistentes que llegaban desde todos los puntos del país, en la casa de los miembros que gustosamente se ofrecían. Entonces, el sábado por la noche, después del programa de Variedades, teníamos que viajar a donde se nos había asignado, ya sea Ramos Mejía, Munro, Hurlingham, Caseros, etc. Algunos lugares no eran tan cercanos y para llegar había que viajar 1 hora ó 2 tal vez, y al día siguiente regresar. Pero no importaba, la fuerza de las juventud nos impulsaba a todo con entusiasmo. También cabe destacar la buena voluntad de esas familias, miembros o no, que ofrecían sus casas con sus camas limpias y cómodas, además de comida y todo su afecto y amor.

En el Expreso Villalonga

En una ocasión viajábamos en grupo a La Plata, ya de regreso de una conferencia en Liniers. Haydée Buret portaba una pesada y grande valija, de las antiguas, de cartón. A Juancito Cantoni le pareció una gentileza ayudarla a traerla, recibiendo la burla y el consejo de no hacerlo de parte de Roy Mazzuchi y otros.

Después de haber cruzado desde Liniers toda la capital, y subido al ómnibus Río de la Plata, Juancito quiso verse un poco libre de la pesada y molesta valija. Trató de ponerla en el porta-equipaje, pero no entraba por su volumen. En ese forcejeo se encontraba ante la risa y las burlas de los demás, cuando pasó el conductor recogiendo los boletos. Al verlo a Juancito en esa tarea, y que no lograba su objetivo, el conductor le dijo: "Un momento, muchacho. ¿Usted cree que esto es el Expreso Villalonga?" Juancito, colorado de vergüenza, no sabía qué contestar, y los demás escondidos bajo los asientos para reírse, lejos de la mirada del conductor y de Haydée.


La Rama de Quilmes

Algo que quiero recordar es el nexo de unión o la conexión que teníamos con la Rama de Quilmes cuando La Plata se convirtió en Distrito. Ella fue la primera que lo integró junto a La Plata que, por tener mayor cantidad de miembros, era cabecera. De todos modos y aunque en principio todas las actividades en conjunto se realizaban en La Plata, con el correr del tiempo se incrementó la asistencia en Quilmes y la actividad se repartía en ambos lados para que a la gente de Quilmes no les resultara tan pesado trasladarse hasta aquí, sobre todo por el desembolso económico que ello representaba.

Los primeros miembros de Quilmes fueron en su mayoría extranjeros: La familia Oguey, suizos (3 ó 4); la familia Maillard, suizos (5 ó 6); la hermana Magadán (española) y su hija; la hermana McKan (inglesa) era una mujer admirable e inteligente que luego trajo a su hija, pero ésta pronto se casó con un misionero norteamericano y se fue a los Estados Unidos. La familia Biebersdorf eran alemanes (5). También había unos viejitos alemanes que se bautizaron y se mantuvieron activos pero pronto fallecieron, y algún otro anciano cuyo apellido no recuerdo.

Ellos eran muy alegres, optimistas, dispuestos a hacer lo que fuera necesario. Lo que me quedó grabado como una estampa de aquella época y de aquella Rama eran los números musicales que siempre presentaban. Se trataba de un trío formado por las hermanas Oguey, Maillard y Bonny. La hermana Bonny pertenecía a Hurlingham pero venía a participar. Las tres eran hermanas de sangre y cantaban canciones alpinas con sus acostumbrados e infaltables gorjeos, a veces con la vestimenta típica tan colorida o algún detalle que identificara su país. Cuando se pedía un número musical a Quilmes, era seguro que las hermanas alpinas se hacían presente. En realidad y a decir verdad no era un número de mucha calidad, pero ellas lo hacían, representaban a su Rama, y transmitían alegría y optimismo. Aquí vale reconocer el temple y la pujanza de la hermana Oguey. Ella era el corazón y la fuerza de Quilmes, y a veces era esto lo que mantenía la Rama abierta.


Un pequeño palacio

Casa de calle 53
Casa de calle 53 entre 10 y 11
Ya para esta altura de la vida de la Iglesia en la ciudad y el incremento de miembros con que contaba, el espacio se hacía pequeño y se veía la necesidad de buscar otra casa, ya para poder comprar y construir la capilla de acuerdo a las reglamentaciones que la Iglesia imponía. Se buscó mucho, se vieron muchos terrenos, pero finalmente se optó por uno con una casa señorial, inmensa. Constaba de subsuelo y dos pisos con gran cantidad de habitaciones, patios, jardines, en fin, era un pequeño palacio. Estaba en calle 53 entre 10 y 11, pleno centro de la ciudad, ubicación privilegiada para la comodidad de viaje de todos los miembros desde todos los barrios. Aunque el terreno no reunía la dimensión reglamentaria, era conveniente, ya por la capacidad estructural de la casa, ya por la ubicación de la misma, en uno de los barrios más conocidos de la ciudad. Allí había funcionado un grande y bien conceptuado Conservatorio Musical, el Verdi. Se contó con la amplia capacidad profesional del Ingeniero Gabriel Weber, quien luego dirigió la obra de construcción y quien ya mostraba interés por la Iglesia. Él logró convencer a las autoridades de la Iglesia de que sería muy conveniente comprar esa casa con ese terreno para luego edificar allí una hermosa Capilla. Mudarse allí fue como tocar el cielo con las manos. Aquí comenzaba otra etapa importante para la Rama de La Plata.

Hasta entonces habíamos desarrollado las actividades en casa particulares, de familia, de dimensiones reducidas. La última que habíamos ocupado (la de calle 63) también ya resultaba chica por el desarrollo que se había producido. De manera que el hecho de cambiar a una casa tan grande, con tantas habitaciones y disponibilidades para toda actividad, no se podía creer. Hubo que tirar paredes, ampliar y adecuar salones para las Reuniones Sacramentales y actividades recreativas. Lo mimo se hizo con el subsuelo, que resultó en un salón tan amplio como toda la casa y en el que, además de la despensa para guardar elementos, se instaló una gran cocina para preparar y atender desde allí los buffets para las fiestas. Todo se fue adecuando a medida que el tiempo pasaba y la Rama crecía. Claro que todo esto demandó un gran esfuerzo físico y económico por parte de los miembros, pero se fue logrando mediante la colaboración en varios sentidos, especialmente con los buffets que siempre ofrecen la rápida solución. Además se iba preparando todo el programa con miras a la construcción de la nueva capilla. Ya eran otros los proyectos, pero hubo gran repercusión y buen ánimo por parte de los miembros.

Aquí ya eran otras las actividades, que se encaraban con más altura. Los miembros se perfeccionaban en otros campos y se acercaba gente con otro nivel cultural, lo que ayudaba y obligaba a elevar el nivel de las distintas actividades: Conciertos del coro, instrumentales, conjuntos vocales, conjuntos teatrales, etc. Todo llevaba al perfeccionamiento y mucha gente se acercaba con verdaderas intenciones de bautizarse e integrarse plenamente.


Infiltrados de ultratumba

Y aquí hay algo que merece una mención. Entre la gente de la cultura que se acercó entraron alrededor de 10 personas, entre ellos poetas, escritores, artistas de la danza, etc. Estuvieron un tiempo dentro de la Iglesia trabajando con entusiasmo e interés en sus actividades hasta que, al cabo de un tiempo y después de una profunda investigación, se comprobó que eran espiritistas activos. Se estaban infiltrando tratando de llevarse gente de la Iglesia para compartir sus prácticas religiosas. Aquí intervinieron las autoridades de la Iglesia las que, después de una profunda investigación que ya mencioné, los invitaron a revertir sus intenciones o retirarse. Lógicamente que optaron por esto último, arrastrando consigo, lamentablemente, a algunos miembros no muy fuertes.

Recuerdo una anécdota que es dable destacar: Raquel Lencina siempre desconfiaba de las intenciones de esta gente y los seguía bien de cerca. Ellos trabajaban simultáneamente en la Iglesia y con sus prácticas, que realizaba en casa de una de las familias. Allí invitaban a algunas personas que se mostraban interesadas en sus reuniones. A Raquel también la invitaron y accedió a asistir a una sesión. Ella lo hizo para demostrarles que con los miembros fuertes no iban a poder, y también para ser testigo de sus prácticas. Así fue como comenzaron la sesión, todos sentados alrededor de una mesa redonda, tomados de la mano y con la luz apagada. Luego convocaron a los espíritus que resolvieron llamar, pero sin éxito. Según dijeron, no pudieron seguir trabajando porque "[había] presente un espíritu fuerte, rebelde, que no creía en [sus] prácticas y no [les] permitía trabajar." Estuvieron de acuerdo que era Raquel, por lo que la "invitaron" a retirarse. Ella fue uno de los testigos claves para la expulsión de este grupo de gente. En general fue una experiencia desagradable, pero positiva porque representó el triunfo del bien sobre el mal, dominando con éxito y limpiando la Iglesia de todo lo débil, feo y degradante.


Música y convenciones

Un evento muy importante para la Rama que se vivió en esa casa/capilla fue el desarrollo de la Convención de Jóvenes de toda la Misión3, desarrollada en el Distrito de La Plata, más precisamente en nuestra ciudad. Antes ya se habían efectuado convenciones en Buenos Aires, Tres Arroyos, Rosario. A La Plata nos correspondió jugar un papel protagónico como dueños de casa para albergar, dar de comer y preparar y organizar todo lo atinente para esos fines. Fueron 3 días de actividades diversas: bailes, deportes, recreación, show de talentos, y las sesiones de la conferencia del domingo. Se utilizó la Capilla pero también campos recreativos o clubes para deportes, etc, lo que también demandó el esfuerzo de los miembros de La Plata. Fue una experiencia muy interesante y que nos tuvo a todos extremadamente ocupados.

El Coro de La Plata y la música de la Rama de La Plata en general ya ocupaba un lugar importante en la Misión. A esa altura yo ya me animaba con el armonio que, afortunadamente, allí fue órgano. Con Florio de Ágelis (Polo) hicimos una dupla director-organista que se mantuvo durante muchos años, con muy buena predisposición y comprensión. Polo sabía cantar, pues lo había estudiado, y también había integrado el coro del Teatro Argentino. Yo había estudiado piano durante varios años y andaba intentando perfeccionarme con el órgano en el Conservatorio de la Provincia. Además había muy buenas voces a las que Polo enseñaba a cantar de acuerdo con lo que él sabía, y mucho entusiasmo para integrarlo y participar en las diversas actividades en que era posible, además de hacerlo en reuniones sacramentales y Conferencias especiales. Es dable acotar que el primer órgano eléctrico para la capilla lo fuimos a comprar a Buenos Aires Robert Olaiz y yo. Parecía imposible haber llegado a tener un órgano después de haber pedaleado armonio durante tantos años. Ya se poseía el piano que la Iglesia compró junto con la casa, pero el órgano daba a la música sacra otra sonoridad, tal vez más espiritual.

La casa de calle 15

Pasados varios años, y después de grandes esfuerzos por parte de los miembros, se pudo construir la capilla. Lógicamente que la nostalgia nos invadió a todos los que veíamos caer esa casona tan cálida y confortable, con tantos sueños y experiencias vividas allí adentro, pero éstas eran las reglas del juego si queríamos progresar y llegar a la tan ansiada y esperada Capilla propia. Lógicamente hubo que redoblar esfuerzos físicos y económicos para tal fin, como lo indican las reglamentaciones de la iglesia. Aquí se hizo necesario desocupar por completo la casa para demoler y construir, dadas las escasas dimensiones del terreno. La capilla debió mudarse a una casa alquilada en la calle 15 entre 46 y 47.

Casa de calle 15
Casa de calle 15 entre 46 y 47
La nueva casa no reunía precisamente las condiciones que la situación de la Rama en ese tiempo requería. Era una casa vieja y chica, por lo tanto las actividades se vieron reducidas a los pocos espacios con que se contaba. Lamentablemente esto, sumado a la ubicación poco accesible en donde estaba la casa, incidió para que decayera el ánimo y el espíritu de los miembros, notándose en la asistencia y su participación en todos los campos. Cabe destacar que aquí se realizó la ceremonia religiosa del casamiento de Norma Lencina y Danilo Barreda. El salón de la capilla fue acondicionado y discreta pero hermosamente adornado por Juancito Cantoni.

Y ya que tocamos el tema de los matrimonios, digamos que durante estos años se habían casado en las capillas que mencionamos y en otras ramas, según los contrayentes: Hugo y Mónica Salvioli, Elsa Pache y Florio De Ángelis, Amelia Corte y Robert Olaiz, Delia Gaite y Néstor Manchini, Tota y Federico Tundidor, Sophia Domröse y Héctor Olaiz, Edith Biebersdorf e Israel Lencina, Eva Rodríguez y Francisco Lencina, María Biebersdorf y Juan C. Párraga, Alicia Hutchins y Roy Mazzuchi, y quizás alguna otra pareja que escapa a mi memoria. Para la época de calle 15, algunos de estos matrimonios ya tenían sus familias formadas con hijos, lo cual incrementaba el número de miembros. Los matrimonios a los que me he referido son los correspondientes a miembros, podríamos decir, fundadores de la Rama de La Plata.


La inauguración de la capilla

La habilitación de la nueva capilla en la calle 53 entre 10 y 11 fue el acontecimiento deseado y esperado durante mucho tiempo, el sueño realizado, por eso su inauguración fue un evento importante no sólo para los miembros de la Iglesia sino, en general, para la ciudad de La Plata. Los habitantes veían con asombro su construcción y esperaban con cierta curiosidad para informarse de qué se trataba, qué iba a ocurrir allí, quiénes eran los mormones, esas personas atrevidas y osadas que construían su capilla justamente enfrente de una católica. A decir verdad, durante la construcción se supo que algún curita curioso que no pudo con su genio, se cruzó y anduvo husmeando entre los materiales e indagando a los obreros que allí trabajaban sobre los mormones y sus actividades.

La inauguración fue un aconteciendo "de campanillas" y a toda voz, para que nadie lo ignorara. Se hizo la Capilla Abierta con charlas, explicaciones callejeras y en el lugar, conciertos, películas explicativas, etc. Todo se hizo con el propósito de que no quedaran dudas sobre quiénes eran, qué hacían, y cómo pensaban, enseñaban, y vivían los mormones. Fue todo un éxito. Muchísima gente se acercó desde todas las zonas de la ciudad con verdadero interés, dejando un saldo favorable. Algunos decidieron indagar más profundamente y llegaron a bautizarse.


Una nueva etapa

Aquí se abría una nueva etapa para la Rama y un desafío para los miembros activos, más los inactivos que se fueron acercando e integrando con verdaderas intenciones de trabajar. Había un edificio con todas las comodidades, los salones para todas las clases necesarias con todos sus elementos, la gran cocina para los infaltables buffets, y el salón sacramental con todos los artefactos posibles para ver y escuchar con comodidad y confort. En fin, estaba todo al alcance de la mano, sólo había que saber utilizarlo, cuidarlo y sacarle su provecho. A partir de allí las actividades también debían ser de mejor calidad, todo debía mejorarse de acuerdo a la cómoda parte material con que se contaba.

Se organizaron bailes, shows de talentos, dramatizaciones, charlas o conferencias presentadas por gente especializada en alguna materia de dentro o fuera de la Iglesia. El Dr. Juan C. Bustos, por ejemplo, era médico tisiólogo, especialista en tórax. Él dio varias charlas sobre su especialidad. También hubo conciertos corales o instrumentales y la gran presentación de coros de Buenos Aires, Quilmes, Bánfield, y La Plata.

También hubo un concierto de órgano ofrecido por el Presbítero [Ángel Victorino] Colabella, sacerdote católico y amigo de nuestra Iglesia. Él había sido mi maestro de música en el Conservatorio de Música de la Provincia (año 1957 más o menos). Luego lo fue de otros jóvenes miembros en el mismo instrumento y en el mismo lugar, por eso conocía de la Iglesia. Se trataba de una persona muy especial. Ni tenía ningún inconveniente en llegar hasta la capilla y entrar con sus sotana de cura llamando al "Presidente [Robert] Olaiz", de quien llegó a ser buen amigo. Como nobleza obliga, Robert, que era el Presidente de la Rama, le devolvía la atención llamándolo "Padre". El Padre Colabella estrenó con un concierto el nuevo órgano que la Iglesia compró para la nueva capilla. Su intervención fue todo un éxito porque, además de las hermosas obras musicales que interpretó, matizó el tiempo con su charla. Hizo notar especialmente su afecto y agradecimiento a esa gente tan especial como eran los mormones para él, y lo bien que siempre lo habían recibido y atendido. No quiero dejar de recordar que un tiempo después él dio un concierto de órgano en la catedral de La Plata dedicado a los mormones.

También había que mejorar la calidad de los maestros que daban sus clases en la capilla, por eso se puso en práctica el programa para su perfeccionamiento. Me da mucho gusto decir que fui llamada para enseñarlo. Era un curso muy especial y muy hermoso, yo lo presenté con mucha dedicación, esmero y amor durante cinco o seis años. Durante este tiempo pasaron y se perfeccionaron muchos maestros. Puedo decir con satisfacción y humildad que fue el lugar donde me sentí mejor, más plena, más libre, y al llamamiento que más tiempo y mayor afecto le dediqué. Aquí pido disculpas por hacer esta acotación tan personal, pero vale mucho para mí.


Epílogo: Un tributo a los pioneros

A partir de aquí, la historia de la Rama es bastante conocida. No hace falta que yo escriba ahora el movimiento de entrada y salida de miembros conversos e inactivos, las distintas actividades de la Rama, el progreso que llevó a convertirla en Barrio de una Estaca, o el desdoblamiento del grupo inicial de miembros en otros barrios-- dado su crecimiento--, y el progreso físico y espiritual de los jóvenes. Los hijos y nietos de aquellos pioneros de los primeros años de la Rama (allá por 1934/35, donde comienza mi historia) están ya convertidos en hombres y mujeres maduros, profesionales, que tienen sus propias familias. Tampoco escribiré sobre la separación de aquellos que, jóvenes o ancianos, dejaron esta tierra para ir a cumplir quizás otra tarea cerca del Señor.

La historia continúa con otra gente, con otros líderes, con otras actividades. La Iglesia ha crecido, crece, y continuará haciéndolo por los años de los años. Pero los que ya hace rato dejamos de ser jóvenes no vamos a olvidar aquellos primeros años, cuando la Rama y la Iglesia en La Plata estaban en pañales, cuando dimos los primeros pasos, cuando pusimos los cimientos, para que la Rama, hoy Estaca La Plata, se fundara, formara y creciera.

No es malo recordar. Creo que, por el contrario, hace bien y es saludable. El ser humano debe ser agradecido. Es una buena condición recordar y reconocer el sacrificio sobre el cual se cimentó lo que es hoy una realidad firme y fuerte. Creo que los que crecieron en la Iglesia conmigo, los jóvenes de aquellos primeros tiempos, estarán de acuerdo en que, aunque no teníamos todo lo que hoy se posee, sino que carecíamos hasta de los más mínimo y fundamental, igual fuimos felices y valoramos mucho más lo que nos costaba conseguir, porque poníamos todo nuestro esfuerzo para lograr el fin deseado. Esto es todo y para mí vale mucho.

No sé si esta es la historia que querías que te relatara. Es parte de lo que recuerdo. Seguramente quedarán muchas más cosas para contar, pero a grandes rasgos esto es lo más importante, junto con mis sentimientos. He hablado de mí, de mi familia y de mi otra familia: los viejos y queridos amigos miembros de la Iglesia. Muchos de ellos aún viven, aún fieles algunos, otros no, pero sobre todas las cosas siguen siendo mis viejos y queridos amigos. Gracias por darme esta oportunidad.



1. La dirección de la primera casa era 62 Nº938. (Volver)

2. De acuerdo con Roy Mazzuchi, se trata del carnaval del año 1949. (Volver)

3. La Convención de Jóvenes de la Misión Argentina se realizó en La Plata el 14-16 de noviembre de 1952. Ver el programa de la convención. (Volver)