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(Un fragmento de la historia oral personal de Donelle Lou Clawson Phelps)
por Lynn Matthews Anderson
En fin, fue después de esa ocasión que Vonda empezó a llevar distintivos de vez en cuando. Al principio eran casi todos humorísticos, como aquel que decía CUANTO MÁS ME APURO, MÁS ME DEMORO, y DE TANTO RETRASARME, CREO QUE VOY A LA DELANTERA. Después comenzó a llevar distintivos que decían SALVEMOS LA TIERRA y SALVEMOS LAS BALLENAS y SALVEMOS LOS NIÑOS y SALVEMOS Dios sabe qué. Siempre quería que en las reuniones de economía doméstica sirvieran comidas “saludables”. No sé qué bicho le picó entonces. Yo sabía que por años Vonda había estado recibiendo otras revistas además de la Liahona, lo que tal vez fuera la mejor explicación de lo que ocurrió. Según el rumor que circula ahora, en esos días Vonda había comenzado a escuchar más “voces alternativas,” a pesar del inspirado consejo que nos dan en la conferencia general.
El cielo es testigo de cuánto me esforcé por ser su amiga. Pasé por lo menos una hora todos los meses preparando el mensaje de maestra visitante. Y cuando Vonda y toda la familia se engripó, les llevé mi famosa carne al horno con papas. Traté de enseñarle principios correctos, pero me di cuenta de que sería una tarea abrumadora cuando vi los libros que tenía en los estantes: Feminismo de aquí y liberación de allá, incluso un libro titulado Política sexual. Un mes me sentí inspirada a hacer preparativos espaciales para el mensaje, cuyo tema era “Sigamos a los líderes”. Le leí una cita que había encontrado en un libro de citas, que dice “Cuando los apóstoles se expiden, se acabó la discusión,” pero Vonda se echó a reír y dijo que esa cita había parecido en una editorial del Church News probablemente una semana que el apóstol a cargo estaba de vacaciones. Yo le dije que ese comentario no me acusaba ninguna gracia, y entonces ella me dijo algo que jamás voy a olvidar--me miró fijo y me dijo: “Donelle, tu sí que vives en la oscuridad, ¿eh?” Y entonces me ofreció uno de sus libros, que rechacé cortésmente pero con firmeza. ¿Cómo podía imaginarse que yo aceptaría uno de sus libros?
Después de ese episodio pedí una nueva asignación, pero la Presidenta de la Sociedad de Socorro me pidió que por favor siguiera visitándola, porque por lo menos a mí Vonda no iba a lograr corromperme, lo que en realidad era un gran halago. Pero a partir de entonces solamente le daba el mensaje y le preguntaba por la salud de la familia, y a los quince me mandaba mudar--no me quedaba ni un segundo más. Pero me aseguraba de hacer la visita antes del veinte de cada mes, no fuera que alguien me acusara de postergar un deber desagradable.
Todo lo que sé es que cuando hice la visita de enero, Vonda me dijo que había resuelto ser una mejor feminista. Yo no supe qué contestarle. Recientemente Vonda había comenzado a cantar los himnos de una manera muy peculiar. Cuando le preguntaron por qué cambiaba la letra de algunos de los himnos, Vonda dijo “Yo no soy un hombre. No soy ni un hermano, ni un padre, ni un hijo. Y quiero que los himnos me incluyan como mujer.” Aparentemente no le importaba que sus arreglos no rimaran, o necesitaran más notas que las que el himno tenía. Vonda cantaba sus versiones a todo pulmón, y toda la gente nueva se daba vuelta para ver de donde venían esos ruidos. Y no era ella sola: lo mismo cantaba toda la familia, y a veces ni siquiera se ponían de acuerdo sobre cómo exactamente cambiarían la letra. Todo eso dejó al Presidente de la Escuela Dominical convencido que no sería razonable llamar a Vonda de directora de música, aunque la verdad es que era una de las pocas en el barrio que había estudiado música y sabía dirigir. Le pedían que fuera reemplazante únicamente cuando no había nadie más disponible, y en esas ocasiones excepcionales se asuraban de elegir himnos en los que no hubiera nada que ella quisiera cambiar.
En fin, como iba diciendo, después de año nuevo Vonda empezó a ir a la iglesia con distintivos que llevaba abrochados al pecho y que siempre decían algo polémico, como aquella vez que llevó un distintivo que decía FUTURA ÉLDER. Para mí había estado clarísimo desde el principio que Mae se había dejado influir por el Movimiento Feminista, pero no fue sino entonces que me di cuenta cuánto la pobre se había corrompido. ¿Cuál podía ser el significado de semejante distintivo? Yo me acerqué y le dije que era tan claro como el día que los hombres necesitan el sacerdocio porque son menos espirituales que las mujeres, y que si no fuera así no habría manera de que aprendieran a servir y hacerse merecedores del reino celestial. Vonda me contestó que conocía muchos hombres que eran tan espirituales como las mujeres, y además, que conocía muchas mujeres a quienes les vendría bien el incentivo del sacerdocio para empezar a ser más serviciales.
Esa era Vonda, sí señor. Incapaz de admitir su error, aun cuando una la confrontara con la verdad revelada. Y para colmo de males el domingo siguiente fue el día de Martin Luther King (que no me explico cómo es posible que tengamos un feriado nacional para rendirle homenaje a un comunista) y fue entonces que Vonda llevó puesto un distintivo que decía LAS MUJERES TRABAJAN EN LA IGLESIA, PERO TODAVÍA SE TIENEN QUE SENTAR EN LA PARTE DE ATRÁS DEL AUTOBÚS. La Presidenta de la Sociedad de Socorro le preguntó por qué estaba incitando a la contienda, y Vonda le contestó, con la mas profunda satisfacción, que se había propuesto ser la Rosa Parks del Mormonismo1. Yo me quedé en ayunas, pero algunas de las hermanas (y hay que notar que la mayoría también eran de la Costa Este) asintieron con la cabeza y sonrieron. Me parece que desde el principio Vonda había tenido ideas políticas liberales bajo la manga, y todavía hoy me sorprende que tantas hermanas le hayan dado la razón.
La semana siguiente Vonda llevó puesto un distintivo que decía ¡SI ELIZA SNOW SUPIERA...! Algunas de las hermanas se acercaron y le preguntaron qué significaba el mensaje. Vonda dijo que no deberíamos estar celebrando el sesquicentenario en 1992, porque no hay que olvidar que Brigham Young disolvió la organización en 1844, y no se volvió a organizar sino 22 años más tarde. Bueno, a la mayoría de nosotras nos pareció que estaba buscándole la quinta pata al gato, pero entonces Vonda dijo que si Eliza Snow pudiera vernos, le daría un ataque de ver qué cobardes son las mormonas de hoy en día. Entonces sí que me empecé a enojar. Yo provengo de una familia pionera, como la mayoría de las hermanas del barrio, así que yo la enfrenté y le dije que ninguna de mis abuelitas había sido nunca una cobarde, a lo que ella replicó: “Eso es precisamente lo que estoy tratando de decir. Esas mujeres tenían poder y lo sabían. Hoy la mayoría de las mujeres mormonas se dejan pisotear por cualquier poseedor del sacerdocio. Las mujeres mormonas no conocen su patrimonio.”
Ahora bien, una ha de creer que con semejante feminismo no sería posible que Vonda fuera casada, pero la verdad es que sí tenía marido, y no sólo marido sino hijos también, aunque el marido era un converso y también era de la Costa Este, y para colmo de males enseñaba en la Universidad y llevaba barba. Cuando Vonda empezó usar los distintivos algunos de los hermanos del quórum le dijeron al marido que en calidad de cabecera del hogar él debía terminar semejantes disparates, pero él se limitó a reírse. A veces él también usaba distintivos abrochados al bolsillo de la camisa o a la solapa del saco, aunque nunca tan extremistas como los de Vonda. Hubo una vez en que él llevó puesto un distintivo que decía ¿HAY EN CIELOS PADRES SOLOS? Y Vonda Mae llevaba uno que decía MADRE HAY TAMBIÉN ALLÍ.
En realidad si la cosa se hubiera limitado a los distintivos, o a los distintivos y las canciones, tal vez todos podríamos haber ignorado a Vonda. Pero entonces ella empezó a cuestionar las maestras de la Sociedad de Socorro en el medio de la clase. A veces declaraba en el medio de la clase que lo que la Hermana Fulana de Tal acababa de decir era solamente folklore, y no doctrina. El domingo que hablamos del matrimonio celestial Vonda intentó una y otra vez hablar sobre la poligamia eterna, pero como casi todas las mujeres que conozco, yo incluida, preferirían acabar en el reino terrestre antes de compartir el marido, Vonda no consiguió que nadie discutiera el tema con ella. Eso pareció decepcionarla, pero la semana siguiente vino con un distintivo que decía SI LA POLIGAMIA ES UN PRINCIPIO VERDADERO, ¿POR QUÉ NOS INCOMODA TANTO? Y a pesar de que los Snow y los Grant, que provenían de familias polígamas, parecían haber quedado muy ofendidos, los Kimball, los Clayton, y los Brown (que también tenían antepasados que habían obedecido el Principio), se quedaron después de clase para discutir las ideas de Vonda.
No se imaginan cómo reaccionó Vonda aquella vez que la hermana Grimmet dijo que la razón por la que no oímos acerca de la Madre Celestial es que el Padre la ama tanto que quiere prevenir que la gente tome su nombre en vano y la ridiculice. Bueno, Vonda casi se cae de la silla de tanto que agitó la mano para hacer un comentario, y cuando la dejaron hablar dijo: “¿Desde cuándo una diosa necesita protección masculina? ¿Es más importante protegerla que permitir que la humanidad sepa que ella existe y se preocupa por nosotros?” La verdad es que, con toda su inteligencia, Vonda era incapaz de comprender las verdades más elementales del orden patriarcal.
Se volvió casi rutinario que cualquier tema espinoso que tratáramos en la Iglesia se mereciera un comentario de Vonda, expresado en el distintivo que llevaba puesto el domingo siguiente. De manera que no me sorprendió cuando Vonda apareció con un distintivo que decía LAS MUJERES SE LIBERARÁN CUANDO LA MADRE CELESTIAL SE REVELE. “Ahí esta otra vez”, pensé, “embarrando la sagrada doctrina de Nuestra Madre Celestial y arrojando esta perla doctrinal delante de los cerdos” (aunque tengo que admitir que Vonda casi nunca usaba los distintivos en lugares donde los gentiles pudieran verla y mofarse).
Vonda estaba haciendo la vida de las maestras de la Sociedad de Socorro tan difícil que una de ellas casi pidió el relevo. Y otra hizo algo mucho peor, porque empezó a llamar a Vonda y pedirle ideas para la lección, y presentó una lecciones tan peculiares que las hermanas las comentaron por varias semanas. Finalmente la Presidenta de la Sociedad de Socorro le pidió al obispo que pensara algún llamamiento que mantuviera a Vonda ocupada durante la Sociedad de Socorro. Afortunadamente estaba vacante el puesto de maestra de Damitas en la Primaria, así que ese es el llamamiento que le extendieron a Vonda. No estábamos seguras, cuando se lo extendieron, si un una feminista tan furiosa como Vonda tendría el coraje de rechazar el llamamiento, pero la verdad es que lo aceptó de buena gana y parecía feliz de la vida con la oportunidad de enseñar a las niñas de diez y once años.
A las pocas semanas la clase entera de Damitas le envió una carta a al Presidenta General de la Primaria para decirle que “Damitas” les parecía un nombre muy tonto. Pero en la carta usaban palabras que ninguna niña de diez años conoce, de manera que se hizo obvio quién había sido la verdadera autora de la carta, por más que las niñas la hubieran firmado. Personalmente no entiendo por qué era necesario hacer tanto aspaviento por un nombre. ¿Qué nombre esperaban recibir? Las niñas también decían en la carta que querían un nombre más interesante, como el de los niños. Ahora bien, a mí nunca me fascinó el nombre de la clase de niños, pero el nombre de Damitas me parece tan femenino y bonito. ¡Me gusta mucho más que el nombre Antorcha, que era el nombres de una de mis clases cuando yo iba a la Primaria!
La Presidenta General de la Primaria les contestó la carta, y les dijo que pensaran en todo lo positivo de llamarse Damitas, que ese exactamente lo que yo les habría dicho. Y sin embargo no me sorprendió enterarme de que bajo la tutela de Vonda, las niñas enviaron un petitorio a la Presidenta de la Primaria del Barrio, pidiendo que por favor las llame “la clase de diez y once años”, y no Damitas. Al principio la hermana Vandergrift no sabía qué iba a decidir, pero entonces todas las niñas aparecieron llevando distintivos que decían NO VOY A SER UNA DAMA, SINO UNA MUJER, y al domingo siguiente el cartel que decía Damitas lo habían reemplazado con uno que decía Curso 10 y 11. No sé por qué, pero la Hermana Vandergrift no tuvo objeción, y obviamente nadie de la Estaca se dio cuenta del cambio.
Pero todo eso no fue suficiente para Vonda Mae--no señor. Se pasaba todo el tiempo hablándole a esas niñas acerca de la importancia de prepararse para desarrollar carreras profesionales y salir de misioneras. ¿Qué había sido de las charlas sobre la importancia de prepararse para criar una familia? Tal indoctrinamiento no le costó a Vonda el puesto, y de hecho no la relevaron sino en la ocasión en que hizo distintivos para todas las niñas de la clase, distintivos que decían FUTURA DIACONISA y que llevaron puestos solamente una vez. El episodio también le costó la salud a la maestra de Abejitas, que pidió el relevo en un estado de histeria unas tres semanas después de que las Damitas de Vonda fueron avanzadas al programa de Mujeres Jóvenes. Nadie sabe exactamente qué ocurrió, porque los padres de las niñas se negaron a comentar el vergonzoso episodio, pero según el rumor que circuló las nuevas Abejitas marcharon en grupo a la oficina del Obispo y le exigieron que las ordenara diaconisas. La maestra de Abejitas lloraba a mares mientras le explicaba a la Presidenta de la Mujeres Jóvenes que ella no tenía nada que ver con el episodio, y que no había manera de evitar que las niñas incluyeran a Nuestra Madre Celestial cuando decían la oración. La pobre maestra quedó tan consternada que ahora asiste al otro barrio.
El obispo primero pensó que con cambiar a Vonda de Damitas a Valientes “A”, con niños y niñas de nueva años, sería suficiente. Pero a las pocas semanas la clase de Vonda hizo una presentación durante el tiempo para compartir, y todos los niños, incluso los varoncitos, hablaron sobre la importancia de tener una Madre Celestial y hablar más acerca de ella. Ese domingo Vonda llevó puesto un distintivo que decía SIN UNA MADRE, EL HOGAR CELESTIAL SE QUEDA INCOMPLETO, y para colmo de males todos los Valientes “A” llevaron distintivos que decían ¡MADRE CELESTIAL, VUELVE A TUS HIJOS! Así que el obispo mandó a Vonda a enseñar a los Rayitos de Sol, porque todos estuvieron de acuerdo que sería imposible indoctrinar a niños de tres años con nociones feministas.
Por más que me resisto a decir nada malo acerca de los siervos del Señor, la verdad es que en eso el Obispo se equivocó. Empezaron a llegar quejas de los padres de los Rayitos de Sol, porque los niños estaban aprendiendo letras diferentes en las canciones de la Primaria que Vonda les enseñaba. Una de las canciones decía “Soy un hijo de Dios, Ellos me enviaron aquí” y “Mi Madre vive, sí,” y una nueva estrofa en “Historias del Libro de Mormón” que hablaba acerca de las mujeres. Pero como de costumbre, fue un distintivo lo que le costó a Vonda el puesto. Se lo abrochó al pecho a todos los Rayitos de Sol, y decía QUIERO CANTAR ACERCA DE MI MADRE CELESTIAL.
Fue poco después de eso (la semana siguiente, si mal no recuerdo), que relevaron a Vonda Mae de la Primaria con un voto de agradecimiento y la pusieron en la guardería, donde los niños no saben leer. Pero al poco tiempo algunos padres empezaron a quejarse de que no podían mandar a los hijos mayorcitos a buscar a sus hermanitos menores después de las reuniones sin que sufrieran la corruptora influencia de Vonda Mae y sus distintivos. Y más de un padre fue a quejarse al obispo de que todos sus hijos, del mayor al menor, habían empezado a hacer las preguntas más difíciles durante la noche de hogar. De manera que mandaron a Vonda Mae como bibliotecaria asistente. La anciana hermana Patridge era la bibliotecaria, y lo había sido por tantos años que nadie podía recordar la última vez que había asistido a una clase de la Escuela Dominical. Según la Hermana Patridge, Vonda Mae era una gran ayuda, y Vonda nunca se quejó de su nuevo llamamiento. De hecho, parecía llena de entusiasmo y era muy eficaz en ayudar a los maestros con las ayudas visuales.
Y fue entonces cuando los líos gordos comenzaron. Fue cuando Vonda se impuso el deber de “corregir” algunas de las láminas. ¿Se imaginan el escándalo? Encontró una lámina que decía “Existen los hombres para que tengan gozo” y lo cambió para que dijera “Existen los hombres [y las mujeres] para que tengan gozo.” Y lo que es peor, no hizo el cambio con lápiz, sino con un marcador. Todos los que obtenían biblias o triples de la biblioteca encontraba entre las páginas papelitos con pensamientos feministas, que Vonda llamaba "Estímulos para la conciencia”. Y agregó una página, escrita a máquina a los libros y las revistas que más se usaban, y que explicaba lo que según Vonda era correcto y lo que estaba equivocado en dicho libro-Vonda les llamaba “reseñas críticas”. Y lo que Vonda hizo a los manuales, especialmente a los de hombres y mujeres jóvenes, es una infamia. No sé cómo tuvo tiempo para hacerlo, pero leyó todas las lecciones y les agregó “correcciones” y “materiales suplementarios”, que es lo que ella llamaba sus agregados, y también los hizo en tinta. Algunos de los maestros nunca notaron los agregados, pero otros se enojaron mucho cuando los descubrieron. El obispo estaba furioso. Pero Vonda le dijo que ella tenía la información y las referencias canónicas que apoyaban su punto de vista, y que ya era hora de que los mormones dejaran de creer cuentos de hadas de la década del 50.
Para colmo de males Vonda Mae tenía cierto talento artístico, y había agregado mujeres en la lámina de la Última Cena. La gota que colmó el vaso fue cuando el Hermano Clark, que es uno de los instructores del quórum de élderes, recibió una lámina que decía “Aprenda todo varón [y toda mujer] su deber,” y había una mujer agregada a la foto de un grupo bendiciendo a un bebé. El Hermano Clark no descubrió el agregado sino hasta el momento de la lección, y casi le dio un ataque cuando colocó la lámina en la pizarra y algunos de los hermanos se empezaron a reír. El Hermano Clark salió como una tromba marina en dirección a la oficina del obispo, dejando la clase en el aire por diez minutos, y fue entonces que decidieron relevar a Vonda Mae. No teníamos presupuesto para reemplazar las láminas arruinadas, así que había que usarlas o enseñar sin ayudas visuales.
Para este entonces, la influencia apóstata de Vonda Mae había comenzado mostrar su efectos. Poco después que Vonda empezara a usar distintivos regularmente, el barrio comenzó a dividirse. Una mitad de la congregación había decidido que mirarían para otro lado si se cruzaban con Vonda en el pasillo, y algunos padres evitaban que los hijos pasaran cerca de ella, no fuera cosa que también los corrompiese. Vonda empezó a recibir anónimas cartas de amenaza, que religiosamente colocó en el tablero de anuncios, para que todos pudieran leerlas. Solamente una vez intentó alguien arrancarle un distintivo a Vonda, y eso ocurrió el día que llevó un leyenda que decía CONTROLAR LA NATALIDAD NO ES PECADO. La Hermana Sorenson, madre de diez hijos, lo tomó como una afrenta personal, y le dijo al obispo que nunca podría perdonar a Vonda Mae por lo que había hecho.
Pero mientras algunos ni siquiera miraban los distintivos de Vonda, había otros que se acercaban para mirarlos en cuanto Vonda llegaba a la capilla. Solían preguntarle acerca del significado y Vonda Mae les explicaba algunas de sus ideas. ¡Incluso algunos de los oyentes (aunque no todos, sino solamente los que le prestaban atención) solían asentir con la cabeza y expresar su acuerdo! Incluso poseedores del sacerdocio. Incluso miembros que habían nacido en la Iglesia. Una hermana me confesó que incluso había considerado llevar un distintivo ella misma, pero a último momento perdió coraje.
Ese fue el momento cuando tomé la decisión de hablar personalmente con el Obispo. Esto tiene que acabarse, le dije. Pero él me explicó que ya había hablado con Vonda Mae sobre el asunto y que no había manera de disuadirla de ponerse distintivos. Además, me dijo el obispo, el Manual General de Instrucciones no dice nada sobre llevar puestos distintivos, siempre y cuando no sean de naturaleza política. Dijo que no podía hacer absolutamente nada. ¡Qué actitud tan masculinamente derrotista! Sin embargo, me dijo que sí había encontrado un llamamiento para Vonda que no podía ofender a nadie: coordinadora del pan para la santa cena. (Primero había intentado ponerla a cargo de pasar a máquina e imprimir el programa de la reunión sacramental, pero eso duró solamente dos semanas, porque Vonda insistía en agregar perniciosos mensajes feministas).
Al principio ni siquiera Vonda sabía cómo iba expresar su feminismo en su nuevo llamamiento, pero no fue por mucho tiempo. El obispado había decidido, hacía ya mucho, que siempre que fuera posible el pan de la santa cena debía ser pan casero. Al principio Vonda trató de convencerlos de que eso no era tan importante, pero ellos insistieron. Así que Vonda comenzó a asignar la preparación del pan de una manera muy peculiar: semana por medio, le asignaba a algún hermano del sacerdocio que horneara y trajera el pan. Y si descubría que dicho hermano había aceptado la asignación, pero después le había pedido a la esposa que horneara el pan, lo llamaba de inmediato y le decía que, ya que él había levantado la mano para apoyarla en el llamamiento, debía aceptar la asignación él mismo en lugar de asignarle el trabajo a otra persona. Después de cuatro o cinco arengas similares, parece que todos los hermanos del barrio estaban dispuestos a cumplir con la asignación. Algunos domingos el pan de la santa cena resultó un poco apelmazado, pero en general salió bastante bien y algunas hermanas dijeron que sus esposos habían disfrutado tanto la asignación que habían continuado haciendo pan todas las semanas. Otras hermanas contaron que recibieron máquinas de hacer pan para Navidad o el cumpleaños. La verdad es que Vonda Mae no hacía distinción de estado civil-asignaba a casados, solteros, divorciados, y ¡ay de aquellos que vinieran con un pan comprado en la panadería y sin una buena excusa! Vonda mantenía un pan en el freezer de la capilla, por si las moscas, con una nota que decía: “Antes de devorar este pan, sepa Vd. que ha sido preparado para ser usado durante la santa cena, y eso lo hace a Vd. responsable ante Dios.” Con semejante nota, los misioneros no se atrevían a comerlo.
Mientras tanto, Vonda Mae seguía usando un distintivo diferente todas las semanas. Llevaba un distintivo a cada reunión de la iglesia a la que asistía, incluso a las conferencias de estaca, y llevaba uno especialmente grande en las conferencias en que nos visitaba alguna autoridad general. Vonda hacía cola para saludarlo y le agradecía con mucha simpatía por le mensaje inspirado. Y casi siempre le entregaba una nota o una carta destinada a los apóstoles de Lago Salado. Si la autoridad general había sido cuidadoso en su discurso de usar un lenguaje que incluyera a las mujeres, ella le decía que lo había notado y que le estaba agradecida. Pero si la autoridad no había sido cuidadosa, ella lo miraba con carita de cordera degollada y con una voz tierna y apacible le decía que esperaba de todo corazón que él no malinterpretara el comentario, y que ella no estaba intentando criticar ni causar dificultades, pero que le preocupaba que las chicas de la audiencia pensaran que ellas no son tan importantes, después de oír un mensaje en el que sólo se hablaba del hombre y de los hombres. Y que aunque los adultos y los mayores sabemos que uno dice “el hombre” queriendo decir “el hombre y la mujer,” los más jóvenes no lo saben, y que por favor lo recordara la próxima vez que fuera a una conferencia de estaca y diera un mensaje que, aparte de eso, era muy edificante.
Parecía mansa como una corderita, pero yo no creo que las autoridades visitantes se dejaran engañar, especialmente con los distintivos que levaba puestos al pecho, y que decían cosas tales como SOCIEDAD DE SOCORRO: MUJERES ENSEÑANDO A MUJERES MENSAJES CONCEBIDOS POR HOMBRES, o ¿NO SERÁ HORA DE QUITAR LA MALDICIÓN DE EVA?, o DIOS ESCUCHA VOCES ALTERNATIVAS.
Pero hubo un distintivo que sí indignó a una autoridad general, y fue el que decía MUJERES MORMONAS: CIUDADANAS DE SEGUNDA CLASE EN EL REINO CELSTIAL. Él le dijo a Vonda Mae que debía dejarse de criticar a los apóstoles y aceptar el lugar que Dios le había asignado en vez de intentar influir e incomodar a los demás. Ella lo miró fijo y le dijo: “Elder Tal y Tal, el Dios que yo adoro no hace distinción de personas. Es una lástima que Dios tenga que obrar con mortales que no puedan ver más que los órganos genitales cuando asignan llamamientos en el reino.” Yo me quedé dura de sorpresa cuando la oí decir eso, tan atónita me quedé que casi me olvido mirarle la cara a la autoridad visitante. Él también estaba atónito, y la cara se le había empezado a poner roja, cuando Vonda Mae le dijo, con toda dulzura: “Que Dios lo bendiga en su labor, y por favor sería tan amable de llevar esto a los apóstoles en Lago Salado,” y antes que él tuviera tiempo de reprocharla, ella le había dejado una carta en la mano y ya se había bajado del púlpito. La semana siguiente llevó un distinto que decía: DIGNA DE RECIBIR EL SACERDOCIO, PERO NACIDA CON EL SEXO INCORRECTO.
Fue poco después de eso que Vonda Mae recibió su merecido. Algunos dicen que fue por el comentario que le hizo a la autoridad visitante, y otros dicen que fue por todas las cartas que había estado mandando a Lago Salado. A mí me parece que fue la venganza del Señor por la apostasía del feminismo. Como les dije, los distintivos se estaban volviendo cada vez más escandalosos, pero la gota que rebasó el vaso fue el distintivo que decía: LA SORDERA EVITA QUE LLEGUEN REVELACIONES DE NUESTRA MADRE CELESTIAL. Si eso no es calumniar al Ungido del Señor, no sé que pueda serlo. Y aparentemente el obispo pensó igual que yo, porque en cuanto vio el distintivo le dijo a uno de los consejeros que empezaran la reunión sin él, y se llevó a Vonda Mae a la oficina. Naturalmente que no era mi lugar, pero precisamente yo necesitaba ir al bebedero. Estaban discutiendo a gritos, y a los pocos días hicieron el Tribunal de Amor.
El resultado fue que a Vonda Mae le suspendieron los derechos y le dijeron que sólo le permitirían venir a la iglesia si dejaba de usar los distintivos. Desde entonces vino solamente una vez, el domingo que uno de sus hijos tenía un discurso. Todavía usa aros feministas, pero como los aros no dicen nada, nadie tiene objeciones en contra de ellos.
La influencia de Vonda Mae, sin embargo, se dejó sentir, y no había pasado ni una semana del Tribunal de Amor cuando seis mujeres del barrio (y son casi todas de la Costa Este) empezaron a llevar distintivos, y los distintivos decían ¡SI ELIZA SNOW SUPIERA...!
¿Cuándo y dónde se acabará esta historia?
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